Carta abierta al Gobierno español de Madrid

jueves, 27 de febrero de 2014 · 0 comentarios

26-02-2014.
Reverendo Dr. Harold Good, OBE. Verificador conjunto del decomiso de armas del IRA

Escribo como alguien que ha sido invitado al País Vasco en muchas ocasiones para reunirme con personas genuinamente sinceras y grupos que están comprometidos con la búsqueda de una paz justa y duradera en esa bella región de España. En cada una de mis visitas, me he vuelto cada vez más consciente de muchos paralelismos entre la situación en ese país y la historia reciente de Irlanda del Norte. Por todas estas razones, me animó enormemente conocer la reciente noticia sobre el tan esperado primer paso hacia el decomiso completo de las armas de ETA. Lamentablemente, según leía la respuesta despectiva del Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, mi euforia duró poco y fue reemplazada rápidamente por un profundo sentimiento de preocupación, así como decepción. Mi profunda preocupación personal sobre el futuro del proceso de paz en la región vasca aumentó tras leer la noticia sobre la citación judicial a los verificadores internacionales. Especialmente cuando uno de ellos, Chris McCabe, funcionario público jubilado de Irlanda del Norte muy respetado que, habiendo servido como responsable del más alto rango en la Oficina de Irlanda del Norte, ha estado íntimamente involucrado en el proceso de paz de Irlanda del Norte que nos ha llevado a donde estamos ahora. Afortunadamente, después de cierto cuestionamiento frente a un tribunal español, él y sus colegas han sido liberados. Pero este incidente, junto con la respuesta del Ministro del Interior, no habrán hecho nada para aplacar la prolongada oposición de la ciudadanía vasca, así como de los independentistas, a la actitud de su gobierno en Madrid. Como en Irlanda del Norte, debemos ser muy conscientes del impacto de un impasse sobre la generación más joven que, potencialmente, pueden verse arrastrados a nuevos conflictos.

Al principio, yo también estaba sorprendido y decepcionado por la pequeña cantidad de armas y municiones que se puso "fuera de uso". Sin embargo, lo que podría parecer un "gesto teatral" para su Gobierno habrá representado un gran primer paso para una organización militar como ETA. Como en cualquier viaje, los primeros pasos son los más importantes y, a veces, los más difíciles. Para la dirección de ETA, que se haga caso omiso a sus primeros pasos, hace que sea mucho más difícil para ellos seguir con lo que sé que realmente quieren hacer, a saber, el decomiso total y verificable de todas sus armas. La necesidad de una respuesta positiva a cualquier gesto positivo, sea alto el fuego o de otro tipo, fue una de las lecciones fundamentales de nuestra experiencia en Irlanda del Norte.

En la resolución de cualquier conflicto o disputa existe un principio de "reciprocidad". Si no se aborda en las primeras etapas de un proceso, este va a flaquear y fracasar. En términos más simples, esto significa que asumir el riesgo político de aceptar este y cualquier gesto futuro de ETA hará mucho más posible conseguir lo que ustedes y todas las personas de buen juicio de todo el mundo anhelan. Por lo tanto, como un observador bien informado de la situación de su país, así como de Irlanda del Norte y otros lugares, les ruego que respondan a este primer pequeño paso atendiendo seriamente las demandas en cuanto al trato y la repatriación de los presos. Lo ideal sería hacerlo en conversaciones con ETA y/o representantes independientes y de conformidad con los principios europeos de Derechos Humanos. Haciéndolo así, ganaría el apoyo y el respeto de sus vecinos europeos.

En todo esto, soy muy consciente del daño y del dolor de las víctimas de la violencia de ETA. Sus voces deben ser escuchadas. Yo sólo puedo decir que en la verificación de nuestro proceso de decomiso tenía muy presentes a todas las víctimas de nuestro conflicto; para el Padre Alec Reid y para mí el propósito principal de la acción era asegurarse de que no habría más víctimas.

Como un gobierno elegido democráticamente, entenderán que ETA también tendrá sus "bases" que hace falta convencer para que den lo que para ellos será un próximo paso audaz. Pero en última instancia, lo que más importa es que todas las partes en un conflicto estén dispuestas a hacer lo que es moralmente correcto y defendible. Para mí eso fue lo más importante que aprendí del exprimer ministro de Sudáfrica, F.W. de Klerk, quien nos habló de la actitud reacia con la que empezó el viaje. Para nosotros ese fue el modelo de nuestro proceso de paz en Irlanda del Norte. Hacer lo correcto, diferenciándolo de lo que podría ser visto como políticamente conveniente. Les ruego, así como ruego a ETA, que consideren esto en su búsqueda de una solución a su conflicto.

En cuanto a nosotros, un conflicto no resuelto de casi cuarenta años ha durado cuarenta años de más. Tengo buenas razones para creer que lo que pudiera parecerles a ustedes como un acto intrascendente de decomiso es de hecho una declaración altamente simbólica de intenciones. Les insto a aceptarlo como tal. Soy plenamente consciente de que lo que estoy pidiendo puede implicar un riesgo político para un gobierno debidamente electo. Puede haber decepciones y chascos, arranques y paradas, de un lado o del otro. Estos son los riesgos que hay que tomar. Pero los riesgos de no hacerlo son probablemente mucho mayores que el riesgo de una positiva, aunque prudente, respuesta.

