M-22ri buruz pare bat hitz

domingo, 30 de marzo de 2014 · 0 comentarios

Joseba Barriola, Maixu eta Joxe Iriarte, Bikila.
Duintasunaren martxaren partaideak.

Pozetik etsipenerako sentimendu gazi-geza, hasteko. Izan ere, Duintasunaren martxan bizi izandakoa (bai ostatua hartzen genuen herrietan zein Madrilen) poztu (eta gogo bete) gintuen, lanetik jada erretretan, baina (osasuna lagun) militantea aktiboak izaten jarraitzen dugun aldetik.

Egun horietan, egoerarekiko nazka eta haserrea ikusi dugu non-nahi eta bidenabar klase elkartasuna martxariekin (ikurrinak eta guzti) jende xehearen aldetik. Eta batez ere, nabarmentzekoa, Martxoaren 22ko antolatzaileak lorturiko arrakasta politiko eta soziala.

Aspaldiko partez (diktatura garairen geroztik) lehenengo aldia da Estatu mailako sindikatu eta talde minoritarioek halako ekimena burutzen dutela. Alderdi eta sindikatu nagusien babesik gabe (are konta izanik) eta komunikabideen boikota edo kaka nahastearen gainetik (zenbait komunikabideetan nazitzat hartzen gintuzten).

Horrek adierazten du, egoeraren irakurketa zuzen bat eginez posible dela oztopoak oztopo aurrera egitea. Eta hori guztiz pozgarria da Euskal Herritik begiratuta ere.

Komunikabide nagusien boikota edo joera maltzurra aipatu dut.

Alde horretatik harritzekorik ez. Ez ordea, hurbilekoak eta aldekoak ditugun komunikabideen aldetik (Gara eta Berriak, esate baterako) izandako hain jarrera eskasa. Hortik dator pozaren ondorengo etsipena. Bezperetako aleak eta biharamunekoak irakurrita izugarrizko dezepzioa hartu dugu!

Mobilizazio horrekiko LABen azken uneko desatxikimenduak, eta mobilizaziotik kanpoan geratzeren nondik norakoak, gutun honetan egin ezin dugun irakurketa propioa eskatzen du. 

Duintasunaren Martxak

viernes, 28 de marzo de 2014 · 0 comentarios

Igor Mera, Iratxe Álvarez, Félix Irizar y Amancay Villalba (miembros de ESK)

Quienes firmamos este artículo, marchistas de la columna "Euskal Herria", sentimos orgullo de haber ido tras una pancarta que, con una única palabra, ha sido capaz de aglutinar a tal multitud de personas que, desde sus realidades más concretas, ha querido sumarse a esta impresionante avalancha de dignidad que se produjo en Madrid el pasado 22M.

No solo la manifestación; los días que hemos andado en nuestra aproximación a Madrid nos han permitido coincidir con personas de otros territorios y naciones, con quienes desde unos planteamientos comunes hemos tejido reflexiones y complicidades que, a futuro, pueden redundar en beneficio común.

El manifiesto, de gran interés y por desgracia poco difundido, expresaba con claridad  el contexto de la convocatoria y los objetivos que se pretendían. Recogemos tres de sus párrafos, no consecutivos:

“En 2014 nos encontramos ante una situación extremadamente difícil, una situación límite, de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva y masiva de la clase trabajadora, la ciudadanía y los pueblos.

Llamamos a los pueblos a que ejerzan su soberanía, alzando su voz de abajo arriba, democráticamente, para construir un proceso constituyente que garantice realmente las libertades democráticas, el derecho a decidir y los derechos fundamentales de las personas.

Una movilización contra el pago de la deuda, por el empleo digno, por la renta básica, por los derechos sociales, por las libertades democráticas, contra los recortes, la represión y la corrupción, por una sociedad de hombres y mujeres libres, una movilización contra un sistema, un régimen y unos gobiernos que nos agreden y no nos representan.”

No cabe la menor duda: la situación actual es de emergencia social. El nivel de destrozo que desde todos los gobiernos (Gasteiz e Iruñea incluidos) se está realizando al conjunto de la sociedad es histórico. Era impensable, a nada que volvamos la vista a los años previos a la crisis, que esto pudiera ocurrir. Y es desolador que se esté produciendo y que la capacidad de movilización social no sea como para tirar cohetes.

