Mujeres en San Fermín: el peligro no son los toros

martes, 16 de julio de 2013 · 0 comentarios

Ellas se quitan la camiseta, voluntariamente o no, y ellos intentan manosearlas y desnudarlas un poco más. Las agresiones sexistas se cubren de legitimidad en las fiestas de San Fermín.

 Público 15/07/2013

San Fermín, fiesta y alcohol. Por la suma de estos tres factores -o por lo que sea- una chica se quita la camiseta y el sujetador. Porque es su cuerpo y con él hace lo que quiere. Acto seguido, tiene varios pares de manos masculinas sobre sus pechos. Es lo que reflejan algunas fotos y vídeos de las fiestas de San Fermín de este año. Unas imágenes que empezaron a ser habituales en 2009 y en las que es difícil adivinar si las chicas han subido voluntariamente a los hombros de los chicos y hasta qué punto se desnudan o son desnudadas. Mientras varias asociaciones feministas de Pamplona califican estos actos de"violencia sexista", a otros les parecen "normales" dentro de la fiesta. En la hemeroteca: tres denuncias de violaciones en los sanfermines de 2011 y el asesinato de la joven enfermera Nagore Lafagge en las fiestas de 2008.

Las imágenes de mujeres siendo manoseadas por varios grupos de hombres no hacen otra cosa que legitimar públicamente el acoso sexista. "Cuando una mujer hace uso de su cuerpo libremente, hay barra libre", lamenta Nuria Varela, periodista, escritora y ex asesora de la Secretaría de Estado de Igualdad. "La violencia de género está tan tolerada y es tan impune que en estos casos ni siquiera hay conciencia de agresión y no se ejerce ningún control sobre estas situaciones", insiste.

Consciente de ello, el Gobierno de Navarra -junto con el Ayuntamiento de Pamplona y las peñas que participan en los sanfermines- ha lanzado la campaña "No sigue siendo no" para frenar el acoso sexista durante las fiestas. El problema, como señalan las organizaciones feministas, es que la mayoría de agresiones -al no ser consideradas como tales- no se denuncian.

Otro ejemplo de estos acosos silenciados se produjo en 2010 y pudo verlo toda España porque su víctima fue una reportera de TVE. Mientras realizaba su crónica en directo en una plaza abarrotada de gente, un chico se abalanzó sobre ella y la besó. Pero lo peor no fue eso, sino la reacción de su compañero desde los estudios de Madrid, que respondió: "Maribel, no provoques a este chico, por favor".

Lo que es evidente es que "cuando las mujeres ocupan lugares públicos, sufren acoso", insiste Varela, que recuerda las agresiones sexuales contra mujeres durante las protestas en la Plaza Tahrir de Egipto y la detención de tres activistas de Femen que protestaron semidesnudas en Turquía. "Las mujeres pierden sus derechos en situaciones reivindicativas y también en el ámbito lúdico", señala.

Aun así, no siempre se actúa de este modo ante la visibilización del cuerpo de las mujeres, lo cual no deja de ser paradójico, según Varela: "Por un lado, está normalizado que los cuerpos de las mujeres sean utilizados para intereses empresariales y publicitarios. En cambio, cuando usan su cuerpo libremente, son atacadas con violencia por todos los poderes".

Para Miguel Lorente, médico, profesor y ex delegado del Gobierno para la Violencia de Género, uno de los aspectos más graves de estas situaciones es que los hombres "aprovechan el tumulto para diluir su responsabilidad individual". De este modo, se atribuye la responsabilidad de la agresión a la colectividad, al descontrol, al alcohol; y en este clima de impunidad los hombres se refuerzan en lo que hacen. "Es como el obrero que lanza un piropo a una mujer: nunca lo hace si está solo, lo hace cuando hay más compañeros y no le pueden hacer responsable solamente a él", ejemplifica Lorente, que insiste en que las imágenes de los sanfermines "demuestran lo mucho que tenemos que cambiar".