Y lo más importante de todo, no consideren el hecho de "hablar" como una rendición. En cualquier conflicto, en discordias domésticas o luchas políticas, no hay alternativa al diálogo.

Con comprensión y sinceridad,

Harold Good

Lampedusa, Tarajal, Ceuta, Melilla, pateras, vallas, murallas, alambradas de espino militarizadas, Ley de extranjería, cadáveres en, y al agua

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SOS Racismo de Araba.
Ongi etorri
Habida Mesbah, Santi Alvare, Zineb Borrouhu, Isabel García, Raymond Manzano, Mohamed Haliloui.

Vitoria-Gasteiz, a 25 de febrero de 2014

Apenas unos breves apuntes en la esquina de la prensa . Doscientos o trescientos ante-ayer, 15 hace unos días, ahí en la esquina, y sigue la cuenta de cadáveres de seres humanos que abonan las estadísticas de los suicidios inducidos por la miseria, la pobreza, la enfermedad, las guerras, el hambre, ante los caciques gubernamentales de conciencias tetraplégicas, que blindan y reblindan unas fronteras artificiales frente al supuesto acoso de la necesidad de luchar por la propia supervivencia de seres humanos. ¿Son simples dramas, dicen…¡ ¿Hay que hacer algo…?  No se les puede devolver en caliente, dicen. Es un tema  muy viejo ya. Se viene practicando desde hace mucho tiempo, y aquí, no pasa nada. ¿Devoluciones?: algunos miles… Qué más da. Y ahora mismo, decenas de excluidos, intentan, una vez más, acceder a la blindada Europa, con o sin murallas, por muy altas, que éstas sean. Las noticias son, una vez más, un clamor en crecimiento, frente a la indignidad y la soberbia del ¿primer mundo…?

Decenas, centenares, quizá millares de seres humanos, exhaustos, llaman a las puertas de la riqueza común por necesidad vital, con la legitimidad que les da su cualidad de seres humanos.

Más vallas, más alambres, más alturas, más dinero para detectar incluso en la oscuridad el movimiento imparable del hambre, no parece que todo ello sea suficiente, para resolver los graves problemas de la injusticia y la exclusión… Los movimientos migratorios inducidos, provocados o naturales, han sido y siguen siendo los motores de la diversidad humana en todos los órdenes. No se puede negar. Oponerse – ya casi militarmente – a que el hambre se liquide por cuenta propia a las puertas de nuestras costas, de nuestras casas, de nuestras escuelas, de nuestras culturas, de nuestros hospitales, es una vez más, una causa perdida de antemano.

No basta con recoger a los supervivientes y numerarlos: son seres humanos sin más, mujeres embarazadas o no, menores… refugiados de guerras que parecen imposibles, pero que son reales.

No basta. Porque, aún habiendo logrado acceder a las cercas de la mal llamada fortuna, no son tratados como afortunados en ningún caso. Se les recluye cautelarmente en las majadas de los CIEs – Centros de Internamiento para Extranjeros –, se les devuelve en caliente sin Ley de Extranjería que les ampare…

¿Se les documenta … ¡No! Se les esparce a boleo por el país, o se les remite al país de origen, procedencia, o cercanía pactada, a cambio de unos cuartos por el servicio, al mejor tratante en la subasta de las miserias gubernamentales.


Las reacciones políticas locales ante estas realidades son puros lamentos al viento. Siempre son materia de un titular en la prensa escrita, hablada o televisada. Nada más. Y a otra cosa. Nadie habla de alterar, modificar, adecuar, modernizar, humanizar, unas legislaciones sancionadoras, punitivas y restrictivas, que en materia de extranjería, asilo y refugio, son un corsé mortal para muchos seres humanos que pagan con su vida, un día si y otro también, la osadía de pretender sobrevivir fuera de donde nacieron.

Oraindik beharrezkoa den oihua: intsumisioa

miércoles, 26 de febrero de 2014 · 0 comentarios

Diana Urrea eta Ayem Oskoz. Alternatiba

Hogeita bost urte igaro dira antolatutako kontzientzia-eragozleak indarkeriarik gabeko desobedientzia zibila edo, bestela esanda, intsumisioa praktikatzen hasi zirenetik.

Zer gelditu da hartaz guztiaz? Zer ikas dezakegu bizipen haietaz? Egungo egoerari, bizitzen ari garenari, so eginez, bada ikasgai argi bat. Gure gizartearen zati handi baten pentsamendu kolektiboa finkatzen lagundu duen arrasto antimilitaristaz gain, intsumisioak oinarrizkoa den zerbait gogorarazten digu: zilegi ez den lege edo egoera baten aurrean matxinatzeko eskubidea, ezetz esateko eskubidea, indarkeriarik gabeko desobedientzia zibila praktikatzeko eskubidea, hain zuzen.

Bere ibilbidea berrikusten badugu, guk geuk, herritar arruntok, ezetz esaten ikas dezakegula eta hala egin behar dugula ikusten dugu; aski dela esan dezakegu, eta egin behar dugu; eragile aktiboak izan gaitezke, eta horren alde egin behar dugu. Ezin gara ikusle soilak izan, elite politiko ekonomiko edota militarretatik hartzen diren erabakiak pairatzen dituztenak izaten konformatu.

