El ajuste no es el camino

viernes, 21 de mayo de 2010 ·

por Lidia Rekagorri y Marcelino Fraile de Antikapitalistak, Mikel Zurbano y José Murgia de Aralar, Josu Bilbao y Alvaro Marcos de Ezker Gogoa, Xabier Soto y Jorge Segoviano de Alternatiba y Joxe Iriarte "Bikila" e Igor Moreno de Gorripidea ildoa-Zutik. -Miércoles, 19 de Mayo de 2010-

Para cualquier persona con un mínimo de sensibilidad social, el dato más preocupante de la actual situación económica es el número de personas sin trabajo (más de 150.000 en Euskal Herria, más de cuatro millones en el Estado). Ante un problema de ese calibre, además de impulsar la creación de empleo, sería razonable plantearse la reducción radical del tiempo de trabajo con mantenimiento del salario, un adelanto de la edad de jubilación o potenciar medidas como el contrato de relevo. Sin embargo, el Gobierno del PSOE parece empeñado en remar en dirección contraria. El tijeretazo de Zapatero y la amenaza de reforma laboral son su más clara expresión.

Al Gobierno no le importó gastar un 14% del PIB para ayudar a la Banca (más que EEUU, que sólo dedicó un 5%), pero ha sido mucho más recatado a la hora de invertir en infraestructuras y especialmente en servicios públicos y servicios sociales. Sin embargo, a la hora de buscar un equilibrio presupuestario no se ha dirigido hacia los beneficios millonarios de la Banca, sino que sus medidas deterioran aún más las condiciones de vida de las personas trabajadoras y jubiladas.

Este Gobierno permite que el 22% de la economía del Estado español siga estando sumergida, sin pagar impuestos, ni cotizar en ninguna parte. Obliga a las personas inmigrantes a vivir un mínimo de tres años sin poder tener un contrato de trabajo y cotizar a la Seguridad Social. Del mismo modo, permite que las mujeres cobren (y coticen) un 26% menos que los hombres por el mismo trabajo, aprueba reconversiones encubiertas para las grandes corporaciones mediante jubilaciones anticipadas, usa dinero público para pagar fondos de pensiones privados para los empleados públicos gestionados por los grandes bancos, y ahora quiere equilibrar las cuentas de la Seguridad Social limitando el contrato de relevo y congelando las pensiones.

El Gobierno del Estado y los gobiernos forales de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra han reducido en los últimos años de 11 a 13 puntos los tipos más elevados el IRPF, reducido el Impuesto sobre Sociedades, establecido una tributación mucho más baja para las rentas del capital en relación con las del trabajo, suprimido tanto el Impuesto de Patrimonio de los más ricos como el Impuesto de Sucesiones y tolerado el fraude fiscal. Ahora pretenden equilibrar el presupuesto suprimiendo puestos de trabajo, recortando los salarios en el sector público o subiendo los impuestos indirectos, con los que quien más paga es la gente trabajadora cada vez que consume productos básicos.

Este Gobierno, que ganó apoyos por salir de la guerra de Irak, acaba de mandar guardias civiles a aquel país, mientras sigue manteniendo tropas en Afganistán, con alto coste económico y de vidas humanas.

Los mismos gobiernos que han escatimado todo lo que han podido al transporte por ferrocarril, despilfarran el dinero poniendo líneas de alta velocidad a diestro y siniestro.

PSOE y PSE han llegado al gobierno reclamando el voto de las personas trabajadoras y están gobernando al dictado de los banqueros y los especuladores financieros. Quienes reclamaron el voto de las personas de izquierdas ante el miedo a un gobierno de derechas, están aplicando las mismas recetas que los gobiernos más conservadores, siguiendo al pie de la letra los dictados de unas instituciones europeas e internacionales cuya principal función es defender los intereses del capitalismo, por encima de las personas, de los pueblos, e incluso del propio planeta.

Los firmantes de este artículo proclamamos que las medidas que están tomando los gobiernos no son las únicas que se pueden tomar, que otra forma de afrontar la crisis es posible, empezando por una reforma fiscal para que paguen los ricos. Apoyamos una tasa Tobin sobre los movimientos de capitales, que incluso juegan a hacer tambalear gobiernos y estados, con tal de incrementar sus beneficios. Y planteamos que no habrá una democracia real mientras la Banca y las entidades financieras no estén bajo el control de la sociedad.

La ofensiva neoliberal no hace más que aumentar el paro y quiere aumentar aún más las horas y los años de trabajo asalariado de los que todavía lo tienen. Para romper con esta lógica irracional, hace falta imponer una reducción drástica de la jornada laboral sin pérdida de salario, trabajar menos, facilitar el reparto de todo tipo de trabajo (incluyendo, por tanto, los tradicionalmente invisibles o no pagados, como los realizados en el ámbito doméstico, familiar o de cuidado) cambiar la sociedad y vivir mejor (sin el estrés de quien no da abasto en el trabajo, las depresiones de los desempleados y la angustia y la ansiedad de los precarios). Hace falta impulsar más que nunca los servicios públicos de atención a la dependencia, porque si no, el cuidado de niños, ancianos y discapacitados va a seguir siendo una carga sobre todo para las mujeres, dificultando su acceso al mercado laboral y fomentando su vuelta a casa con la pata quebrada, tendencia potenciada por la crisis económica. Si no se impulsa el servicio público de educación, difícilmente podrá cumplir su función de compensación de las diferencias sociales, con lo que las clases trabajadoras afectadas por la crisis verán perpetuada su situación.

Hay que iniciar una reconversión ecológica de la economía y crear una nueva cultura de la sostenibilidad mediante políticas que paren la destrucción ambiental e introducir criterios ecosocialistas en las grandes decisiones económicas, combatiendo la espiral productivista del consumismo capitalista y la crisis ecológica actual, que conduce a una verdadera crisis de civilización y amenaza la supervivencia del conjunto de la biosfera y genera una enorme injusticia social.

Hay que dar a la construcción europea un carácter social, en el que las personas y los pueblos sean la prioridad y las instituciones políticas controlen a las financieras. La UE no puede seguir aplicando las viejas recetas del FMI que ya llevaron al desastre a Latinoamérica.

Lógicamente, las formas de afrontar la crisis que proponemos no van a venir por sí mismas. Los que realmente gobiernan esta sociedad, los banqueros y los poderosos no van a dejarse convencer de que las cosas tienen que cambiar. Para ello es necesario movilizarse y hacerlo de forma unitaria y radical. No bastan movilizaciones puntuales, más o menos protocolarias, la movilización tiene que ser continuada, hasta conseguir frenar los planes de gobiernos y patronal e imponer una salida diferente a la crisis. Tampoco basta con que cada sindicato se movilice por su cuenta, activando a una parte de su militancia. La gravedad de la situación requiere que se movilice la mayoría de las personas trabajadoras, pero para que eso sea posible las convocatorias deben de ser unitarias. La derecha, la Banca y la patronal mantienen una dinámica de presión constante sobre los gobiernos. Es hora de que quien presione sea la gente trabajadora.

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