¿Es posible la no violencia?

martes, 24 de diciembre de 2013 ·

Gandhi, Luther King, Mandela

Sylvie Laurent

[En 1999 Nelson Mandela recibió el premio Gandhi/Luther King de la no violencia. Sin embargo su relación con el pensamiento y la acción de estos dos líderes populares es compleja. Mandela empezó a militar en el ANC cuando éste era una organización no violenta, pero fue el impulsor de su brazo armado y se negó a disolverlo como condición de si liberación; después de la misma impulsó una política de reconciliación y perdón, y citaba frecuentemente a Gandhi como fuente de inspiración. El artículo que reproducimos a continuación, escrito en 2010, expone las relaciones entre la vida y la obra de los tres luchadores.]

¿Es preciso elegir entre Gandhi y Lenin para conseguir la liberación de un pueblo oprimido/1? En su Teoría de la violencia/2, el filósofo marxista George Labica sostenía que las viejas distinciones entre violencia legítima y violencia ilegítima habían sido pervertidas duraderamente por la centralidad del terrorismo en nuestros sistemas de representación de la guerra contemporánea. Labica denunció la celebración relamida y sistemática de la paz, simbolizada por unos premios Nobel inicuos, y la exhortación unánime a “civilizar las costumbres”. El insoportable colonialismo moderno imposibilitaba según él una teoría de la no violencia. Sin embargo, hay que recordar que la no violencia no significa rehuir el conflicto. No cabe duda de que el filósofo marxista peca de maniqueísmo: está claro que ha existido una tercera vía entre Lenin y Gandhi.

Sudáfrica, que durante algunas semanas atrajo la mirada de todo el mundo con motivo de la copa mundial de fútbol, es el ejemplo de un extraordinario laboratorio de liberación nacional, cuya figura tutelar y encarnación es Nelson Mandela. El padre de la nación sudafricana ingresó, en efecto, tras su puesta en libertad en 1990, en el panteón de los santos laicos junto a Gandhi y Martin Luther King. El indio, el estadounidense y el sudafricano están decididos a sacar a los pueblos de color del lado perdedor de la historia. Sin embargo, a diferencia de Ho Chi Minh o de Ahmed Ben Bella, aquí los celebran como hombres de paz. Hoy se han convertido en mitos románticos, reunidos apresuradamente bajo el calificativo de “no violentos”, pero cuyo radicalismo se tiende a olvidar/3. Si la fraternidad fundamental de los tres combates contra la opresión blanca es innegable, estos no constituyen ni de lejos un conjunto coherente, una escuela de lucha mediante la no violencia y la desobediencia civil: a diferencia de Martin Luther King, Mandela no fue nunca un verdadero partidario de la no violencia.

Sin embargo, la imbricación del pensamiento del mahatma con los de ambos premios Nobel es uno de los aspectos más apasionantes de la historia de la lucha contra la dominación colonial. Nunca se encontraron formalmente, pero indirectamente son compañeros de lucha: si Johanesburgo forjó a Mandela, antes había sido la ciudad en la que Gandhi elaboró su filosofía política e inició a los indios de Sudáfrica en el combate por la emancipación, lo que fue la antecámara de la lucha por la independencia de India. Más allá del Atlántico captaron su mensaje cuando calificó la segregación racial de los afroamericanos de «negación de civilización». La palabra de Gandhi, su moral y su ética, no solo sirvieron de espoleta para el combate de Mandela en Sudáfrica, sino que también inspiraron la lucha de Martin Luther King en EE UU.

Una mirada cruzada sobre la lucha del pastor negro en los EE UU de la segregación y la del resistente xhosa frente al régimen del apartheid permite comprender cómo dos lectores de Gandhi, dos combatientes por los derechos de los negros frente al racismo institucionalizado, emprendieron dos vías diametralmente opuestas: en el momento en que el pastor King organiza la marcha de Selma y erige la no violencia en imperativo sagrado, Mandela llama a tomar las armas. No resignado, sino convencido. Su lectura del mahatma y de sus predecesores nutre, igual que para Martin Luther King, un pensamiento revolucionario de la sociedad, acorde con el ideal de paz de ambos, pero de manera trágica para uno y de modo épico para el otro.

En el origen de la no violencia: las lecturas de Gandhi

La primera teorización de la resistencia pasiva es obra del filósofo estadounidense Henri David Thoreau, quien la definió en su obra publicada en 1849 con el título de Civil Disobedience. Según él, únicamente la responsabilidad individual puede guiar el destino de la humanidad, que en ningún caso debe someterse a la autoridad de un gobierno civil. Así, la ley no es sino una forma de violencia que se pretende legítima. El Estado de derecho es un oxímoron. Encarcelado por negarse a pagar sus impuestos, Thoreau perpetuó el espíritu de sedición de los padres fundadores, portadores de los “derechos imprescriptibles” del homo americanus. El filósofo, quien escribió que “bajo un gobierno que encarcela injustamente, el lugar del hombre justo también está en la cárcel”, ha influido en numerosos pensadores de la no violencia/4, que vieron en él al padre de una sociedad libertaria y sin embargo armoniosa.

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