Izan ere, guk, beheko herritarrok, geure buruan sinesten badugu, eragile aktiboak izatea erabakitzen badugu, gauzak alda ditzakegu, zilegi ez diren egoera edo legeak amai ditzakegu...

Mugimendu intsumisoak, gainera, gogoratzen digu legala den guztia ez dela zertan zilegi izan, legala den guztia ez dela bidezkoa, legala den guztia ez dela demokratikoa… Eta, horregatik, altxatzeko ahalmena eta betebeharra dugu, gure ahotsa entzunarazi, zilegi ez diren lege edo egoeren aurrean. Letra larriz idatzitako demokrazia berreskuratu, herriaren boterearen zentzua berreskuratu, baita parte-hartze konprometitua ere, ardurak eskatuz. Eta hori, aldi berean, indarkeriarik gabeko desobedientzia zibiletik egin beharra dago, errotiko demokraziatik, horrek dakartzan ondorioak onartuz, sistemaren zilegitasunik eza agerian uzteko biderik egokiena dela jakinda; bere kontraesanak ikusarazteko eta gehiengo sozialak apurka irabazteko.

Duela 25 urte, orduan indarrean zegoen kontzientzia-eragozpen eta derrigorrezko zerbitzu militarraren lege berriaren aurrean estrategia intsumisoa abian jartzea erokeria zirudien. Ordezkaritza parlamentarioa zuten alderdien artean, inork ere, ezkerreko alderdi batek berak ere, ez zuen ideia horren alde egiten. Kontzientzia-eragozpenaren mugimendua soilik gizarte zibiletik babesten zen. Garai hartan, desobedientzia estrategia horren alde egiten zuten gazteek zeukaten guztia gizarte desmilitarizatu baten aldeko borroka gogoa zen, jazarpen eredu guztien aurkakoa, matxismoaren aurkakoa, mendekotasunaren aurkakoa, prebentzio-gerren aurkakoa, herrien jazarpen militarraren politikaren aurkakoa, gatazken konponbide armatu eta bortitzen aurkakoa, arma salerosketaren aurkakoa, industria eta gastu militarraren aurkakoa; armadek hain ongi irudikatzen duten guztiaren aurkakoa, momentu hartan soldaduska zena, alegia. Eta modu baketsuan egiten zuten, beren ekintzen ondorioak onartuz, ezarritako zigorrak pairatuz edo jasotako kolpeei ez erantzunez. Zapaltzaileak agerian utziz, epaitzen zituztenak, atxilotzen zituztenak, gizartearen gero eta zati handiago bat bere alde jarriz. Protesta eredu eraldatzaileak erabiliz, ezberdinak, ironiaz jositakoak, bizizaletasunez, eta ia beti umore onez. Hor ere bide ezberdin bat zabaldu zuten.

Borroka-eredu kolektiboa ere azpimarratzekoa da, moldeak hautsiz, erabakiak guztion artean eta era kolektibo batean hartzen direla argituz, baina zeri aurre egin behar genion kontuan izanda (atxiloketak, kartzela), norbanakoaren erabakiak ere errespetatu egin behar ziren.

25 urte igaro dira, gure ingurua begiratzen dugu, eta, sistemaren krisi betean gaudela, armada gastuetan milaka eta milaka milioi euro xahutzen direla ikusten dugu, oinarrizko eskubideak murriztu edo ezabatzen direla; emakumeen eskubideak zapaltzen direla; ezberdina dena arerio moduan ikusten jarraitzen dela; ezberdina dena zapaltzen dela; gure planeta honetan ume bat jaiotzen denean 15 heriotza zigor jasotzen dituela (gure planeta birrintzeko armek duten gaitasuna, alegia) euren oinarrizko beharrizanak asetzeko, etxebizitza duin bat izateko, kultura eta hezkuntza izateko eta pertsona moduan garatzeko eskubidea izan ordez.

Horregatik, eta bide horretan aitzindari izan zirenak gogoan, uste dugu inoiz baino arrazoi gehiago daudela, edo betidanik izan ditugun arrazoi berberak badaudela oihukatzen jarraitzeko… Intsumisioa!

Vienen a rematarnos. El 3 de marzo de

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Iker Casanova Alonso. Militante de Sortu

1976, fuerzas policiales españoles atacaron a tiros una concentración obrera en Gasteiz causando la muerte a cinco trabajadores. El ministro de Gobernación era Manuel Fraga, más tarde fundador del PP e impune por sus crímenes como pieza clave del franquismo. El ministro de Relaciones Sindicales era Martín Villa, otro demócrata de toda la vida, hoy millonario tras haber pasado por varios importantes consejos de administración. Con la intención de aplacar las protestas que se estaban sucediendo dentro y fuera de Euskal Herria, ambos ministros decidieron acudir a Gasteiz y, entre otros actos propagandísticos, realizar una visita a los heridos hospitalizados. Se cuenta que uno de ellos, al verles aparecer en su habitación, les espetó: «A qué venís, ¿a rematarnos?».

