De cine, ETA y proceso de paz

lunes, 27 de diciembre de 2010 ·

Carlos Tena. Rebelión
Estoy seriamente intrigado por el sueño que duermen algunos filmes de producción nacional (que en su día contaron con ayuda oficial), que de una forma u otra, con mayor o menor suerte pudieron estrenarse sin graves problemas, a pesar de tener como protagonista al llamado Movimiento Vasco de Liberación y su brazo armado, ETA. En parte de esas cintas existía una cierta dosis de buena voluntad, gramos de rigor, casi imposible objetividad, indefinibles intenciones, discutibles guiones y actuaciones malas, regulares o precisas. En otras, sencillamente, oportunismo. ¿Se imaginan un ciclo en la TVE con esas películas?

Fueron años en los que los gobiernos de la UCD no sabían hasta qué límites alcanzaba ese territorio llamado libertad, por lo que no hubo demasiados impedimentos a la hora de su exhibición pública, hasta que tras un par de años del gobierno socialista que presidió Felipe González “El Siniestro”, ese espacio fuera reduciéndose hasta extremos inimaginables. El Señor X impartió clases magistrales de neo franquismo, desvergüenza, cultura al pelotazo, ordenando no sólo el recorte más zafio de las pequeñas conquistas de la sociedad, sino la compra de conciencias débiles en los predios del PCE y CCOO, maniobra que le proporcionó excelentes resultados hasta hoy mismo. Artistas, cantantes, literatos, sindicalistas, periodistas, cayeron como moscas en la tarta del sevillano más rastrero que ha dado aquella ciudad en los últimos siglos.

La libertad en España, grosso modo, es hoy, treinta años más tarde, como una isla bloqueada por sus propias y aberrantes leyes, que permitirían, siempre y cuando se emperren Velascos, Murillos, Grandes-Marlaskas y otros expertos mamporreros judiciales, que en el caso de que se organizase un ciclo sobre el cine que ha generado el tema de ETA, cualquiera de esos jueces deslenguados y montaraces ordenasen el procesamiento de un consejero cultural o concejal de ayuntamiento, prohibiendo los correspondientes coloquios que se dieran tras las proyecciones y deteniendo a todos los asistentes, incluidos director y actores.

¿Se imaginan a Rodolfo Ares, Alfredo Pérez-Rubalcaba, e incluso el monarca mismo, comentando indignados el asunto con Zapatero? Lo seguro es la llamada inmediata al responsable del ciclo y a las entidades culturales implicadas, demandando información exhaustiva sobre el acomodador, el tipo de proyector, la cabida del local, los permisos, y demás elementos a husmear. De ahí que ese tema sea, además de tabú, una de las demostraciones palpables de las carencias que se viven en el siglo XXI. Ni en una película de ciencia ficción.

Vivimos casi como en las últimas semanas del franquismo más casposo, entre el delirio y risotadas del PP, la impotencia y desgarro de las Víctimas del Terrorismo de Franco y la monarquía, humilladas y despreciadas por quienes monopolizan las lágrimas de los ciudadanos afectados por acciones de la organización armada vasca, a través de colectivos expertos en manipulación del dolor ajeno.

Entretanto, despreciables juristas, con el Fiscal General del Estado a la cabeza, se lavan la conciencia en los procesos seguidos en Argentina y Chile contra los militares terroristas de sendas dictaduras. Los mandos del ejército español, al parecer, no cometieron delito alguno entre 1939 y 1977. Y si lo hicieron, se dictó una amnistía rastrera que incluía un crimen como el genocidio, que en la jurisprudencia internacional no prescribe jamás. O para más inri, enterarnos por los documentos filtrados en Wikileaks, de que Conde-Pumpido es capaz de anunciar una prevaricación en toda regla, como se desprende de una carta al embajador de USA en Madrid, asegurándole que la justicia española haría lo imposible por no procesar a los asesinos del cámara José Couso. Y nadie ha propuesto el inmediato cese del Fiscal General del Estado.

Uno, que en su paso por el servicio militar obligatorio tuvo que servir a un Coronel Auditor, que cuando le venía en gana se iba de viaje y me dejaba sólo con las diligencias previas, las preparatorias, las inspecciones oculares e interrogatorios, tuvo que aprender por fuerza varios aspectos de cómo se gesta, decide y se desarrolla una causa o un proceso. De ahí que, recordando los casos en los que tuve que trabajar junto a aquel jefe, en contadas ocasiones advertí, leyendo sus resultandos y considerandos, una literatura tan barata, fantástica, infantil e impropia de una persona en sus cabales, como los autos a los que he tenido acceso, con las firmas de Velasco, Garzón, Marlaska o Del Olmo.

En la Audiencia Nacional se cometen arbitrariedades y abusos denunciados en decenas de foros, en miles de comentarios periodísticos en Internet, e incluso entre los propios miembros de la judicatura española, como Alfons López Tena (y prometo por la constitución cubana que no es familiar de quien firma) o en su día los añorados y siempre recordados Joaquín Navarro o Jesús Chamorro. Ellos y millones de ciudadanos más defenderían el proceso de paz actualmente abierto en Euskadi, que únicamente tratan de cerrar a cal y canto los de siempre, aquellos que apuestan no por la democracia sino por la venganza, el odio, la humillación, la represión y la violencia. Términos que figuran con letras de oro en el despacho del ministro del Interior y en el dormitorio del Rey Juan Carlos.

Ahí dejo pues la propuesta de ese ciclo cinematográfico, con sus debates y charlas, mesas redondas y coloquios, en el que no deberían faltar las siguientes obras, aunque buena parte de ellas carezcan de los mínimos a exigir, como son rigor, hechos contrastados, objetividad, interpretación, guión y montaje. No obstante, esta lista es aproximativa, pudiendo elegirse las menos malas de las que cito. Buena suerte… si alguien se decide.

1977.- Comando Txikia, de José Luis Madrid
1978.- Toque de queda, de Iñaki Núñez
1979.- El proceso de Burgos, de Imanol Uribe
1979.- Operación Ogro, de Gillo Pontecorvo
1981.- La fuga de Segovia, de Imanol Uribe
1983.- El caso Almería, de Pedro Costa Musté
1983.- Euskadi hors d’État, de Arthur Mac Caig
1983.- La muerte de Mikel, de Imanol Uribe
1983.- Los reporteros, de Iñaki Aizpuru
1984.- Goma 2, de José Antonio de la Loma
1985.- Golfo de Vizcaya, de Javier Rebollo
1986.- El Amor de ahora, de Ernesto del Río
1987.- La rusa, de Mario Camus
1988.- Ander eta Yul, de Ana Díez
1988.- Proceso a ETA, de Manuel Macià
1989.- Días de humo, de Antxon Eceiza
1989.- La Blanca Paloma, de Juan Miñón
1991.- Amor en off, de Koldo Izagirre
1991.- Cómo levantar mil kilos, de Antonio Hernández
1993.- Sombras en una batalla, de Mario Camus
1994.- Días contados, de Imanol Uribe
1997.- A ciegas, de Daniel Calparsoro
2000.- Yoyes, de Helena Taberna
2001.- El viaje de Arián, de Eduard Bosch
2001.- La voz de su amo, de Emilio Martínez Lázaro
2001.- Asesinato en febrero, de Eterio Ortega
2003.- La pelota vasca, de Julio Médem

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