Lorente: "Los hombres aprovechan el tumulto para diluir su responsabilidad individual"

Por otra parte, Lorente también denuncia que en este sentido, a veces, la cultura "hace trampas". Por un lado, "se les dice a las mujeres que tienen que ser guapas, atractivas, sugerentes y sexys; y por otro, se utilizan estos argumentos para justificar las agresiones contra ellas", señala. Pero no hay razones ni argumentos que valgan. "Es una barbaridad y un claro ejemplo de acoso que un hombre se crea con permiso de tocar a una mujer cuando ésta enseña determinada parte de su cuerpo", concluye.

¿Adónde va Egipto?

viernes, 5 de julio de 2013 · 0 comentarios

Esther Vivas

La emblemática plaza Tahrir en El Cairo ha vuelto a ser el corazón de la protesta social en Egipto. Y un grito unánime exigiendo la renuncia del presidente Mohamed Morsi se ha impuesto. Pero la toma del poder por parte de los militares, tras cuatro días de masivas protestas en todo el país, abre una serie de interrogantes sobre el futuro de la revolución. Muchos son los que se preguntan, ¿adónde va Egipto?

El ascenso de los Hermanos Musulmanes al poder fue tan rápido como ha sido su caída. Las aspiraciones de cambio que muchos depositaron en ellos, se han visto truncadas tras un año de Gobierno. La situación no solo no ha mejorado desde entonces sino que ha ido a peor. La continuidad en la política social y económica, en relación al antiguo régimen, ha sido la tónica dominante. El arraigo social y la fuerte estructura organizativa permitieron a los Hermanos Musulmanes erigirse como la fuerza electoral dominante, pero quienes vieron en ellos y en Mohamed Morsi una alternativa, hoy los señalan como responsables de la situación de crisis.

Asimismo, su prepotencia en el poder ha agudizado el malestar social. La nueva Constitución fue aprobada de manera unilateral en el parlamento por los Hermanos Musulmanes. Y Mohamed Morsi se auto-otorgó total inmunidad como presidente. El retroceso en libertades individuales y colectivas, especialmente de las mujeres, y la persecución de periodistas críticos con el Gobierno y la Hermandad no han hecho sino añadir más leña al fuego.

Las aspiraciones emancipadoras del pueblo egipcio, en consecuencia, han tomado de nuevo las calles del país. Y el grito “Pan, libertad y justicia social”, que dio origen a la revuelta del 2011, vuelve a estar de actualidad con nuevas consignas. Amplios, y muy diversos, sectores políticos y sociales han expresado estos días su profundo malestar con las políticas gubernamentales y su oposición al proyecto neoliberal, conservador y autoritario de Morsi Y se ha visto, claramente, como unas elecciones no significan ni plena democracia y, aún menos, justicia económica.

El ejército, aliado en un primer momento con los Hermanos Musulmanes, ha tomado, de nuevo, las riendas del cambio de rumbo. Un ejército que no ha dudado en utilizar la represión contra quienes protestaban, cuando ha estado en el poder, y que cuenta con estrechos vínculos con Estados Unidos, tanto políticos como económicos (las fuerzas armadas reciben anualmente 1.300 millones de dólares del gobierno estadounidense), y controla una parte muy importante de la economía del país. Una vez más, los militares intentan hacerse con el control de la transición democrática, frenando la revolución. No hay que tener confianza alguna en el ejército. Más allá de su retórica, su objetivo no es la defensa de la revolución sino su domesticación y canalización hacia cauces inofensivos para las estructuras de poder.

Se abre ahora un período con importantes interrogantes. Y la fragmentación y la debilidad del conjunto de la izquierda social y política leal con el proceso revolucionario lastra las perspectivas de futuro. En este contexto, la férrea voluntad y el potencial de movilización del pueblo egipcio para conseguir una sociedad más equitativa y justa, como bien se ha demostrado, es la mayor esperanza para el cambio. Lo acontecido estos últimos días -masivas protestas pero con un desenlace político capitalizado por el ejército- muestra sus fortalezas y debilidades.

"Las revoluciones -como decía el filósofo francés Daniel Bensaïd- tienen su propio ritmo, marcado por aceleraciones y desaceleraciones. También tienen su propia geometría, donde la línea recta es interrumpida en bifurcaciones y giros repentinos". Cuando muchos daban por muerta la revolución egipcia, una vez más la historia nos sorprende con volantazos cuyo destino es imprevisible.

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