Supongo que los responsables de la cumbre española neoliberal convocada para el próximo 3 de marzo en Bilbo desconocen el significado que esa fecha tiene en la memoria colectiva de este país. En todo caso, los patrones que vendrán a Bilbo son los hijos (biológicos y políticos) de los que ordenaban a la Policía Armada ametrallar a obreros y nietos de los que mandaban al Regimiento Garellano, tan amado por el señor Azkuna, a tirotear a mineros en Bizkaia. Hoy imponen su dominio de forma más sutil, siempre que pueden, pero ante su visita, y en vista de la enorme crisis en la que nos han metido, del sistemático retroceso de derechos que están impulsando, del fracaso empírico de sus políticas para generar bienestar colectivo y del éxito rotundo de las mismas a la hora de hacer a los ricos más ricos y a los pobres más pobres, sólo nos queda preguntarnos como aquel día de marzo en Gasteiz: A qué vienen, ¿a rematarnos?

Vendrán ministros españoles, dirigentes del FMI, comisarios europeos y los responsables del BBVA, Telefónica, Inditex e Iberdrola, entre otros. Son los creadores de la crisis planetaria, una representación de lujo del neoliberalismo que viene a convencernos de que apliquemos aquí las mismas políticas con las que han destruido Grecia. El foro lo han denominado España 2014: De la estabilidad al crecimiento. Triple mentira. Ni se celebra en España, ni hay estabilidad ni se vislumbra crecimiento real, en todo caso estancamiento en el fondo del pozo. El PIB estatal se contrajo en un 1,2% en 2013, el paro está por encima del 26%, la deuda pública se acerca al 100% del PIB, la renta per cápita cae y se aleja de la convergencia con Europa, el número de ocupados está en niveles de 2002, la morosidad de la banca en máximos históricos... En 2013 se destruyeron 200.000 empleos, 65.000 de ellos en el último trimestre, presentado como el de la recuperación. En Euskal Herria la situación es similar aunque, de momento, a una escala menor.

La sociedad es consciente de ello y por eso, encuesta tras encuesta, se certifica el desplome de un PP corrupto e incompetente. Por eso necesitan desesperadamente proyectar el discurso de la recuperación, y más ahora que se afilan los cuchillos para las inminentes batallas internas. Estas jornadas están destinadas a vender una recuperación que no existe y, de paso, a reivindicar la españolidad de Euskal Herria. Que Urkullu se sume al festejo poniendo la alfombra roja es una nueva muestra de que su servilismo al poder español va más allá de acatar las imposiciones legales.

Analicemos algunos de los pilares del pensamiento único neoliberal, que serán el eje de la cumbre. Nos dicen una y otra vez que la administración es gigante y debe reducirse. La realidad es bien distinta. En el Estado español hay un trabajador público por cada 17 personas. En Hegoalde la cifra es de uno por cada 19'5 habitantes. En toda Europa se superan esos datos. En los países nórdicos hay casi un trabajador público por cada 8 habitantes. Es imprescindible que la administración crezca de forma sana, mientras reduce gasto en altos cargos, prebendas, chiringitos, obras absurdas... Crear empleo público en sanidad, educación, dependencia... permite ampliar el servicio a la ciudadanía, ahorrar en subsidios de desempleo y dinamizar la economía, todo ello con trabajo estable y de calidad. Desgraciadamente, parece que aquí se está haciendo caso a los gurús neoliberales. En la CAV se han perdido 4.000 empleos públicos en los últimos años por los recortes del Gobierno vascongado.

También nos dicen que se pagan demasiados impuestos y que eso ahoga el crecimiento. La realidad es nuevamente distinta. Redondeando, podemos decir que la presión fiscal media en la UE es del 40%, en el Estado del 33% y en Hegoalde del 31%. En el Estado francés es el 46%, mientras en Dinamarca y en Suecia ronda el 49%. Hay margen para una nueva fiscalidad que se sustente en la aportación de los que más tienen. Podría disponerse de miles de millones más para las políticas públicas. Las empresas con beneficios y los más acaudalados deben ser quienes afronten el mayor esfuerzo fiscal. Igualmente, la lucha contra el fraude debe ser implacable. Los que ponen en peligro los servicios públicos no son los que cobran la RGI de forma irregular, ni los inmigrantes enfermos, sino los empresarios que eluden/defraudan impuestos masivamente. En la CAV, en 2009, la renta media declarada por los asalariados fue de 22.640 euros, mientras la declarada por las actividades empresariales se situó en los 12.000 euros. Conclusión: los empresarios defraudan generalizadamente. A la cabeza de todos ellos, los que van a venir a Bilbo el próximo 3 de marzo, representantes de las empresas del IBEX-35, un 94% de las cuales tiene filiales en paraísos fiscales. El BBVA, invitado por el PP a dar lecciones morales, tiene al menos 43. El dinero que no pagan no lo dedican a la creación de empleo, sino a la especulación que crea nuevas burbujas.

Podríamos seguir diciendo que no hay que bajar los salarios, sino subirlos, empezando por el ridículo SMI, para así combatir la desigualdad y «obligar» a los empresarios a tener beneficios generando valor añadido y no simplemente ofreciendo un producto barato (sin embargo los dos años de la Reforma Laboral han permitido un descenso del 10% en los salarios en el Estado, y las rentas del capital ya superan a las del trabajo). Se pueden subir las pensiones en vez de bajarlas, ya que el gasto tanto en el Estado (10% del PIB) como en la CAV (11'77) es inferior a la media de la UE (13'1). Hay que incrementar el gasto social, que es también muy inferior al europeo, y lo sería aún más si no estuvieran incluidas las prestaciones de desempleo. Podríamos hablar de la concentración de la riqueza, del capitalismo de casino, de los desahucios, de la desaparición de los convenios, de que recortan en sanidad, I+D y en educación...

