La batalla de Gamonal y el derecho a la ciudad

domingo, 9 de febrero de 2014 ·

Luis Suarez. Viento Sur

¿Cuántos habitantes de Gamonal habrán oído hablar de Henri Lefebvre? Seguramente pocos, y menos aún habrán leído alguna de sus obras, entre ellas “El derecho a la ciudad” (1968), sobre los conflictos urbanos en el capitalismo como expresión de la lucha de clases por la hegemonía sobre el espacio edificado.

Sin embargo, sin leerlo ni conocerlo, los vecinos y vecinas de Gamonal han estado poniendo en práctica, a su manera, la respuesta al depredador urbanismo capitalista que Lefebvre, y tantos con él y tras él, en particular desde los años 60 del pasado siglo, denunciamos y combatimos. E, inversamente, si Lefebvre no hubiera fallecido en 1991 seguramente estaría ahora mismo entre fascinado y frustrado por lo poco que en el fondo ha cambiado la sociedad en materia de gestión del territorio, y lo mucho que lo que hoy sucede se parece a lo que él describía y anticipaba hace casi medio siglo.

Insólita apocalipsis
A primera vista, este ha sido un conflicto desproporcionado, sorprendente: ¿una insurrección popular, un duro y sostenido enfrentamiento con los antidisturbios, por un puñetero bulevar? Se ha comparado, creo que acertadamente, con el conflicto de la plaza Taksim en Estambul de hace tan solo unos meses, aún más llamativo este, pues a partir de otro problema urbanístico aparentemente menor (la transformación de un pequeño parque en un área peatonal y cívica), se ha llegado a tambalear seriamente la estabilidad del gobierno y a resquebrajar el frágil equilibrio político del país.

Gamonal y Taksim muestran otros rasgos comunes: Una transformación urbana impuesta, supuestamente modernizadora pero no consensuada ni apenas consultada; falta de transparencia en su gestión; resistencia activa y semiespontánea de los vecinos mediante la ocupación del espacio público entendido como derecho colectivo irrenunciable al tiempo que el mejor, y casi el único, recurso de lucha ciudadana; intento sistemático desde el poder por disputar ese mismo derecho, expulsando violentamente a los ciudadanos del espacio público; criminalización de las protestas bajo el argumento de los elementos subversivos exteriores infiltrados,…

Sí, y también en ambos casos es evidente que la batalla popular desencadenada no trataba solo sobre urbanismo, sino que reflejaba y se retroalimentaba del descontento social global contra las políticas de los gobiernos respectivos, y esto sin duda es lo que ha permitido el movimiento de solidaridad con Gamonal surgido en muchas ciudades del país.

No obstante, dada la centralidad que tanto en el desencadenamiento del conflicto, como en su propio escenario de la batalla tiene la dimensión urbanística, esta comentario se ciñe a lo que Gamonal, al igual que Taksim y tantos otros conflictos y movimientos recientes (revoluciones árabes; occupy…, indignados, resistencia contra la militarización de las favelas; movimiento anti-desahucios; escraches…), representan en términos de lucha por el derecho a la ciudad. Sin, por otra parte, entrar en los detalles locales y particulares de este conflicto, que han quedado ya bastante expuestos a través de los medios.

¿La vuelta del movimiento vecinal?
El pulso de Gamonal, al igual que otros no tan mediáticos que se incuban o palpitan hoy mismo también en muchos de nuestros barrios, nos recuerdan, en su unanimidad intergeneracional e intergremial, al apogeo del movimiento vecinal en nuestro país en la 2ª mitad del siglo pasado. Y nos recuerdan que la santa alianza del poder político y económico local, olvidados ya aquellos años fundacionales del poder ciudadano alternativo, no ha renunciado a ninguno de sus objetivos de apropiación de la ciudad, sino que, en el contexto de la actual ofensiva del capital en todos los órdenes bajo la coartada de la crisis, redobla su ofensiva depredadora.

Hoy, como entonces, desde las administraciones locales se intenta imponer proyectos urbanísticos que, bajo la máscara en muchos casos patética de la modernidad y su cosmética de diseño, no son sino intentos sistemáticos de especulación con, y privatización del, espacio urbano. En aquellos años del tardofranquismo, el potente movimiento ciudadano que surge, se organiza y se curte en mil batallas en un breve periodo de tiempo, forma una de las patas, junto con el movimiento obrero, el movimiento estudiantil y los movimientos nacionales, sobre las que se asienta la oposición popular que hará finalmente inviable la continuidad de la dictadura.

Y al igual que el resto de movimientos antifranquistas, este tenía un componente más visible o superficial reformista, pero también un sustrato y aliento anticapitalista más hondo.

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