El velo (hiyab) de una mujer francesa de izquierdas

miércoles, 3 de marzo de 2010 ·

Sin Permiso 28 de febrero de 2010 Tariq Alí es miembro del Consejo Editorial de S.P.

Perdonad a un intruso y convencido ateísta como yo que, al leer los comentarios recientes de la prensa francesa con respecto a Ilhem Moussaid, la candidata del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) de Avignon, que lleva hiyab, tenga la impresión de que algo está podrido en la cultura política francesa. Asumamos que el debate es sincero. Una joven musulmana entra en el NPA. Obviamente está de acuerdo con su programa, que defiende el aborto, la contracepción, etc. esto es, el derecho a elegir de la mujer. Pero se le dice que a pesar de ello, no tiene el derecho a elegir lo que se pone en la cabeza. Es asombroso. No está en juego ningún mandato coránico. El libro dice: “Poner sus (de las mujeres) velos sobre sus pechos y no desplegar su belleza”, lo que puede ser interpretado de varias maneras, pero es manifiestamente ignorado por las mujeres egipcias que he visto en El Cairo y Karachi llevando velo y vistiendo apretados jeans y camisetas que contradicen el espíritu del mensaje coránico.

Lo que está en juego aquí son las tradiciones patriarcales, los hábitos culturales y la identidad, los cuales varían de generación en generación. Empujar a la gente hacia un ghetto nunca ayuda.

Crecí en una familia comunista en Lahore. Mi madre nunca llevó velo. Fundó un grupo feminista en los años cincuenta que trabajaba con mujeres de clase obrera en el barrio más pobre de la ciudad. La mitad de ellas cubría sus cabezas en público, lo que no afectaba lo más mínimo a su activismo. Pueden contarse historias similares sobre mujeres en todas partes del mundo, musulmán y no musulmán. Las mujeres argelinas que lucharon en la Resistencia contra el colonialismo republicano francés lo hicieron como anti-imperialistas. Algunas llevaban velo parcial, otras no, lo que no afectó a su manera de luchar o los métodos utilizados por los franceses para torturarlas. Quizás los torturadores debían haber sido más brutales con las veladas luchadoras por la libertad para ayudarlas a integrar mejor su progenie en la tradición republicana.

En 1968-9, los estudiantes, trabajadores, funcionarios y mujeres (prostitutas inclusive) pakistaníes lucharon durante tres meses contra la dictadura militar y ganaron: la única victoria de aquellos años. Los grupos religiosos apoyaron a los militares. Fueron aislados y vencidos, pero muchas de las estudiantes que lucharon con nosotros llevaban velo y cantaban slogans militantes contra el Jamaat-i-Islami. ¿Deberíamos haberles dicho que no podían participar si no se quitaban el velo de la cabeza? Personalmente lo habría preferido por razones puramente estéticas, pero no cambiaba para nada nuestra lucha.

El encono contra Ilhem y el NPA está completamente fuera de lugar. El estado real del mundo deja completamente inafectados a los defensores de la República: el millón de muertos de Irak, el sitio continuo de Gaza por Israel y Egipto, la matanza de inocentes en Afganistán, los ataques de los aviones no tripulados estadounidenses en Pakistán, la explotación brutal de Haití, etc. ¿Por qué es así?

Hace algunos años noté que las protestas francesas contra la guerra de Irak eran mudas comparadas con el resto de Europa Occidental. No acepto que fuera debido a la oposición de Chirac a la guerra (al fin y al cabo De Gaulle se había opuesto todavía más fuertemente a la guerra de Vietnam) sino a la islamofobia: una creciente intolerancia hacia los Otros en la sociedad francesa, reminiscente de la actitud hacia los judíos en el siglo 19 y principios del 20. El conformismo de este período explica la popularidad de Vichy durante los primeros años de la guerra.

Los islamófobos y los antisemitas tienen mucho en común. Se recalcan las diferencias de cultura o “de civilización” para sancionar a las comunidades inmigrantes en Europa. Las narraciones son múltiples. Es imposible una respuesta universal. Los inmigrantes y los países a los que emigran son diferentes entre sí. Tomemos para empezar los Estado Unidos. Se trata de un territorio poblado por inmigrantes, muchos de los cuales eran fundamentalistas protestantes, desde el siglo XVII, y que desde entonces ha dependido de la migraciones.

En la mayor parte de Europa Occidental la primera gran ola de inmigrantes procedía de las antiguas colonias de los poderes europeos. En Gran Bretaña los inmigrantes procedían de las islas del Caribe y del sur de Asia, en Francia, del Magreb. Sin abandonar sus identidades se integraron de diferentes maneras y a distintos niveles. Los surasiáticos, campesinos principalmente y unos cuantos obreros, no fueron bien tratados por los sindicatos. A pesar de ello, los trabajadores surasiáticos lideraron algunas de las más memorables batallas por el sindicalismo.

Los hindúes especialmente, procedían de una cultura fuertemente politizada en la que el comunismo era fuerte y trajeron su experiencia a Gran Bretaña (como hoy en día los taxistas de Nueva York). Los pakistaníes estaban menos politizados y tendían a constituirse en redes que reflejaban lealtades de clan de sus pueblos o ciudades de origen. Los gobiernos británicos fomentaron la religión abogando por la llegada de los mullahs, de manera que los inmigrantes pudieran ser mantenidos al margen de las corrientes raciales de la clase obrera durante los años 60 y 70.

En Francia, la integración fue forzada. Se enseñaba a los ciudadanos que todos tenían los mismos derechos, algo que claramente no era el caso. Son las necesidades materiales y el deseo de vivir mejor los que atizan la rabia, no las creencias espirituales. Durante la explosión de las banlieus en 2005, Sarkozy, entonces Ministro del Interior, habló de “salvajes”, tal como lo hicieron los ultras de las novelas de Stendhal. He señalado con frecuencia, para desesperación de incluso algunos izquierdistas, que los chicos que participaron en disturbios se habían integrado bien internalizando las mejores tradiciones francesas: 1789, 1793, 1848, 1871, 1968. Cuando la opresión se hizo insoportable los jóvenes hicieron barricadas y atacaron a la propiedad. La raíz de su ira eran las privaciones, no la falta de creencias.

¿Cuántos ciudadanos occidentales tienen una verdadera idea de lo que fue realmente la Ilustración? Sin duda alguna los filósofos franceses hicieron avanzar a la humanidad al no reconocer ningún tipo de autoridad externa, pero hubo un lado oscuro. Voltaire: “Los negros son inferiores a los europeos pero superiores a los monos”. Hume: “Los negros pueden desarrollar ciertos atributos de los seres humanos, de la misma manera que los loros consiguen articular unas pocas palabras”. Hay mucho más, en la misma vena, por parte de sus colegas. Es este aspecto de la Ilustración el que parece más en línea con algunos de los desvaríos islamofóbicos de las secciones de los medios de comunicación globales.

La sentencia de Marx de que “la religión es el opio del pueblo” se hizo famosa, pero la que sigue se ha olvidado. La religión es también “el respiro de la criatura oprimida”, lo que explica en parte el auge de la religiosidad en todas las comunidades desde el colapso del comunismo. Comparemos a los jóvenes Normaliens [alumnos de la École Normale Supérieur, Normale, uno de los centros académicos más prestigiosos de Francia. N. Red.] yendo actualmente en tropel a misa ante el horror de sus padres. Mis amigas del mundo musulmán se quejan amargamente de que sus hijas lleven el hiyab como protesta contra las normas familiares. Siempre ha sido así.

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