La minimización del Estado es su principal objetivo; destruido lo colectivo, el individuo aislado no es rival para los poderosos. Han provocado miseria y sufrimiento a lo largo y ancho del planeta, pero ellos (Ortega, Galán, Botín...) y sus empleados (Rajoy, Almunia, Lagarde...) son cada vez más ricos, por eso quieren profundizar en sus políticas. Vienen a intentar rematarnos, sí, pero no lo conseguirán porque este pueblo está aún muy vivo. Estos burócratas del exterminio económico se van a encontrar en Bilbo, en Euskal Herria, con un pueblo que no se traga sus mentiras. Mientras Urkullu, José Luis Bilbao y Azkuna rinden pleitesía a estos ladrones y a la marca España, la sociedad vasca les gritará en la calle que se vayan.

Grecia y Portugal se retuercen hoy bajo la bota austericida de la troika. En los años 90 fue América Latina la que se vio sometida al pillaje de sus recursos y empresas bajo los auspicios del FMI, para acabar sumida en la pobreza, la deuda eterna y la bancarrota. Solo la lucha de su población, desde dispersos movimientos sectoriales primero y a través de la configuración de amplios frentes políticos después, consiguió frenar y revertir las políticas de empobrecimiento. Hoy, en casi todo el continente un heterogéneo grupo de gobiernos, no sin problemas, carencias y contradicciones, avanza por la senda de la recuperación económica y social. Todos ellos, tan distintos, desde Cuba a Brasil, tienen algo en común: sus economías crecen, reducen la pobreza y la desigualdad y lo hacen aplicando las políticas opuestas al neoliberalismo.

No es tiempo de poses. Debemos ser la indignación organizada y constructiva, configurar una gran alianza que avance por el camino vasco del cambio social. Con un ojo puesto en los inspiradores modelos americanos y otro en las políticas más progresistas de nuestro entorno geográfico, político, económico y cultural, debemos construir una alternativa que vaya más allá de la denuncia y aspire a materializar un cambio profundo y real, el cambio posible aquí y ahora.

Duintasun Martxak - Marchas de la Dignidad

domingo, 23 de febrero de 2014 · 0 comentarios

Juan Ramon Garai. Arrasatetik

Datorren hilabetean, martxoak 22, Estatuko herri guztietatik zutabeak helduko dira Madrilera: Duintasun Martxa da.

Martxa horretako etsai komun baten aurkako aldarrikapen nagusiak hiru dira:

- Legez kontrako zorraren ordainketarik ez.
- Troikako gobernurik ez.
- Murrizketarik ez.

Estatuko Gobernua Troikako lapurren  esku dago, hau da, gutxi batzuen onura pribatuaren alde bakarrik, jendartearen gehiengoa pobretzen ari den bitartean. 
Eskubideak lapurtzen, oinarrizko zerbitzuen aurrekontua murrizten: Osasuna, hezkuntza, energia, pentsioak, gizarte zerbitzuak, Emakumeon erabakitzeko eskubideak kentzen…

Egunero esaten digute krisiatik irtetzen ari garela, txarrena pasa dala, dena ondo doala...  Eurek, krisiarekin irabazi handienak izan dituztenek, pertsonen eskubide eta betebeharren kontura, ondo dakite gizartearen gehiengoa ez dela krisitik irtengo. Troikaren eta gobernuen politikak ez daude horretarako pentsatuta.

Politika horrek aldatzea beharko genituzke  eta Duintasunaren Martxaren aldarrikapena horixe da: Giza eskubideen eta jendarte justiziaren aldeko mobilizazioa.

Behekoek argia ikus dezagun krisiaren tunelaren amaieran, eragin onuragarriak biztanleriaren gehiengoentzat eta ez pribilegiatu bakar batzuentzako izan behar dira. Pobreziara eramaten gaituzten politikaren kontra, geure ahal guztiaz borrokatu behar dugu.

Duintasunaren Martxaren helburua horixe da: ustelkeriarekin bukatuaz, emakume eta gizonen berdintasunean eta askez osatutako jendartearen alde egitea. Kalera, bada garaia ta.



¿Qué DIFERENCIA hay (o debería haber) entre políticas de izquierda y políticas de derecha?

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Vicenç Navarro, en Público

Existe una percepción generalizada en los mayores medios de información y en la cultura general del país, de que la división de las sensibilidades políticas se basa en las políticas que proponen en relación al Estado y al sector público. Se asume que las izquierdas están a favor de la intervención del Estado y la expansión del sector público, y que las derechas están a favor del mercado y del sector privado. Es característico de las fuerzas conservadoras y neoliberales (lo que se llaman las derechas en España, incluyendo Catalunya) acusar a las izquierdas de “estatalismo” y de depender excesivamente del Estado y del gasto público. Parecería, a primera vista, que los datos facilitan esta percepción. Una de las características de las izquierdas ha sido su mayor sensibilidad social, traducida en su mayor apoyo, por ejemplo, al gasto público social.

