Crimea: ni “nuestro” ni “suyo”

martes, 4 de marzo de 2014 ·

Izquierda Abierta de Rusia…

Los eventos en Ucrania ocurren a una velocidad aterradora. Esta declaración fue preparada por los editores de la página web rusa  OpenLeft en la mañana del 1 demarzo de 2014. Hoy, 2 de marzo, a las 2 pm, los rusos en diferentes ciudades celebran concentraciones contra una posible intervención rusa en Ucrania.
La península ucraniana ha tenido la mala suerte de encontrarse en la intersección de las ambiciones imperialistas de Rusia y las políticas nacionalistas irracionales de la "nueva" Ucrania. Izquierda Abierta declara: el movimiento de auto-determinación de Crimea precede tanto a los juegos imperialistas rusos como al frenesí nacionalista ucraniano.
Hoy más que nunca es necesario llamar a las cosas por su nombre: lo que está pasando en Crimea en estos días es un acto clásico de intervención imperialista por parte del Estado ruso. Es una estúpida, cobarde e inconsecuente intervención, - que es también como el régimen de Vladimir Putin puede ser descrito. El plan para presionar a Ucrania se está escribiendo sobre la marcha: hace dos semanas, el Kremlin, sin pensar en las consecuencias, presionaba a Yanukovich para que dispersase por la fuerza más brutal a los concentrados en Maidan, hace una semana que esta apoyando el fallido Parlamento "separatista" en Kharkiv de unos funcionarios del estado ucraniano desorientados, y en estos momentos está jugando la "carta Crimea", aparentemente olvidada durante la última década.
Los dos primeros planes fallaron: el primero de forma rápida y sangrienta, el segundo casi de inmediato y vergonzosamente. Es difícil decir cuánto tardará en fracasar el relativo a Crimea, pero sin duda lo hará. El Estado ruso ha demostrado en repetidas ocasiones lo rápido que puede abandonar a sus aliados. Y desde el mismo comienzo de la dramática evolución de la situación en Crimea, el Kremlin también ha estado enviando señales distintivas de una retirada potencial. A pesar de que las tropas rusas se han apoderado de una serie de instalaciones estratégicas y ostentan prácticamente el control del espacio aéreo sobre la península, la postura oficial sigue siendo que lo que está sucediendo no es más que un "conflicto interno" y unas maniobras militares previstas desde hace tiempo. Viktor Yanukovich no puede contar con el apoyo sólido de Rusia. Con su doble condición, al mismo tiempo, de presidente legítimo y criminal internacional, Yanukovich ha dado aparentemente una conferencia de prensa en Rostov a la búsqueda de un tercer central. La nueva dirección de Crimea, elegida con la participación directa de Moscú, también sigue siendo un rehén de la situación.
La cuestión puesta a referéndum el próximo 25 de mayo abre una gran variedad de posibilidades para su posterior chalaneo en la sombra - tanto con los principales agentes imperialistas, los EE.UU. y la UE, como con el nuevo gobierno de Ucrania, controlado por los antiguos socios oligárquicos del Kremlin del círculo de Yulia Tymoshenko. Responder "sí" a esta pregunta (que la abrumadora mayoría de la población de habla rusa de Crimea están obviamente dispuestos a hacer) puede, en su versión más radical, conducir a la reinstalación de la autonomía de Crimea que existía en 1992, que en las circunstancias actuales convertirá a la región en una fuente permanente de tensiones internas en Ucrania y garantizará que no pueda unirse a la OTAN en un futuro previsible. Esta Crimea autónoma se encontrará en una dependencia económica y política constante de Rusia, mientras que sus habitantes se verán privados incluso de esos derechos formales que los ciudadanos rusos poseen. En el caso en el que, mediante el uso de la "carta Crimea" se consiga chantajear eficazmente a los socios occidentales, Moscú podrá imponer sus condiciones en la redistribución del poder en el nuevo orden político en Ucrania, pero, en general, nada cambiará en Crimea (con la excepción, tal vez, de que Serguei Aksyonov y sus colegas de "Unidad Rusa", posiblemente tengan que desplazarse a Rostov o Barviha).
