Hondarribia, Alardea eta EH-Bildu

sábado, 14 de septiembre de 2013 · 0 comentarios

Ante la polémica suscitada por la dimisión de cuatro concejales de la coalición Bildu en Hondarribia y su posterior debate público y mediático, EH Bildu desea manifestar lo siguiente:

• EH Bildu insiste en que todas y cada una de las personas que conformaron las listas de la coalición Bildu para elecciones municipales y forales, suscribieron un código ético en el que, entre otras cosas, se comprometían a mantener una actitud activa a favor de la paridad entre hombres y mujeres y a trabajar para erradicar actitudes y comportamientos que discriminaran a las mujeres por el hecho de ser mujeres.

• Más concretamente en el caso de Hondarribia, junto al código ético ya mencionado, todos los concejales electos de Bildu, sin excepción, se comprometieron expresamente a no desfilar en el Alarde de Hondarribia. El hasta ahora concejal de Bildu Juan Ortiz también suscribió este compromiso.

• La coalición EH Bildu, con absoluto respeto hacia su base social y electoral, tiene el fiel compromiso de desarrollar una labor política e institucional basada en las bases democráticas e ideológicas por las que sus miembros fueron votados y elegidos cargos electos. Y los compromisos que se adoptan ante la ciudadanía están para ser cumplidos.

• Asimismo, EH Bildu quiere denunciar que tras el intento de alimentar mediaticamente esta polémica por parte ciertos partidos políticos, está la clara intención de ocultar su falta de compromiso democrático hacia la igualdad plena y ante actos en los que se discrimina a las mujeres por el hecho de ser mujeres, como es el caso del Alarde de Hondarribia.

Hagamos Vía y decidámoslo todo

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Sandra Ezquerra | La Independent

El derecho del pueblo de Catalunya a decidir sobre su futuro se encuentra sin duda en el centro del debate mediático, político y social en la actualidad en nuestro país. Están a la orden del día conceptos tan cruciales como soberanía, autogobierno, autodeterminación y libertades nacionales y, en los últimos años, se ha articulado de manera creciente una importante cohesión entorno a la apuesta de celebrar un referéndum para hacer oír la voz de la ciudadanía sobre el el encaje de Catalunya en el Reino de España. Ante el inmovilismo reaccionario del gobierno español, cada vez son más las personas y los espacios que reclaman la celebración de la consulta, incluso si ésta constituye un acto masivo de desobediencia a las prescripciones de la beatificada Constitución Española. Es más, seguramente también en parte como resultado de la incapacidad de los gobiernos de gestionar el “problema catalán” de manera razonable, el consenso social en torno a la independencia de Catalunya y la creación de un Estado propio también ha multiplicado adhesiones y apoyos.

Las corrientes de pensamiento dominantes en el apogeo de la globalización neoliberal nos han explicado que los nacionalismos ya no tienen razón de ser en el siglo XXI y constituyen reacciones retrógradas frente a la libertad escenificada por el triunfo histórico de los mercados. Han omitido, sin embargo, no sólo el papel homogeneizador de la extensión global del capitalismo occidental sino particularmente la vigencia de los nacionalismos triunfantes como el francés, el norteamericano o el español, así como la parcialidad de lo que entienden por ser libres. Las banderas, en realidad, y particularmente aquellas que cuentan con un Estado centralista tras ellas, siguen escondiéndose bajo intervenciones militares neoimperialistas en países como Irak, Afganistán, Libia o Siria, el genocidio cultural y físico de minorías étnicas, la imposición de políticas antisociales a la mayoría de la población o la voluntad de españolizar los niños catalanes en el caso del Reino de España. Frente a lecturas tendenciosas de la agonía de los nacionalismos, hay que visualizar la excelente salud con la que aún cuenta el español y responder con contundencia a los perennes ataques, sean tras el estandarte que sean, contra los derechos de los pueblos a decidir existir.

El momento político en el que nos encontramos es histórico porque, después de siglos de debates sobre el encaje de Catalunya en el Reino, y pese a las más que sospechosas vacilaciones de Artur Mas, abre una grieta en los aparentemente infranqueables muros construidos sobre silencios, desmemoria y mentiras. Permite, en definitiva, visibilizar la naturaleza ficticia de lo que muchos y muchas todavía llaman España y la raíz autoritaria de un cada vez menos tímido nacionalismo español. La pugna, sin embargo, no puede ser en ningún caso entre proyectos nacionales basados en sujetos y objetivos monolíticos sino entre la compulsión de imponer y la libertad de decidir, de ser, de existir. Y ésta debe incluir, sin duda, todas las esferas de nuestras vidas, tanto las colectivas como las más íntimas.