Pero si uno mira con mayor detalle la relación del Estado con, por ejemplo, la economía, ve rápidamente que esta percepción no está justificada. Una de las mayores intervenciones del Estado, que hemos visto en estos últimos años, ha sido precisamente la masiva ayuda financiera del Estado a la banca, a las compañías de seguros y al sector inmobiliario, lo que en la cultura anglosajona se llama FIRE, incendio en inglés, y que resulta de poner juntas las primeras letras de Finance (Finanzas), Insurance (Compañías de seguros) y Real Estate (Inmobiliaria). Nunca se había visto en la historia reciente tanto apoyo (o, utilizando una terminología que utilizan las derechas, beneficencia) público a un grupo social como al capital financiero, que incluye en un lugar prominente a la banca.

Las derechas no son anti Estado

En realidad, en todas las sociedades capitalistas el Estado juega un papel fundamental dentro de cada sector de actividad económica. En EEUU, una de las administraciones estadounidenses que se consideran y autodefinieron como más liberales -la administración presidida por el señor Ronald Reagan- fue una de las más intervencionistas que haya habido en la historia de EEUU (desde después de la II Guerra Mundial). El gasto público durante su mandato aumentó como no había aumentado bajo ninguna otra administración, y el intervencionismo estatal se incrementó enormemente, reforzando todavía más el papel central que el Estado tiene en la economía estadounidense (el Presidente Reagan fue el que subió más el gasto militar después de la II Guerra Mundial).

Se desconoce en Europa que el Estado federal de EEUU es el Estado que tiene la política industrial más avanzada de todos los países de la OCDE. Y lo hace a través del gasto militar, que juega un papel clave en la economía de aquel país. Y a todos los niveles. Desde internet hasta el móvil (y muchos más equipamientos de tecnología electrónica y de comunicación), están todos ellos basados en el conocimiento, generado y financiado con fondos públicos, de carácter militar. Apple no existiría si no hubiera existido el Departamento de Defensa, que financió la investigación básica que Apple utilizó y comercializó más tarde. Y un tanto igual en una gran mayoría de los nuevos desarrollos electrónicos.

Parte de este incremento del gasto público militar se hizo también a costa de recortes de gasto público social. Los datos están ahí para todo el que quiera verlo. El tema clave pues, no es Estado sí o Estado no, o gasto público sí o no, sino a quién sirve este Estado. Hoy, la evidencia es abrumadora de que el Estado está profundamente influenciado por el capital financiero (banca, compañías de seguros, hedge funds y una larga lista de instrumentos e instituciones que manejan dinero), así como por los intereses de la minoría de la población que obtiene sus recursos de la propiedad del capital que genera rentas, incluyendo los propietarios y gestores del gran capital (sea este financiero, industrial, o de servicios).

¿Cuál debería ser la línea divisoria entre las izquierdas y las derechas?

Hacerse esta pregunta es preguntarse qué es lo que existe en el capitalismo que dificulta y/u obstaculiza el desarrollo humano. Y el punto clave no es tanto el tipo de propiedad (pública o privada), sino el objetivo de dicha propiedad, y la definición de esta propiedad y de su función y objetivo. Bajo el capitalismo existente, la propiedad tiene como objetivo principal proporcionar beneficios a su propietario, el cual tiene la potestad de definir dicho objetivo, objetivo que puede o no servir el bien común. Cuando los banqueros, en su intento de optimizar sus beneficios, desarrollaron prácticas especulativas que crearon la crisis financiera, dañando la vida y el bienestar de la población, estaban actuando según el principio capitalista de poner la acumulación de capital, a los propietarios de capital, como su objetivo principal, sin considerar los desbeneficios a la sociedad. Lo que ha ocurrido muestra claramente el error de anteponer el objetivo de acumulación de capital por encima del bien común. Este es uno de los mayores problemas existentes en el capitalismo.

Las distintas tradiciones socialistas (llámense socialistas, socialdemócratas, comunistas o anarcosindicalistas) se han caracterizado precisamente por identificarse con la lucha para conseguir el bienestar de la población y, muy en especial, de las clases populares, poniendo la propiedad al servicio del bien común. Este bien común exige poner el bienestar de la población como objetivo final, mediante la aportación necesaria según los medios y recursos de cada uno. El famoso dicho de que “de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad” es un principio que sintetiza muy bien la ética y cultura de izquierdas, y subraya que el objetivo de la economía, por ejemplo, no es la acumulación de capital sino el desarrollo del potencial de cada ser humano, respondiendo a sus necesidades.

La democracia como objetivo

Ahora bien, la otra diferencia es en la identificación de quién define estas necesidades. De nuevo, las derechas creen que estas necesidades las define el cliente a través del mercado. El mercado es el que configura el carácter y usos de la propiedad. Las izquierdas, históricamente, han considerado que debería ser la propia población, no individualmente a través del mercado, sino colectivamente a través de las instituciones democráticas, la que definiera esas necesidades. Consecuencia de ello es que, por lo general, las izquierdas, en los países democráticos, han sido más sensibles y exigentes en el desarrollo de las instituciones democráticas que las derechas. En España el ejemplo de ello es claro y la evidencia contundente. Y ello se debe a que el compromiso que tienen las derechas con el objetivo de la propiedad (aumentar la acumulación de capital) entra en conflicto con el principio democrático. El capitalismo dificulta, e incluso imposibilita, el desarrollo de la democracia, pues la concentración del capital determina la captura de las instituciones democráticas (y los medios de información y persuasión) por parte de este capital, tal como estamos viendo hoy claramente en España y en la Unión Europea. Mírese como se mira, la acumulación del capital hace imposible o limita la expresión democrática. EEUU, el país con mayor influencia del capital, y con mayores desigualdades, es de los países menos democráticos (algo más de la mitad de los congresistas son millonarios). Y por otra parte, los países escandinavos, con menores desigualdades, son los que tienen una mayor expresión democrática.