Hay que destacar el gran respeto que, en las marchas, se ha tenido a las realidades propias de cada pueblo. Ha sido un valor cuidado desde los primeros pasos de esta iniciativa y una de las claves para que todas y todos pudiéramos sentirnos a gusto en ella.

Además, el haber sido capaces de sintetizar todas las reivindicaciones en una única consigna, "Pan, trabajo y techo", ha sido otro gran acierto.

Frente a tanta razón, el Estado ha tenido que utilizar todos sus recursos: el cerco mediático (también en Euskal Herria) ha sido impresionante; por su parte el despliegue policial anunciado desde días antes de la manifestación convirtió la movilización en un asunto de orden público. El propio 22 de Marzo, frente a tanta dignidad no pudieron oponer más que la criminalización del movimiento, en base a una estrategia perfectamente diseñada por los mandatarios y las fuerzas del orden.  Pese a ello, no han podido ocultar el tsunami humano que ese día inundó Madrid.

Desde nuestra mirada, como sindicalistas de ESK, hay otro elemento a destacar: la fotografía del martes 18, justo tres días antes de la manifestación, en la que los secretarios generales de CC.OO. y UGT junto con la patronal y el gobierno del PP pretendieron resaltar que lo peor de la crisis ya había pasado y que lo que hay que hacer es reconstruir los puentes de la concertación para buscar la salida de la crisis de forma acordada.

Esa fotografía, y otras muchas parecidas a lo largo de la crisis,  hacían necesaria la convocatoria de una manifestación masiva, impulsada y organizada por el sindicalismo alternativo, reivindicativo y coherente.

Una imagen vale más que mil palabras. Comparar la de la reunión del día 18 con las miles de imágenes que nos ofreció el 22M contrapone la indignidad de unos dirigentes frente a la dignidad de la ciudadanía. Desconocemos qué opinión habrán sacado las muchas personas que siendo de esas organizaciones consideraron que su lugar estaba en la manifestación.

En el debe, lamentamos que la columna "Euskal Herria" no haya sido más nutrida (por qué no decirlo, hemos tenido envidia de la de Andalucía…) y no terminamos de entender las razones que han llevado a que, como gente trabajadora y como nación, no se haya realizado el esfuerzo de sumar nuestra energía a las del resto de personas y pueblos oprimidos por la misma bota.

Esperemos que lo aprendido en esta experiencia, tras una reflexión colectiva, nos sea de utilidad para librar las próximas batallas. Tenemos mucha tarea. Frente a la idea que nos quieren vender, la de los brotes verdes, hay que contraponer la realidad: desempleo, precariedad, pérdida de derechos…

Queremos terminar esta reflexión de urgencia con el inicio de un artículo del periodista y locutor de radio Javier Gallego, publicado el día 21:

A ti que caminas con la suela del alma gastada pero no dejas que el alma se te caiga al suelo, que tiendes la mano a las que caen y ayudas a levantarse a los que han tropezado, que caminas con los pies rotos pero no derrotados, que admites las derrotas pero no te das por vencido, que llevas zapatos cansados pero incansables y atas tus cordones a los de quien te acompaña para acompasar vuestros pasos.


A ti que cargas en tu espalda con lo tuyo y con los tuyos, con lo nuestro y con lo mío y que llevas un país en la mochila por todo el país, que marchas por un país que se arrastra y llevas a cuestas a tus paisanos, que haces surcos en la tierra y dejas huella en el camino para los que vienen detrás, que haces país al andar y marchas con dignidad por este país indignado que se levanta de nuevo al verte pasar.(…)

Hitzaldia. Mundu bat

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Khitam Saafin. 17 urtez, Palestinako Lurralde Okupatuetako irakasle lan egin zuen. Ikasle eta sindikalista zenetik, Palestinako askapenaren alde borrokatu da bete-betean. Horrez gain, BDS kanpainako batzordeko kidea da, nazioarteko hitzaldietan parte hartzen du eta emakume palestinarren eskubideen aldeko zenbait lantaldetako kidea ere bada nazio-mailan zein nazioartean. Gaur egun, Palestinako Emakumeen Lantaldeen Batasuneko presidentea da.