No nos sirve una nación catalana basada en la exclusión, el esencialismo y la asignación de carnés de buenos patriotas. El verdadero potencial emancipador del contexto actual radica en la oportunidad de crear una nueva realidad con la sociedad civil como personaje principal, de repensarlo todo, de alterar prioridades, de cambiar lógicas, incluyendo a todas y todos. Se presenta una ocasión sin precedentes para poner en duda la falacia de la nación española, pero también para problematizar la catalana y hacer entrar en la agenda política cuestiones que a nuestro govern le conviene esconder en su cajón. El pueblo de Catalunya no puede consentir convertirse en coartada de una libertad parcial y sesgada reivindicada por el gobierno de los que un día se creyeron los mejores. Es por ello que desde el Proceso Constituyente trabajamos por un cambio social en el que las libertades no sean entendidas de manera selectiva sino que, en su sentido más amplio y completo, se conviertan en protagonistas y razón de ser de un cambio radical del modelo social.

Lo que está en juego es demasiado trascendental como para ser gestionado en sombras de despachos o rincones de pasillos. Los que nos quieren gobernar desde estos lugares deberían haber previsto que resulta casi imposible volver a cerrar la caja de Pandora una vez empiezan a chirriar sus cerraduras, y el resto debemos aprovechar la ocasión para llevar la rendija abierta hasta las últimas consecuencias. Si verdaderamente estamos dispuestos y dispuestas a librar la batalla por la libertad y la independencia deberíamos hacerlo con cada una de sus letras y sus sentidos: libertad para decidir sobre los recortes sociales, libertad para no pagar la deuda, libertad para decidir sobre nuestro cuerpo, libertad para obtener una educación y acceso a atención sanitaria, libertad para nacionalizar la banca bajo control social, libertad para ejercer como ciudadanos sin importar donde hemos nacido, libertad para compartir conocimiento de manera ilimitada, libertad para ser madres, libertad para no serlo, libertad para acceder a una vivienda digna, libertad para amar a quien queramos, libertad para decidir juntas sobre todos los ámbitos que afectan a nuestras existencias, como pueblo pero también como comunidad, como familias, como personas y, por supuesto, como mujeres.

No se trata, como podrían argumentar algunos, de promover el caos y el individualismo, sino de que la libertad y la independencia se conviertan en fundamentos centrales y genuinos del país que queremos construir sin convertirnos en rehenes de retóricas mesiánicas o cálculos electoralistas. La asamblea de feminismos del Proceso Constituyente ya ha empezado a caminar, y tenemos claro que, de la misma manera que llevamos décadas escuchando que sin las mujeres no hay revolución, sin todas nosotras y sin nuestra libertad no hay independencia, ni proceso constituyente ni transformación social posible.

Algunas de las primeras decisiones del gobierno de CIU en 2010 fueron suprimir el programa de protección contra la violencia machista del Departament d’Interior o la Subdirección de Igualdad de Oportunidades del de Trabajo. Persiguen las mujeres musulmanas criminalizando su uso del velo integral y recortan en servicios de atención a las personas como Dependencia o guarderías, obligando a las mujeres a intensificar nuestros malabarismos para cuidar a los y las nuestras. ¿Estará dispuesto el Presidente Mas, el día que declare la independencia de Catalunya en la plaça Sant Jaume, a anunciar la despenalización absoluta e inmediata del aborto en el nuevo país o el derecho de las mujeres solas y/o lesbianas a acceder a la reproducción asistida por la sanidad pública? ¿Tendrá la voluntad de abolir la ley de extranjería? ¿Anunciará medidas para acabar con la explotación de decenas de miles de mujeres migradas trabajando en los hogares de la burguesía catalana a la sombra de la informalidad y la doble moral? ¿Prohibirá el uso de las balas de goma? ¿Pondrá fin a la criminalización de las trabajadoras sexuales? ¿Proclamará el impago de la deuda a las entidades financieras y la multiplicación del gasto social? ¿Desobedecerá a la Troika en sus imposiciones de austeridad? ¿Garantizará la igualdad efectiva de hombres y mujeres en el mercado laboral así como el reparto de los trabajos y la riqueza? ¿Despatologizará a las personas que se ven atrapadas en cuerpos o roles de género que les resultan ajenos? ¿Luchará de manera incondicional por el derecho al propio cuerpo?
  