Y ello me lleva al último punto de la diferencia entre las izquierdas y las derechas: la definición del significado de democracia y su expresión política. Hoy, la inmensa mayoría de las izquierdas en los países de elevado nivel de desarrollo económico no basan su estrategia en la toma del Palacio de Invierno, año A, día D, hora H, por el partido revolucionario armado, pues aceptan la vía democrática. Ahora bien, hay muchas maneras de interpretar la democracia. La más generalizada ha sido la vía representativa, que se expresa a través de las instituciones representativas (los parlamentos, como máxima expresión), basándose en el principio de que cada ciudadano debe tener la misma capacidad decisoria en la gobernanza del país, expresada a través de procesos electorales. Un voto, igual de determinante, para cada ciudadano. El mayor problema con esa vía es que prácticamente en ningún sistema democrático dicho principio se aplica. Casi no existen sistemas parlamentarios auténticamente proporcionales. Y ello no es por casualidad. A mayor influencia del capital, menor es la proporcionalidad, pues el objetivo del capital es disminuir por todos los medios posibles ese principio democrático. EEUU y España, con su bipartidismo (que siempre favorece a las derechas), son claro ejemplos de ello.

Democracia no es solo votar cada cuatro años

Pero la otra limitación del sistema representativo es que, además de la carencia de diversidad mediática (limitada por la enorme influencia del capital), tiende a la profesionalización de la política y al establecimiento de una clase política que desarrolla intereses propios y reduce la política al “politiqueo entre las élites gobernantes de los partidos”, limitando la participación ciudadana a votar cada cuatro años. La democracia representativa, incluso la proporcional, es insuficiente. Se requiere, además de democratizar la democracia representativa, la democracia directa, a través de la activa participación ciudadana, constantemente y directamente, no solo en la gobernanza del país, sino también en la gobernanza de los lugares de trabajo, de los barrios, de los lugares de ocio y dondequiera que existan actividades colectivas. Y ello no quiere decir (como maliciosamente dicen las derechas) estatalismo, sino participación ciudadana. Los referéndums (derecho a decidir), una de las formas de democracia directa más común, deben ser utilizados ampliamente en cualquier sistema democrático, en todos los niveles de gobierno. Democracia y bienestar y calidad de vida son, pues, las dos dimensiones claves que deberían definir a las izquierdas. Democracia como fin, y democracia como estrategia.

Indudablemente habrá una enorme resistencia por parte del Estado, enormemente influenciado por las fuerzas conservadoras, que utilizarán todo tipo de represión y violencia provocadora. Y es enormemente importante no responder a estas provocaciones con la fuerza física. La violencia es enormemente reaccionaria, pues distancia las izquierdas de la población (que siempre rechaza la violencia). Hoy, la gran mayoría de la población está de acuerdo con los principios clave que sostienen (o deberían sostener) a las izquierdas, es decir, está de acuerdo con la necesidad de redefinir la democracia, rechazando este Estado actual, heredero de una Transición inmodélica que dio lugar a un Estado escasamente democrático, corrupto, y coaptado por intereses financieros y económicos. Nada menos que cerca del 80% de la población española está de acuerdo con el dicho del reciente movimiento 15-M “no nos representan”. Y de ahí la urgencia de mantener este apoyo popular, del cual las izquierdas derivan su poder. Y más de 86% de la población está también de acuerdo con el eslogan de que el estado no está sirviendo a la ciudadanía en sus necesidades cotidianas.

Y es ahí, precisamente, donde las izquierdas deberían centrar sus esfuerzos. Las izquierdas tendrían que centrarse en hacer propuestas reales y resolutivas para solucionar los problemas que angustian a las clases populares de este país, guiándose por los principios socialistas que he indicado anteriormente. Cuando se establece un servicio nacional de salud encaminado a responder a las necesidades de la población, definidas por ella misma, y financiado con fiscalidad progresiva, se está caminando hacia el socialismo, independientemente de cómo se llame. La gran mayoría de la población está de acuerdo en esta medida. Cuando se está destruyendo un servicio nacional de salud, sustituyéndolo por compañías de seguros o de gestión privadas que tienen como objetivo aumentar sus beneficios, se está destruyendo el socialismo, y construyendo el capitalismo.