En cualquier caso, el resultado del referéndum, así como, en general, el destino de la población de Crimea (no sólo rusa sino también tártara y ucraniana), se decidirá a puerta cerrada. El derecho de la población a la autodeterminación será pisoteado en tanto Crimea, y Ucrania en su conjunto, siguan siendo una zona de conflicto entre fuerzas externas de Occidente y de Oriente. La consigna de "federalizar" el país, con la que los políticos del Partido de las Regiones están acostumbrados a especular de manera irresponsable, sería en circunstancias normales la solución más justa para Ucrania, con una población que es heterogénea en la vida cultural, nacional y lingüística. El concepto de federación en un estado multi-nacional ha sido un medio democrático de reducir conflictos cuando a cada uno de sus componentes se le garantiza la igualdad de derechos y la libertad de adoptar medidas en el plano local. Sin embargo, la historia moderna de Ucrania testimonia el hecho de que, en un Estado débil esta consigna significa nada más que la delimitación de las esferas de influencia entre sus vecinos más poderosos, cada uno de los cuales está interesado en la continua escalada de los conflictos y la polarización, y no en su neutralización. Para que pueda desarrollarse un federalismo democrático real se requiere el desarrollo de la revolución ucraniana y un verdadero poder popular, y no la usurpación permanente del poder por las élites nacionalistas oligárquicas de nuevo cuño.
El problema de Crimea no fue inventado por las autoridades rusas hace una semana. Las decenas de miles de personas que salieron a las calles de Sebastopol perciben claramente una señal hostil por parte de Kiev, donde la mayoría de los vencedores en la Rada Suprema votó a favor de cambiar la ley sobre las lenguas regionales. A pesar de los argumentos poco convincentes con respecto a sus imperfecciones legales, esta resolución tiene importancia simbólica. En un país al borde del colapso económico, las nuevas autoridades decidieron camuflar la próxima ola de "reformas impopulares" con una porción completa de especulación nacionalista. Para los ultraderechistas del Partido Libertad (Svoboda) que redactaron la resolución, la cuestión de la lengua es parte de un programa reaccionario a gran escala para un Estado étnico, que tiene el potencial de destruir a Ucrania tal y como es hoy. Esta resolución, con el trasfondo del ascenso del "Bloque de derechas" (cuyo principal socio sigue siendo la televisión rusa), se ha convertido en un factor importante en el empeoramiento de la situación.
Este “escenario Crimea" no durará mucho tiempo. Las elites del Kremlin rápidamente lo manipularán en su propio intereses. Las vuvuzelas patrióticas, que los equipos de propagandistas hicieron sonar a sus ordenes, pronto callarán. Los "halcones de oficina" que llaman frenéticamente en sus páginas de los medios sociales a recuperar "nuestra Crimea", callarán y recurrirán a otros temas, más frescos y más interesantes (como ocurrió, por ejemplo durante la guerra de Georgia en 2008). Sólo los residentes de la península de Crimea - los rusos, los tártaros, y los ucranianos - se quedarán solos con sus problemas. Los habitantes de esta región deprimida, independientemente de los flujos de turistas y la presencia de bases militares, seguirán atrapados entre los políticos de derecha de Kiev, los "defensores de los rusos", apoyados por los oligarcas locales, y las maniobras cínicas del Estado ruso, que escupe sobre los derechos y las libertades de sus propios 143 millones de ciudadanos.
Hoy es muy difícil evaluar y predecir las consecuencias reales de Maidan en Kiev. Ha dado lugar tanto a la reaparición de los clanes oligárquicos marginados por Yanukovich, como a la victoria de movimientos populares de base que eran impensables para el espacio post-soviético. Maidan ha abierto las compuertas a la actividad de los matones de extrema derecha - y al mismo tiempo ha estimulado la vida política de grandes masas de gente, que tal vez por primera vez perciben que ellos mismos son capaces de determinar su destino. Este abanico de posibilidades tiene el potencial de evolucionar tanto hacia cambios sociales progresistas como a la victoria de la reacción extrema. Pero la decisión final debe, sin duda, dejarse en manos de la gente de Ucrania: ya sea en Kiev o Lvov, como en Crimea o Donetsk.
Izquierda Abierta de Rusia es un colectivo de la izquierda alternativa rusa, particularmente interesante en su perspectiva político-analítica.

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