Sobre la situación de las organizaciones de resistencia político-social en el universo del euskara. 1* y 2*

miércoles, 23 de diciembre de 2009 ·

Joseba Barriola

Mi apreciación de partida es que dichas organizaciones, en general, están en una situación marginal con respecto al mundo del euskara... porque el euskara es marginal en la vida de dichas organizaciones. (sindicales, políticas, de los movimientos sociales, culturales...). Es cierto que el cambio dado a este respecto en los últimos 40 años, es notable. En algunos casos (especialmente en algunas organizaciones del mundo de la izquierda abertzale, pero no sólo) se ha dado un avance manifiesto en el uso del euskara, tanto en la elaboración de pensamiento, como en su difusión, como en su uso cotidiano (lo cual es imposible sin avances en el conocimiento y la motivación); en otros casos hay una mayor presencia y uso público-social (propaganda, charlas...) aunque la vida cotidiana es en muchos casos puramente erdaldún.

¿Es tan importante este hecho? Voy a reflexionarlo desde tres puntos de vista.

La amenaza que se cierne sobre el planeta no sería pensable si sólo fueran afectados los elementos, las plantas y animales. La amenaza afecta a los humanos y a su capacidad de pensar la amenaza. Afecta al lenguaje humano: en su universalidad (pensamiento secuestrado, lenguaje prostituido, mentira institucionalizada, intoxicación por la información basura...) y en su diversidad (extinción de miles de especies lingüísticas). La amenaza afecta a la memoria de la humanidad, a su capacidad de socialización y a su potencialidad para dar rumbo hacia el futuro. Pero ya de inmediato nos afecta a nosotros mismos: en nuestra capacidad de resistencia al pensamiento único y en nuestra sensibilidad hacia otras gentes de otros pueblos que hablan otras lenguas... minorizadas. La responsabilidad personal adquirida con el euskara nos pone de plano ante elecciones lingüística nuevas a definir (¿cómo diremos en euskara “prostituta”? ¿Diremos que es “emagaldua” -mujer perdida-?) y nos hace sensibles de naturalidad hacia toda forma de opresión y humillación lingüística. Nos presiona a desarrollar espíritu crítico y nos empuja a un punto de solidaridad internacionalista y revolucionaria.

La segunda reflexión tiene que ver con el estado. Las comunidades lingüísticas son previas a los estados y serán después de la extinción de los estados socialistas revolucionarios. En todo tiempo las comunidades lingüísticas son el mecanismo fundamental de socialización de las sociedades humanas. En el proceso de aprendizaje lingüístico se aprende una o varias lenguas, y la lengua es la puerta abierta al conjunto de relaciones humanas.

Ahora bien, las lenguas pueden ser prostituídas por el estado (y más en general en todas las relaciones de poder). La prostitución consiste en utilizar una o unas de las variantes del lenguaje humano (la(s) lengua(s) del estado) como instrumentos de manipulación de las conciencias, de aherrojamiento de la libertad de pensamiento, de imposición de un modo de pensar autojustificativo de la acción del poder.

Formas de esta prostitución: eliminación ( o mantenimiento controlado) de las lenguas que no son de uso del poder; control y represión de toda expresión lingüística en la propia lengua, siempre que esa expresión ponga en cuestión la estabilidad del poder. De modo que esta prostitución expresa y conduce a una guerra entre pueblos y a una guerra civil interna en la propia comunidad lingüística del poder.

Las técnicas de aplicación de esta política son múltiples: Alicia en el País de las Maravillas señalaba la fundamental: “una palabra significa aquello que el poder ha decidido que signifique”. Pero hay que añadir concretando: 1)la asimilación en nombre de los conceptos definidos desde el poder: civilización, cristianización, democracia, revolución social; 2) la división político-territorial de la comunidad lingüística; 3) tolerancia que ahoga (vease autonomías vascas); 4) la represión pura y dura.

La situación de nuestra comunidad lingüística euskaldun, expresada en telegrama la veo de esta manera:

La voluntad de ser euskaldun y sobrevivir está más que manifiesta. Todo el movimiento popular a favor del euskara es su expresión.