No lo creo. Como tampoco creo que lo hicieran en caso de gobernar ninguno de los partidos del régimen. Es por ello que resulta más importante que nunca jugar la partida, pero dejando bien claro que hay un cambio de reglas, de árbitro y de jugadores. Le llamaban democracia y no lo es, pero no la resucitaremos sin un cambio de paradigma donde la autodeterminación y la soberanía sean inseparables de la solidaridad, del bienestar y del bien común. Y tenemos todas las de ganar, no sólo porque los superamos en número sino sobre todo porque tenemos razón. Queremos hacer vía, sí. Queremos independencia, sí. Para decidir todo. Todas. Y todos.

Irailak 14, Denok Anaitasunara

jueves, 12 de septiembre de 2013 · 0 comentarios



Gorripideak bat egiten du datorren larunbatean (irailak 14) Anaitasuna kiroldegian amaiera emango zaion Herritarron Epaia ekimen ibiltariarekin.


                                                   Euskal Herrian, 2013ko irailaren 12an

¿Por qué el 11 de septiembre rodearemos La Caixa?

viernes, 6 de septiembre de 2013 · 0 comentarios

Esther Vivas

El 11 de septiembre se espera una gran movilización social en Catalunya a favor de la independencia. La Asamblea Nacional Catalana cuenta ya con más de 300 mil personas apuntadas a La Via Catalana per la Independència, la cadena humana que unirá Catalunya de norte a sur, a lo largo de 400km, y que tiene por objetivo, junto con la demanda de independencia, presionar a las fuerzas políticas para que la consulta del 2014 sea una realidad y se establezca, de una vez por todas, su fecha de celebración.

En el marco de esta iniciativa, el Procés Constituent, impulsado por Teresa Forcades i Arcadi Oliveres, ha convocado a rodear La Caixa, la máxima expresión del capital financiero catalán. Se trata de una acción que se suma a La Via Catalana, con sus propias especificidades, señalando que derechos sociales y nacionales son indisociables. Para muchos, una Catalunya en manos de los mismos de siempre, no nos sirve. Queremos decidir, pero decidir sobre todo.

Algunos dicen que lo primero es la independencia, y que después ya veremos. Que con ésta se acabará el paro, la pobreza, el hambre. Como si la independencia fuese un maná divino. Sin embargo, se trata de un argumento falaz. Que se lo pregunten a Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre o al propio Estado español. Ser independientes implica sacarnos de encima, también, las garras de la Troika. La Europa del poder financiero no da libertad a los pueblos. No hay independencia verdadera bajo el yugo de la deuda, el chantaje de la prima de riesgo y de los “mercados”.

Otros afirman que “Madrid nos roba”, y que si decimos “Adiós a España”, problema resuelto. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que tenemos los ladrones en casa y se llaman Millet, Montull, Fainé, Crespo, Pujol, Brufau… y tantos otros. ¿Adónde vamos con un país en manos de las 400 familias de siempre? Avanzar hacia la independencia, implica preguntarse: independencia para qué y para quiénes. El debate abierto hoy en Catalunya es una oportunidad para romper con el injusto marco legal establecido y para repensar las bases de nuestro modelo de sociedad. Ser independientes sí, pero para abrir un proceso constituyente que nos permita decidir, a todos, qué país queremos.

Por estos motivos y más, el 11 de septiembre somos muchos los que vamos a rodear La Caixa. Lo hacemos, también, porqué los bancos son los máximos responsables de la crisis y La Caixa es el mayor banco de Catalunya. Entidades financieras que para salvarse ellos, nos han hundido, a la mayoría, en la más absoluta miseria. Nunca seremos libres, ni independientes, si estamos sometidos a sus políticas.

Asimismo, es vox populi que La Caixa no quiere la consulta. La “paz social” es el máximo garante de sus beneficios y el Estado español su mayor fuente de negocio. El Sr. Fainé y compañía, cuya legitimidad no pasa por su mejor momento, se han guardado de decir nada en contra del proceso soberanista, no fuese que se iniciara una campaña ciudadana en su contra. Tampoco, pero, se han posicionado a favor. Que nadie crea que La Caixa va encabezar el camino hacia la independencia. Si puede, seguro, lo boicoteará. Sus lealtades se han demostrado con la familia real, al frente del Reino de España, garantizando un retiro dorado a la Infanta Cristina en Suiza, como responsable del Área Internacional de la Fundación La Caixa, y aumentándole el sueldo a 320.000 euros anuales, no sea que con la distancia se deprima. Y en caso de apoyar dicho proceso, si no le queda más remedio algún día, ya se encargará de amarrarlo según sus intereses, contrarios a los de la mayoría.