Palestinako Emakumeen Lantaldeen Batasuna (UPWC) emakumeen erakundea da. 1980. urtean sortu zen, eta Palestina okupatuko emakumeekin lan egiten du ikuspegi ezkertiarretik, emakume palestinarren eskari nazional eta sozialen artean lotune organiko sakona dagoela kontuan hartuta. Khitamek dioenez, “emakume palestinarrak euren askatasunaren alde borrokatzen dira, euren herriak egiten duen moduan, eta ez dira geldituko harik eta erabateko askatasuna lortu arte”.



Khitam Saafin. Trabajó como profesora en los Territorios Ocupados de Palestina durante 17 años y desde que era estudiante y sindicalista ha estado activa en la lucha por la liberación de Palestina. Además es miembro  del comité de la campaña BDS, participa en conferencias a nivel internacional, y es miembra de varios comités en pro de los derechos de las mujeres Palestinas a nivel nacional e internacional; actualmente es presidenta de la Unión de Comités de Mujeres Palestinas.


La Unión de Comités de Mujeres Palestinas (UPWC) es una organización de mujeres fundada en el año 1980 que trabaja con mujeres de la Palestina ocupada desde una perspectiva de izquierdas, en base a la profunda relación orgánica entre las demandas nacionales y sociales de las mujeres palestinas. Como dice Khitam “las mujeres palestinas luchan por la libertad, como su pueblo y no pararán hasta lograr la libertad total.

Rosa y espinas

miércoles, 26 de marzo de 2014 · 0 comentarios

Aníbal Malvar es periodista y escritor. Su última novela es "La balada de los miserables" (Akal, 2012) 

Desde que era chaval, llevo escuchando en cada manifestación esos gritos de “policía asesina” que me retrotraen a cuando Adolfo Suárez, hoy tan de cuerpo y mente presentes. Se escucharon esos viejos gritos también en la Marcha de la Dignidad de este 22-M, pero la policía ha venido a decir que los asesinos son los manifestantes. De hecho, aseguran que el chaleco de uno de los agentes de las Unidades de Intervención Policial presenta ni más ni menos que 17 agujeros de navaja, como en un poema inverso de Lorca. Nuestra delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ha dicho en la Cope (cómo no) que los manifestantes “intentaban matar a policías”.

Ayer mismo, los sindicatos policiales difundían imágenes de armas usadas por estos mismos asesinos. Horas después, se destapaba el engaño y conocíamos que la muleta con estilete y el cinturón de bolas de acero no habían sido requisados el 22-M, como los policías nos hicieron creer, sino que venían de una operación anterior. Se coge antes a un policía mentiroso que a un manifestante cojo. Y todo esto no lleva a otra cosa que a enfrentar aun más al pueblo con nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que es como gustan de llamar nuestros políticos a los chicos de la porra.

En primer lugar hay que aclarar que a mucha gente le parece extraño ya que no exista más violencia en este país de hambre, estafas consentidas y desigualdades. Lo más normal para un padre o una madre con cuatro hijos hambrientos y sin hogar, es que se desahogue lanzándole un tiesto sin flores a un policía, a un banquero o a un diputado.

En segundo lugar, como no es la primera vez que la policía o la guardia civil mienten sobre esta supuesta violencia de las hordas populares, lo de las 17 cuchilladas lorquianas nos hace hasta sonreír. Yo quisiera ver a esas decenas de policías tan gravemente heridos y entrevistarlos. Pero esa entrevista nunca se la conceden a periódicos que no sean de Marhuenda o similares. Sí se puede visitar el testículo extirpado a uno de los manifestantes tras recibir un pelotazo policial. O también la capilla ardiente de los nadadores que fueron recibidos con disparos y gases en el Tarajal no hace tantos días.

El cachondeíto este de que somos nosotros los violentos (los desahuciados, los estafados por preferentes, los privados de educación y sanidad, las mujeres, los inmigrantes, los yayoflautas, etc.) seguramente nos acabará convirtiendo en violentos. Al tiempo. Una cosa es masacrarnos y otra reírse de nosotros. Yo estaba aquel famoso día en la manifestación ante el Congreso en la que uno de los “violentos” fue golpeado por la policía y repelió las andanadas al grito de “soy compañero, coño”. Ese mismo día también presencié cómo la policía cargaba contra un hombrecillo de poco más de 1.50 de estatura, superada la sesentena, con una carpetilla en el pecho como toda arma y una voz atiplada que les gritaba “no nos mires, únete”. Lo dejaron pal tinte, que se dice en mi barrio chabolero. A mí, que andaba de periodista sin gritar consigna alguna, también me cascaron aquel día. Aunque yo no me quejo porque me lo tengo más que merecido por mi natural subversivo, o sea.

