Justicia social o guardia civil

martes, 21 de junio de 2011 ·

Joxe Iriarte, Bikila

Así de crudo se planteo en el congreso de la II Republica, el debate relativo a las protestas populares frente a las flagrantes injusticias derivadas de las desigualdades sociales existentes.

La historia se repite. Mientras los presupuestos en materia social, cultural y sanitaria decrecen, aumentan los dedicados a policía y ejercito. Los policías encargados de la seguridad (sean autonómicos o estatales) publica se parecen cada vez mas a la guardia pretoriana, con la diferencia de que las antiguas armaduras de metal ha sido sustituido por blindajes mas ligeros y resistentes, y las espadas por armas de fuego, que de momento solo usan proyectiles de plástico.

La existencia de ETA, y el frente que se constituyó en su contra, impidió que el debate sobre la violencia sistémica consustancial al modelo socio político imperante y el papel del Estado llamado “de derecho” en su conservación, saliese a la luz del día (salvo en lo relativo a las llamadas leyes “antiterroristas”). Una crisis sistémica con devastadoras consecuencias que ha motivado el surgimiento del 15-M, ha situado el tema en su sitio: “Solo a las instituciones compete el monopolio de la violencia y su ejercicio en exclusiva”. Así de claro ha hablado Artur Mas, y no contento con ello, ha prometido castigo ejemplar contra los que se atrevan a transgredir esa máxima.

El president de la Generalitat, nacionalista él, no ha tenido en cuenta que tal aseveración se le puede volver en contra, si la institución que preside cuestiona la unidad de España. No por casualidad, la Constitución española asigna a las fuerzas armadas la tarea de defender la unidad de la “patria española”.

Pero volvamos a la cuestión inicial. Isaac Rosa, una vez más da en el clavo refiriéndose a los enfrentamientos habidos frente al Parlamento de Cataluña, afirma:”podemos discrepar con algunas formas de protesta, pero hay que verlas como lo que son: expresión de una malestar que no se resuelve con acampadas y twiter. Para violencia, la crisis y las medidas anticrisis. Para violento el desprecio de los gobernantes a los gobernados cunado manifiestan con claridad su descontento.”

A raíz de tal suceso, estamos asintiendo a una auténtica campaña de desprestigio del 15-M y de legitimación de la represión policial. En realidad, ocurre, cada vez que se da un enfrentamiento sea o no violento (pero siempre desigual) entre fuerzas del orden y manifestantes o huelguistas defensores de justas reivindicaciones.

Preparémonos. El 15-M tiene vocación pacifica, pero a nada de que sus protestas suban de tono y se extiendan, sea frente a los desahucios, cierres de empresa, despidos, recortes de derechos sociales… la represión ira en aumento. Ya ocurrió durante las últimas huelgas generales, las de aquí y la de todo el Estado español; lo mismo en Francia, sobre todo en relación a las retenciones de directivos por parte de los huelguistas.
Freud, respondiendo a Einstein, fue muy explícito al afirmar que, tratándose de la violencia social (y no de violencia individual), “se comete un error de cálculo si no se tiene en cuenta que el derecho fue originalmente violencia bruta y que el derecho sigue sin poder renunciar al apoyo de la violencia”. En nuestro caso, “derecho burgués”, matizaría yo. Nos lo señalaba también Javier Ortiz: “El Estado es la estructura organizada más acabada de la imposición. Él decide que hay instrumentos de violencia no sólo aceptables, sino incluso estupendos: las Fuerzas Armadas, las policías, los tribunales, las cárceles”. No hay sentencia judicial, o decisión política, que no tenga detrás de sí unas fuerzas policiales que la harán efectiva en caso de oposición.

Al arrogarse el monopolio de la violencia, el Estado asume sin tapujos su derecho a ejercerla de forma exclusiva y utilizarla cuando le haga falta, mediante unas instituciones armadas (ejército y policía) financiadas a expensas del contribuyente. Y esto es así en la política nacional como en la internacional. El hecho de que se dote de un protocolo de actuación (no pocas veces trasgredido conscientemente) no invalida esa conclusión, a pesar de que el lenguaje políticamente correcto se empeñe en afirmar lo contrario.

Creo que el 15-M ha acertado de pleno haciendo hincapié en el carácter radical (de sus objetivos) pero pacifico (en sus formas). Que quede claro quienes son los violentos (los defensores del sistema, sean políticos, empresarios o banqueros) aunque no se manchen las manos, ya que otros lo hacen en su lugar (las fuerzas “del orden”). Además, nos interesa sobre todo aquella vía que sintoniza con los valores y objetivos por los que luchamos, y facilita el camino para lograrlo. Y está claro que las vías no violentas concuerdan más con la dialéctica entre fines y medios.

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