¿Qué país tendremos si al frente se encuentra un banco que desahucia a familias y nos estafa mediante las preferentes? La Caixa nos dice: “Tú eres la estrella”. ¿Si tanto nos quiere porqué nos roba, a los catalanes, anualmente millones de euros mediante las autopistas de pago? Abertis, el principal operador del mercado catalán de peajes, tiene en La Caixa a su principal accionista. Qué poca independencia tendremos, en manos de ladrones. Por eso, en la diada del 11 de septiembre, en el marco de una movilización histórica, seremos muchos rodeando La Caixa.

*Artículo en Público, 05/09/2013.

Especial Siria. Algunos árticulos de interés

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Algunos árticulos de interés

Táctica e identidad

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Iker Casanova Alonso | escritor

Si tuviera que definir el estado de ánimo de los militantes y simpatizantes de la izquierda abertzale ante el momento político diría que hay dos sensaciones dominantes. En el plano negativo, existe un justificado malestar ante el bloqueo impuesto por el Estado en el ámbito de la resolución del conflicto, que obliga a buscar nuevas dinámicas que desatasquen el proceso. Por otro lado, es evidente una satisfacción profunda por el notorio auge social y electoral del independentismo de izquierda.

Pero hay también un sentimiento más difuso, que nos afecta a todas en diferente medida, y es un cierto desosiego ante determinados cambios en el discurso, las actitudes e incluso la iconografía de la izquierda abertzale. Lo que para la gran mayoría supone simplemente un vago sentimiento nostálgico ante cambios necesarios, provoca en algunos sectores cierta inquietud. Hay quien contempla con desconfianza, por ejemplo, el protagonismo prioritario que está adquiriendo EH Bildu frente a Sortu, la negativa a buscar la confrontación ante ciertos ataques del Estado o la moderación en algunos aspectos de la gestión institucional. Se preguntan si no estaremos perdiendo nuestra identidad y transformándonos gradualmente en una fuerza política al uso.

Es obvio que ni el discurso ni la práctica de la izquierda abertzale son iguales ahora que hace diez años. Y ello es así por dos razones. En primer lugar por condicionamientos legales, que impiden hacer cosas que sí nos gustaría hacer. En segundo lugar, hay una serie de cambios voluntarios ya que estamos en una nueva fase y necesitamos adaptarnos para operar mejor en el nuevo escenario. Pero debemos evitar que esos cambios provoquen un debilitamiento de los vínculos emocionales de las bases abertzales con sus referentes organizativos y su táctica política. Porque los sentimientos, debidamente incardinados en una práctica racional, son fundamentales en política.

Hay personas a las que aún les resulta difícil identificarse con EH Bildu, a pesar de ser votantes, porque no presenta algunas de las actitudes características de la izquierda abertzale. Pero es que EH Bildu no es la izquierda abertzale. O mejor dicho, no es sólo la izquierda abertzale. Ser distinto a la izquierda abertzale no es un problema de EH Bildu, es una ventaja. En el nuevo ciclo buscamos la construcción y activación de una triple mayoría: sendas mayorías sociológicas de izquierdas e independentista y una mayoría electoral para la izquierda soberanista. El instrumento central en la construcción de estas mayorías es EH Bildu. Para ello su discurso y su práctica política no pueden ser calcados a los de Sortu. Eso sería desperdiciar su potencial para atraer nuevos sectores. Para llegar a donde nunca se ha podido llegar hacen falta ideas nuevas y EH Bildu es una de esas ideas.

Los medios de comunicación y partidos del sistema son conscientes de que EH Bildu puede convertirse en la fuerza política hegemónica y por eso tratan de ningunearlo como proyecto con entidad propia, identificándolo con la izquierda abertzale, cuya capacidad de aglutinación, aunque amplia, es limitada y conocida. Frente a este intento, la propia izquierda abertzale, junto al resto de miembros de la coalición, debe volcarse en la promoción de EH Bildu como un proyecto de futuro, con un sólido programa conjunto, en el que cada componente aporta un matiz enriquecedor y en el cual el todo resulta mucho más que la suma de las partes.

A algunos militantes de la izquierda abertzale también les resulta difícil compartir proyecto con personas que provienen de otras realidades políticas con las que se ha estado enfrentado. Incluso algunas actitudes puntuales nos resultan difícilmente digeribles. Hay que entender que también a algunos de nuestros socios les pueden resultar incómodas ciertas actitudes pasadas y presentes de la izquierda abertzale y no por ello renuncian a constituir esta alianza. Todos estamos anteponiendo los intereses comunes a los partidistas. Siempre que los factores principales de unidad estén claros, como es el caso, los problemas puntuales son sólo problemas puntuales, a resolver con tacto y paciencia. Y las diferencias bien gestionadas sobre cuestiones de segundo nivel son un factor de enriquecimiento puesto que permiten abarcar un rango ideológico más amplio.