El caso es que la policía y la guardia civil han ido recuperando, en estos últimos años, una ferocidad que parecía ya pasada de moda. Pues no. Debe de ser otra tendencia vintage. Incluso observé esa violencia de memoria sepia en manifestaciones en las que había más policías que manifestantes (sin contar a los infiltrados “compañeros, coño”).

Yo no digo que los policías españoles tengan que llevar claveles en los cañones de sus subfusiles, como sucedió en un abril lejano y extranjero. Pero me da la impresión de que van sembrando odio y mentiras suficientes como para que un día a alguien se le escape algún tiesto. Ya no voy a hablar de hambre y desahucios. Pero volvamos a un padre y a una madre, manifestándose por su dignidad junto a sus hijos mal desayunados. Carga la policía. Se te vienen sin querer a la cabeza los sucesos del Tarajal. Los muertos del Tarajal. Defiendes lo tuyo, a los tuyos… Porque tienes miedo. Agarras la maceta. Ojalá nunca pase, y policía y Gobierno sigan mintiendo. Pero yo creo que sí pasará. Pronto. Y ya no será mentira. Algún día sí vendrá el lobo y será feroz.

Reino de España: ¿Marchas de la Dignidad en “tierra de nadie”?

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Antoni Domènech · G. Buster · Daniel Raventós. SIN PERMISO

"El concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor aunque sea mayor que el que antes era menor. Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si ésta ya existiese, a reforzarla." [Antonio Gramsci, Quaderno, 16 (XXII)]
La entrada en Madrid de las Marchas de la Dignidad y su calurosa acogida popular convertida en una "gigantesca manifestación" –como la ha calificado Le Monde— que bloqueó todo el centro de la ciudad han venido en un momento que no podía ser más oportuno. En un momento de desgaste, de cansancio, de hartazgo y –seamos claros— de desmoralización profunda y creciente de un pueblo trabajador cruelmente castigado durante seis años por la crisis, un paro obrero peor que el de la Gran Depresión y unas pérfidas políticas procíclicas de ajuste fiscal, devaluación salarial, contracción sin precedentes del gasto social y contrarreforma reaccionaria del derecho laboral democrático. El indudable éxito de las marchas –a las que no han dejado de ningunear y poner vergonzosamente sordina los grandes medios de comunicación del Reino (todos en manos de la banca privada, todos financieramente dependientes de la publicidad institucional pública)— ha venido a recordarnos a todos la enorme capacidad de movilización solidaria que todavía existe, el potencial de rabia, indignación y cólera popular que todavía es capaz de expresarse organizadamente en la calle. El Manifiesto de las Marchas no podía haberlo dicho mejor: vivimos en "una situación extremadamente difícil, una situación límite, de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva y masiva de la clase trabajadora, la ciudadanía y los pueblos".
Esa convocatoria, como explicó en SP Carlos Martinez, uno de sus coordinadores andaluces, había nacido desde la confluencia de experiencias de combate muy variadas, como las marchas y ocupaciones de tierras de jornaleros de la CUT, del Campamento de la Dignidad de Cáceres, de las concentraciones contra los desahucios de la PAH, de las mareas ciudadanas, de los márgenes críticos y contestatarios del movimiento obrero organizado pero en primera línea de la resistencia social contra las políticas de ajuste. Superando las divergencias inevitables que nacen de experiencias tan distintas y duras, de inveteradas confrontaciones sectarias de pequeños aparatos, minúsculas vanidades e ínfimas raposerías, los miles de participantes de las distintas columnas de las Marchas sobre Madrid han venido a convertirse en un catalizador euforizante para la movilización de cientos de miles de personas que han volcado en ellas su solidaridad. También –o eso puede razonablemente conjeturarse— han depositado en ellas renovadas esperanzas en una lucha unida capaz de poner freno y acaso comenzar a revertir las catastróficas políticas dimanantes del "Consenso de Bruselas" a las que –en abierta violación de todas sus promesas electorales— terminaron allanándose el Gobierno de Rodríguez-Zapatero y Rubalcaba, primero, y el de Rajoy, después.
De esa capacidad de fermento y solidaridad, de puesta en común de luchas dispersas y aun aisladas en un gran frente de resistencia coordinada, depende en definitiva la existencia de una izquierda social y política organizada merecedora de tal nombre. Una izquierda social y política, por acordarnos de un clásico, "que realiza su agitación sin tregua ni descanso " (F. Lassalle). Conviene recordarlo especialmente ahora que las izquierdas sociales se encuentran en nuestro país ante una disyuntiva que ha quedado resumida estos días en dos imágenes: la de las Marchas de la Dignidad, una; y otra, la patética imagen –no hay palabra más certera para describirla— del encuentro en Moncloa de los secretarios confederales Cándido Méndez (UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CC OO) con Rajoy y el representante de la patronal para publicitar el "relanzamiento del diálogo social".
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Hacia una revuelta de izquierdas