Esta voluntad y movimiento ha forzado los cambios lingüísticos de la Constitución Española, no así de la Francesa. Así y todo, en la Constitución Española, se establece un estatus jurídico-político que discrimina el euskara y niega al pueblo euskaldun la más mínima competencia en la defensa y desarrollo de su lengua.

El estatus social del euskara es de permanente discriminación. Ningún poder económico ni cultural privado, tiene ninguna responsabilidad propia con el futuro del euskara, por más que sus decisiones incidan de lleno en su situación.

El estatus dentro del territorio euskaldun (las 7 provincias) es variable. Pero en el mejor de los casos, la máquina administrativa sigue arrinconando el euskara (es decir, la motivación, conocimiento y uso), pues el euskara no pasa de ser una opción al libre arbitrio, mientas el castellano es lengua obligatoria.

La respuesta central que en mi opinión correspondería a los colectivos de resistencia político-social es la adhesión a la voluntad de ser expresada ya por el pueblo euskaldun y la participación en el proceso constituyente de la misma. Cada lengua precisa un territorio donde encarnarse, y el territorio de una lengua es constituido por la práctica lingüística de los que habitan ese territorio. No es el estado quien determina el territorio de una lengua, sino los habitantes de ese territorio. Ese territorio es cambiante.

La tercera reflexión tiene que ver con la creatividad personal. Agradezco a Cervantes, no es el único, que señalara en el Quijote que en todas las lenguas, cada cual en la suya, se podía y debía escribir, y entre las mencionadas señala “el vizcaíno”. Desde cualquier lengua se puede crear igualdad lingüística humana. En el caso de hablantes de lenguas de poder, siempre que el uso de la propia lengua se enraíce en la estima de las demás lenguas, y por lo mismo, tenga la lucidez y valentía de señalar las pretensiones de superioridad y los privilegios de uso de la propia lengua y respetar la voluntad de ser de las lenguas minorizadas. En el caso de hablantes de lenguas minorizadas, participando en la constitución de la propia comunidad lingüística, siempre que se enraíce en la estima de las demás lenguas y el reconocimiento de derechos a sus hablantes y comunidades lingüísticas. Las modificaciones individuales de lengua, se den entre generaciones (abuelos, padres, hijos...), o se den en la vida personal, pueden ser fruto de la imposición, asimilación y represión del estado o pueden ser opciones personales libremente asumidas y transmitidas. Estas últimas opciones enriquecen a toda la humanidad. La creatividad en las lenguas minorizadas (crear pensamiento ecológico, político, económico, creación artística, creación de relaciones y organizaciones humanas...) es el punto nodal de la igualdad entre las lenguas humanas.

¿Porqué esta situación? De las varias razones que entran en juego, hay una que quiero formular y que toca el fondo de nuestra conciencia: el discurso de la no-responsabilidad.

Consiste este discurso en el aplazamiento permanente de la definición del compromiso personal actual con la vida del Euskara a otros tiempos, que no existen, mientras en el tiempo real, en el ahora, se va deteriorando la vitalidad del euskara. Este discurso, en el caso de la mayoría de colectivos luchadores y resistentes que he conocido, funciona en clave política: primero tomemos el poder ( o hagamos un cambio radical de sociedad...) y luego vendrá el euskara. Nadie dice: primero la revolución y luego comeremos; Nadie dice: primero la revolución y luego veremos de hacer el amor... Muchos dicen: primero acabemos con el hambre, terminemos con la represión, hagamos frente a la guerra, organicemos el partido, defendamos la tierra... y luego hablaremos del euskara. Mientras tanto, acabar con el hambre, luchar contra la represión, hacer frente a la guerra, organizar el partido son cuestiones que se desarrollan y que desarrollan una determinada lengua: aquella que usamos, reforzándose así anemia en un lado y empacho en el otro. Las organizaciones de resistencia político-social son en general, por su propia práctica, organizaciones erdaldunizantes. Estos colectivos a que me refiero, tienen pendiente la tarea de convertirse ellos mismo en tierra del euskara, en Euskal Herria.

[1*] Beste baterako utziko dugu “Euskararen Unibertsoak” egoera politiko-sozialean jokatzen duen eta joka zezakeen paperari buruzko gogoetak.
[2*] (Capítulo aparte merece, claro está, las organizaciones institucionales tanto municipales como forales como autonómicas)

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