No aconsejo por lo tanto, que se intenten patrimonializar estos cambios poniéndoles una etiqueta. Utilizar términos y narrativas genéricas como “anticapitalismo” o “socialismo” tienen poco sentido cuando nos distancian de la ciudadanía o cuando se los percibe como excluyentes. Hay que ser conscientes de que ninguna de las revoluciones socialistas en el siglo XX, desde la revolución bolchevique a la cubana o china, movilizaron a la población con la llamada al socialismo. Lo que movilizó a la población fueron propuestas reales, inmediatas, que conectaban con su vida diaria (el ansia por la paz, por la reforma agraria, por el fin de la dictadura). Fue la rigidez del sistema autoritario existente en estos países frente a esta petición de reformas la que creó su colapso. Las revoluciones no se hacen pidiendo la revolución, sino pidiendo programas reformistas que, de no poder realizarse, determinan movilizaciones  populares que exigen el fin de regímenes autoritarios o escasamente democráticos. Y es aquí donde estamos.

La batalla de Gamonal y el derecho a la ciudad

domingo, 9 de febrero de 2014 · 0 comentarios

Luis Suarez. Viento Sur

¿Cuántos habitantes de Gamonal habrán oído hablar de Henri Lefebvre? Seguramente pocos, y menos aún habrán leído alguna de sus obras, entre ellas “El derecho a la ciudad” (1968), sobre los conflictos urbanos en el capitalismo como expresión de la lucha de clases por la hegemonía sobre el espacio edificado.

Sin embargo, sin leerlo ni conocerlo, los vecinos y vecinas de Gamonal han estado poniendo en práctica, a su manera, la respuesta al depredador urbanismo capitalista que Lefebvre, y tantos con él y tras él, en particular desde los años 60 del pasado siglo, denunciamos y combatimos. E, inversamente, si Lefebvre no hubiera fallecido en 1991 seguramente estaría ahora mismo entre fascinado y frustrado por lo poco que en el fondo ha cambiado la sociedad en materia de gestión del territorio, y lo mucho que lo que hoy sucede se parece a lo que él describía y anticipaba hace casi medio siglo.

Insólita apocalipsis
A primera vista, este ha sido un conflicto desproporcionado, sorprendente: ¿una insurrección popular, un duro y sostenido enfrentamiento con los antidisturbios, por un puñetero bulevar? Se ha comparado, creo que acertadamente, con el conflicto de la plaza Taksim en Estambul de hace tan solo unos meses, aún más llamativo este, pues a partir de otro problema urbanístico aparentemente menor (la transformación de un pequeño parque en un área peatonal y cívica), se ha llegado a tambalear seriamente la estabilidad del gobierno y a resquebrajar el frágil equilibrio político del país.

Gamonal y Taksim muestran otros rasgos comunes: Una transformación urbana impuesta, supuestamente modernizadora pero no consensuada ni apenas consultada; falta de transparencia en su gestión; resistencia activa y semiespontánea de los vecinos mediante la ocupación del espacio público entendido como derecho colectivo irrenunciable al tiempo que el mejor, y casi el único, recurso de lucha ciudadana; intento sistemático desde el poder por disputar ese mismo derecho, expulsando violentamente a los ciudadanos del espacio público; criminalización de las protestas bajo el argumento de los elementos subversivos exteriores infiltrados,…

Sí, y también en ambos casos es evidente que la batalla popular desencadenada no trataba solo sobre urbanismo, sino que reflejaba y se retroalimentaba del descontento social global contra las políticas de los gobiernos respectivos, y esto sin duda es lo que ha permitido el movimiento de solidaridad con Gamonal surgido en muchas ciudades del país.

No obstante, dada la centralidad que tanto en el desencadenamiento del conflicto, como en su propio escenario de la batalla tiene la dimensión urbanística, esta comentario se ciñe a lo que Gamonal, al igual que Taksim y tantos otros conflictos y movimientos recientes (revoluciones árabes; occupy…, indignados, resistencia contra la militarización de las favelas; movimiento anti-desahucios; escraches…), representan en términos de lucha por el derecho a la ciudad. Sin, por otra parte, entrar en los detalles locales y particulares de este conflicto, que han quedado ya bastante expuestos a través de los medios.

¿La vuelta del movimiento vecinal?
El pulso de Gamonal, al igual que otros no tan mediáticos que se incuban o palpitan hoy mismo también en muchos de nuestros barrios, nos recuerdan, en su unanimidad intergeneracional e intergremial, al apogeo del movimiento vecinal en nuestro país en la 2ª mitad del siglo pasado. Y nos recuerdan que la santa alianza del poder político y económico local, olvidados ya aquellos años fundacionales del poder ciudadano alternativo, no ha renunciado a ninguno de sus objetivos de apropiación de la ciudad, sino que, en el contexto de la actual ofensiva del capital en todos los órdenes bajo la coartada de la crisis, redobla su ofensiva depredadora.

Hoy, como entonces, desde las administraciones locales se intenta imponer proyectos urbanísticos que, bajo la máscara en muchos casos patética de la modernidad y su cosmética de diseño, no son sino intentos sistemáticos de especulación con, y privatización del, espacio urbano. En aquellos años del tardofranquismo, el potente movimiento ciudadano que surge, se organiza y se curte en mil batallas en un breve periodo de tiempo, forma una de las patas, junto con el movimiento obrero, el movimiento estudiantil y los movimientos nacionales, sobre las que se asienta la oposición popular que hará finalmente inviable la continuidad de la dictadura.

Y al igual que el resto de movimientos antifranquistas, este tenía un componente más visible o superficial reformista, pero también un sustrato y aliento anticapitalista más hondo.

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