miércoles, 12 de marzo de 2014 · 0 comentarios

Jean Batou. Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

¿Puedes decirnos cómo caracterizas la situación social y política actual, tras más de un año de la elección de François Hollande, cuando ruge la revuelta social pero la derecha ultra y la extrema derecha ocupan la calle?

Sabato: La situación actual es deplorable. Como trasfondo está la crisis sistémica europea que, en su estela, arrastra al movimiento social. La crisis habría podido suscitar reacciones anticapitalistas pero, sin embargo, tira del movimiento obrero hacia abajo. Hay resistencia, explosiones sociales, pero la traducción política de esas luchas, la construcción de proyectos, de correlación de fuerzas, de organizaciones antagónicas, sigue siendo débil. Hay cosas que dan ánimo, pero muy por debajo de los desafíos del período en términos de precarización del empleo y de desmantelamiento de los servicios públicos y de la Seguridad Social.

Los socialdemócratas no han dado un giro keynesiano en respuesta a la gravedad de la crisis, muy al contrario: sigue anclado en la política neoliberal. La situación en Francia es un tanto particular: desde hace decenios, la burguesía se ha esforzado por no colocar todos los huevos en la misma cesta. El PS se ha convertido en el agente directo del capital, no hay ningún sector de izquierdas significativo en su seno y sus responsables están todos ligados al aparato y a las prebendas del Estado, pero sigue siendo útil como ficción de una alternancia izquierda-derecha. En Italia, esta ficción ha desaparecido; en Alemania, el SPD gobierna con la derecha, lo que no es posible en Francia a causa de la V República.

¿Puedes analizar la crisis del Frente de Izquierdas (FG) y el ascenso de la extrema derecha?

El aplanamiento total del PS plantea un problema al PCF: Hollande ya no puede aparentar un cambio que permita apoyar su gobierno; al mismo tiempo, las municipalidades siguen siendo un punto de anclaje esencial para el PCF (10.000 electos/as, con de 1000 a 1500 alcaldes y tenientes de alcalde), lo que explica su opción por listas comunes con el PS, en particular en París.

Mélenchon (Parti de Gauche) ha optado por otra alternativa. Quiere reconstruir la socialdemocracia de la que salió. Para ello, debe destruir al PS. De ahí su “radicalidad”. Pero su concepción global, es la fusión de la Nación, la República y el Estado; se ve como un “bolivariano” europeo. Sin embargo, lo que puede ser progresista en un país dominado de América Latina, no lo es necesariamente en Francia, cuando se apoyan las intervenciones militares en África, su potencia nuclear y su imperialismo. Políticamente, manifiesta estar por construir una oposición de izquierdas y podemos converger, pero tenemos divergencias programáticas y estratégicas. Hoy, su proyecto tiene dificultades y una parte de la gente que había creído en él comienza a dudar...

Mientras la desorientación aumenta frente a la ausencia de alternativa social y política de izquierdas, la derecha ultra y la extrema derecha ocupan el terreno. Se ha formado un movimiento político-social alrededor de oposición al matrimonio homosexual, que reúne al imaginario contrarrevolucionario, anti Dreyfus, colonial, pro Vichy, etc., si bien no se corresponde exclusivamente con los aparatos de los partidos ultras. Paralelamente, la extrema derecha abreva en las tradiciones de las ligas fascistizantes de entreguerras. Vivimos unos “años 30 al ralentí”, aún cuando la burguesía francesa defiende la globalización capitalista y la integración mundial. Sin embargo, no está excluido un “accidente” político.

