“Euskal Herria Bildu sabe que los consensos que pueda tener con el PNV para hacer país son muy escasos”

martes, 27 de noviembre de 2012 ·

ENTREVISTA A: Joxe Iriarte, Bikila

Militante histórico de la izquierda vasca, inicialmente en ETA y, después, en LKI, Zutik y, actualmente, Gorripidea, es también autor de una amplia obra ensayística y literaria, en la que destaca su autobiografía (Borrokaren gorrian, Txalaparta, 1999), que, entre otras muchas aportaciones, contiene la única narración en primera persona publicada hasta la fecha de la primera parte de la importante VI Asamblea de ETA (agosto de 1970). Entre 1999 y 2003 fue electo de las Juntas Generales de Gipuzkoa por Euskal Herritarrok. Nos recibe en la sede de la asociación cultural Mikelazulo, en Errenteria (Guipúzcoa) pocos días después de las elecciones al Parlamento vasco. La entrevista fue realizada a principios de noviembre. La traducción y la edición del resumen de la entrevista las hizo para SIN PERMISO Daniel Escribano.

En este mismo año, opciones políticas con un discurso contra el neoliberalismo y la llamada austeridad presupuestaria han obtenido importantes avances electorales: Syriza estuvo muy cerca de ser la candidatura más votada en las últimas elecciones griegas; las encuestas pronostican que Sinn Féin podría convertirse en la segunda fuerza en Irlanda del sur; Euskal Herria Bildu (EHB) ya lo es en el Parlamento vasco y es muy probable que lo fuera también en el de Navarra, en la nada inverosímil hipótesis de que hubiera elecciones anticipadas. Parece que toma cuerpo una alternativa política al neoliberalismo.

Yo distinguiría entre la situación europea general y la de algunos países. A mi juicio, desafortunadamente, la izquierda europea no se encuentra en una buena situación para hacer frente al desafío histórico. Tanto los movimientos sociales como los planteamientos de izquierda están demasiado débiles como para ser una alternativa al neoliberalismo o a la derecha. En los últimos treinta años ha predominado el neoliberalismo, no sólo ideológicamente, sino también económica y políticamente y, tras esa victoria, subyace un tremendo fracaso tanto del movimiento obrero como de los movimientos restantes y no digamos de la izquierda política. Y a eso todavía no le hemos dado la vuelta y condiciona mucho. Y además se ve que las medidas de la troika salen adelante en la mayoría de países. Huelga decir que eso no significa que no haya resistencias.

En lo tocante al País Vasco, describiría la situación como una discordancia entre realidades y tiempos sociopolíticos en un mismo espacio. Por ejemplo, aquí estamos a punto de salir del conflicto violento que hemos soportado desde la época de la dictadura y, desde ese punto de vista, la situación es esperanzadora. En ese conflicto, en mi opinión, ETA, como organización armada, ha sido vencida (o por lo menos neutralizada), pero el movimiento político formado a su alrededor ha salido vencedor. A menudo ocurren este tipo de paradojas: una determinada estrategia fracasa, pero, con un cambio de dirección y adecuándose a la situación, el movimiento consigue una victoria tremenda. Y la acumulación de fuerzas surgida en torno a EHB es resultado de ello. También ha contribuido la represión estatal -uno de los muchos componentes de este conflicto- y una ofensiva muy violenta del españolismo, cuyo último resultado ha sido el gobierno dirigido por Patxi López, el gobierno del PSE apoyado por el PP, que hemos tenido durante los últimos cuatro años y que ha generado una reavivación del soberanismo. Si consideramos los resultados electorales y la perspectiva política que se está creando en el país, en este momento, la reivindicación nacional, el soberanismo, la capacidad de autodeterminarnos o como se le quiera llamar, ha aumentado. La expresión más patente sería el nuevo parlamento. Es cierto que durante los primeros años de la transición, el Parlamento vasco, mediante el PNV y Herri Batasuna (HB), representaban una mayoría abertzale, pero, como consecuencia de la escisión del PNV, los negativos efectos de la lucha armada, que trajo un debilitamiento de fuerza de la izquierda abertzale, y el resurgimiento de la derecha española dura, en los últimos años hemos tenido un Parlamento vasco partido en dos. En cada espacio a veces avanzaban unos; otras veces, otros. En el abertzale, a veces subía el PNV; otras veces, la izquierda abertzale. En el otro lado, a veces subía el PP; otras, el PSOE, pero eran movimientos que se daban en un mismo espacio. La contraposición entre el constitucionalismo españolista y el abertzalismo dividía el Parlamento vasco casi a partes iguales. Ahora eso ha cambiado totalmente y, como vemos, esa mayoría abertzale es muy clara. Y no sólo en las instituciones de ámbito superior, sino también en los ayuntamientos y demás instituciones y diría que también entre la ciudadanía. Pero la situación política no la podemos medir sólo con los elementos superestructurales o relativos al aspecto nacional. La sociedad es mucho más compleja y, sobre todo, tiene una gran importancia el impacto de esta crisis económica sistémica que estamos sufriendo. En efecto, en el ámbito social, desdichadamente, la situación es mucho más oscura. La ofensiva de la patronal y, de un modo u otro, de las instituciones políticas ha tenido un impacto terrible: las tasas de paro y pobreza han aumentado mucho y eso, en muchas fábricas y movimientos sociales, ha implicado una cierta desmoralización y mucha incertidumbre. Es cierto que aquí, de vez en cuando, hacemos una huelga general, pero el formato de huelga general se ha ritualizado: se hace un plante, la gente sale a la calle a mostrar su indignación, pero, luego, cuando entras fábrica a fábrica, ves que en esas fábricas los trabajadores y los propios sindicatos que han convocado esas huelgas generales, con algunas excepciones, están bastante debilitados y amedrentados. En este momento, en Catelsa, una empresa de esta misma comarca [Oarsoaldea, Guipúzcoa] adquirida por la multinacional Hutchinson, que no estaba en crisis, la dirección ha decidido cerrarla y trasladar la producción de aquí a Rumanía. Y esa empresa era muy combativa, no era una de esas que se quedan atrás, pero, ante esa decisión, se han quedado sin fuerza. Y hoy habrá una manifestación y se harán cosas, pero la perspectiva está bastante clara: seguramente cerrarán y no habrá ninguna posibilidad de evitarlo. Y lo mismo en muchos sitios. Es decir, se hacen huelgas generales, pero, al mismo tiempo, se aprueban expedientes de regulación de empleo (ERE) y el movimiento obrero se va debilitando. Y también la mayoría de movimientos. El movimiento contra el TAV sigue ahí, hace muchas acciones, pero me temo que son sus últimos coletazos. Desafortunadamente, aquí no sucede lo mismo que en Grecia, es decir, una simbiosis entre la calle y las elecciones, donde la lucha de la calle tuvo un reflejo mediante Syriza. Aquí hemos logrado unos resultados mucho mejores con esa fuerza que se ha acumulado en torno a EHB de lo que se refleja en la calle. Por eso, en este momento mi preocupación es y pienso que la de toda la izquierda debe ser cómo reavivar y fortalecer el movimiento obrero y los movimientos sociales, que aquí, durante muchos años, fue tan amplio y rico.

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