“En la medida en que el movimiento por la independencia se ha reforzado, Convergència se ha ido debilitando”

jueves, 10 de octubre de 2013 ·

Entrevista a Mikel Aramendi
www.sinpermiso.info

Conversamos largamente sobre las revueltas en el mundo árabe y sobre coyuntura política europea, española, vasca y catalana con Mikel Aramendi, antiguo militante de la izquierda radical vasca, investigador y reconocido comentarista político de la prensa euskaldún. Oriente Próximo arde.

¿Cómo interpretas el proceso acaecido en la región desde la revolución tunecina de enero de 2011 hasta la fecha?

Por una parte, debe utilizarse una perspectiva endógena, en la que entrarían los problemas socioeconómicos, la estructura social, demográfica, etc., que son harto distintos en cada país. Desde ese punto de vista, la situación en Túnez y en Egipto, por ejemplo, es muy diferente de la que se da en Siria y no digamos en los países del Golfo; las situaciones internas son muy dispares. En el caso de Túnez, es claro que la situación interna era explosiva; en el caso de Egipto, también, porque existen problemas sociales y económicos muy generales y radicales.

Ahora bien, junto a ese factor interno existe un problema geopolítico, en el que cuenta el peso, la fuerza, presencia, etc. de ese país en su contexto regional —que, en algunos casos es muy grande, como en Egipto, y, en otros, es muy pequeño, como en Túnez—. A eso habría que añadir el contexto geopolítico internacional de cada uno de ellos, sobre todo en relación con las potencias occidentales o europeas; en algunos casos, este aspecto será clave; en el caso de Egipto, sin embargo, desempeñaría un papel más periférico.

Para observar la evolución del proceso en su complejidad es importante la relación entre la élite y el movimiento popular porque también las élites son harto distintas en cada país. En el caso de Egipto, el papel que desempeñó la élite militar tanto en la primera fase de la revolución como el que ha ejercido ahora ha sido decisivo; el papel de esa élite militar en el caso de Túnez fue otro; en el caso de Libia, deberíamos observar de otro modo el papel de la élite (si es que podemos hablar de tal élite y no de una sociedad mucho más tribal, más alejada de la estructura “moderna”), partiendo de que las contradicciones socioeconómicas eran menores y el malestar social no era tan explosivo.

El caso más complejo sería el de Siria, porque ahí se entreveran muchos factores: los problemas socioeconómicos, la contradicción entre élites ―no es casualidad que el Estado haya estado en manos de élites etnorreligiosas minoritarias: alauíes, cristianos, etc.―, y que la élite suní, sin ser marginal, estuviera en un segundo plano. Pero, sobre todo, el influjo político que ejerce Siria en todos los conflictos de Oriente Medio, el papel que desempeña en el conflicto con Israel, etc. explican que sea uno de los casos más explosivos.

De todo ello se podría deducir por qué se han quedado fuera de esa ola los países que apenas han resultado afectados. En el caso de Argelia, el recuerdo del proceso de 1991 ―revolución, contrarrevolución, golpe de Estado, guerra civil, etc. ― ha funcionado como desactivador de la explosión. Seguramente, en Argelia existen tantas contradicciones sociales como en los demás países de su entorno, o más —desde luego, más que en Libia—; pero ese pasado era muy cercano y, por tanto, no podía arrancar ningún movimiento con perspectivas de obtener la victoria política. Otro caso semejante podría ser el de Iraq, que apenas participa de esta primavera porque está aún presente ese pasado tremendamente traumático; los condicionantes básicos podrían ser tan importantes como en otros países, pero la situación distaba de estar “madura”. ¿Por qué no prende la primavera árabe en Arabia Saudí? Porque su situación sociopolítica es muy diferente y el poder ha sabido blindarse a base de dinero, que tiene en abundancia. El caso de Marruecos sería muy especial…

Visto en su globalidad, se dan algunos elementos comunes, pero que se distribuyen de modos harto distintos: en algunos casos, la situación ha llegado a explotar y, en otros, aun existiendo las condiciones, no ha explotado, mientras que, en otros, incluso sin existir contradicciones muy agudas, ha habido un proceso de explosión. El caso de Bahrein tiene alguna semejanza con Siria, pero, en el ámbito internacional, el estado de Bahrein ha gozado de una protección internacional que el estado sirio no ha tenido: la llamada comunidad internacional ha respaldado la represión interna del estado de Bahrein, al contrario de lo que ha ocurrido en Siria.



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