Dónde queda entonces Sortu, cuál es su función?, A mi entender es doble. Dentro de EH Bildu, debemos trabajar, de manera abierta y leal con respecto a nuestros socios, para que el proyecto se mueva en los niveles de máxima ambición ideológica compatibles con los objetivos de acumulación de fuerzas. Al tiempo, la izquierda abertzale tiene algunos objetivos propios y distintos a los de EH Bildu, principalmente relacionados con una mayor profundidad del cambio social y una cultura política menos convencional y más combativa. La promoción de esos objetivos debe ser, junto con el impulso a EH Bildu, el campo prioritario de trabajo de Sortu. Sortu sería a su vez el núcleo de la izquierda abertzale, una amplia red social y organizativa con su propia personalidad, códigos políticos, patrimonio emocional... heredera de una tradición política histórica y firmemente identificada con sus objetivos estratégicos. Y aunque realizará el trabajo público de forma preferente a través de los instrumentos de la coalición no renunciará a acumular sectores sociales al proyecto propio. Sortu y EH Bildu se configuran como planos complementarios y en absoluto contrapuestos, distintos estadios del proceso emancipador.

Otro factor de recelo para parte de las bases abertzales lo constituye la aparentemente tibia respuesta dada a la sucesión de ataques y provocaciones por parte del Estado. No es casualidad que cuando desde el independentismo de izquierda no se está ejerciendo ningún tipo de violencia, la agresividad del españolismo se dispare, bien a través de declaraciones altisonantes desde la AVT, bien mediante amenazas directas como en Hernani o Baztan. Tampoco es casual el frenesí inquisitorial del delegado del Gobierno. Ni la proliferación de controles y maniobras, la imposición de la bandera española, la activación de juicios políticos, la actitud hacia los presos o los discursos insultantes. Aunque la oferta de resolución del conflicto que hace la izquierda abertzale permite que todos ganen en términos democráticos y de convivencia, en el ámbito de la contraposición de proyectos el Estado español camina hacia la derrota.

Consciente de ello, el Estado busca una respuesta irreflexiva por parte de la izquierda abertzale que permita activar una ilegalización que frene el auge independentista, o bien sumir al soberanismo de izquierda en una dinámica de respuestas antirrepresivas que anule su capacidad de aparecer ante la sociedad como una alternativa integral, ligando su imagen a temas relacionados exclusivamente con el conflicto político. No se trata de rehuir siempre el enfrentamiento pero hay que estudiar con detenimiento cada caso para responder de la forma más adecuada. A veces tocará echar pie a tierra y construir un muro popular para la resistencia, otras veces activar la desobediencia y en muchas ocasiones el mayor desprecio vendrá de no hacer aprecio. Lo importante es ser nosotras quienes elijamos cuando usar cada actitud evitando embestir a todos los capotazos que nos van a lanzar. Como no existe una fórmula matemática para definir cómo actuar en cada caso, podrá haber discrepancias legítimas sobre cada decisión, pero creo que el criterio general está claro: no caer en provocaciones y elegir con calma la respuesta que mejores réditos políticos nos va a dar, evitando que el proyecto soberanista se vea envuelto en una nube de permanente conflictividad que desdibuje nuestra oferta alternativa ante la multicrisis que sacude al Estado.

Hay que tener clara la enorme diferencia entre el pragmatismo que partiendo del análisis honesto de la realidad asume que a veces la estrategia frontal no es la más eficaz y el oportunismo acomodaticio, que renuncia a la lucha para no poner en peligro privilegios particulares de personas o partidos. La identidad de la izquierda abertzale no reside en unas palabras, siglas, lemas o logotipos, sino en la fidelidad a sus principios. Asumir dinámicas graduales, impulsar alianzas tácticas o actuar con cintura política para tener más posibilidades de lograr los objetivos es ser más fiel a los principios que adoptar poses puristas pero estériles. Podrá haber errores en la definición de la táctica pero jamás habrá renuncia, porque los objetivos estratégicos de independencia, socialismo y feminismo, junto con una cultura política basada en el compromiso, la militancia, la combatividad y la honestidad, constituyen el ADN de la izquierda abertzale y nadie puede ni quiere cambiar esto.

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