De acuerdo, es difícil. Pero ¿cuál es el camino para reconstruir un protagonismo político de izquierdas, anclado en el movimiento social, frente a la alternancia de la derecha y del PS?

Hay que partir del movimiento real; es lo que se dió en Bretaña (masivas movilizaciones contra un eco-impuesto, que crearon mucha polémica en toda la izquierda social y política porque también estaban apoyadas por la patronal, que hicieron recular al gobierno y contra las que Mélanchon tuvo una actitud despectiva y en la que NPA -junto a empresas en lucha, secciones sindicales, etc.- impulsó un polo obrero". Nde) , como comprendieron nuestros compañeros allí. No se puede generalizar esa experiencia a nivel nacional, pero la idea de un polo obrero independiente, para diferenciarse de los patronos que participaban en el movimiento, era correca. Cuando hay luchas que desbordan el movimiento sindical o se desarrollan paralelas a éste, no hay que dudar en apoyarlas, incluso si resultan ambiguas y complicadas. En el plano político, lo que está en juego es hacer converger a todos los quese oponen a la política del gobierno en la izquierda. Ya se ha hecho de cara a las elecciones municipales en las que el NPA participa en cerca de un centenar de listas, la mayoría de las cuales son unitarias (con diferentes componentes, del FdG, verdes antiausteridad, grupos locales, etc.).

La idea de Besancenot de un fin de semana de movilización de izquierdas va en el mismo sentido: apoyarse en el hartazgo de ver a la derecha ocupar la calle para retomar la iniciativa y dirigirse a todas las personas que están dispuestas a ello para prepararlo en común. El 17 de febrero, Mélenchon aceptó así firmar un llamamiento conjunto con el NPA para una gran manifestación nacional, probablemente el fin de semana de los días 12-13 de abril, al que el PCF se ha sumado, aún cuando privilegiaba una operación electoral de las listas del Partido de Izquierda Europeo en París, con el griego Alexis Tsipras (Syriza). Se trata de una respuesta a la política de austeridad del gobierno y a las jornadas de la cólera de la derecha ultra. Proponemos combinar radicalidad social y perspectiva política unitaria, lo que no quiere decir sumarse al FdG, subordinándose al PCF y al Partido de Izquierdas (PG), y a su actual parálisis mutua.

El NPA tiene dificultades, lo que no es un secreto para nadie, pero estamos presentes y tenemos capacidad de iniciativa política, incluso en los medios, en particular gracias a Besancenot. Esto parece también cierto en el plano electoral, puesto que los sondeos nos dan un 4% en las europeas, contra el 8-9% para el FdG.


Entrevista que aparecerá en el próximo número de la revista de solidatiréS (Suiza)

La derecha aprendió el arte de la insurrección

lunes, 10 de marzo de 2014 · 0 comentarios

Raúl Zibechi

El periodista Rafael Poch describe el despliegue de fuerzas en la plaza Maidan de Kiev: «En sus momentos más masivos ha congregado a unas 70.000 personas en esta ciudad de cuatro millones de habitantes. Entre ellos hay una minoría de varios miles, quizá cuatro o cinco mil, equipados con cascos, barras, escudos y bates para enfrentarse a la policía. Y dentro de ese colectivo hay un núcleo duro de quizás 1.000 o 1.500 personas puramente paramilitar, dispuestos a morir y matar, lo que representa otra categoría. Este núcleo duro ha hecho uso de armas de fuego». (“La Vanguardia”, 25 de febrero de 2014)

Esta disposición de fuerzas para el combate de calles no es nueva. A lo largo de la historia ha sido utilizada por fuerzas disímiles, antagónicas, para conseguir objetivos también opuestos. El dispositivo que hemos observado en Ucrania se repite parcialmente en Venezuela, donde grupos armados se cobijan en manifestaciones más o menos importantes con el objetivo de derribar un gobierno, generando situaciones de ingobernabilidad y caos hasta que consiguen su objetivo.

La derecha ha sacado lecciones de la vasta experiencia insurreccional de la clase obrera, principalmente europea, y de los levantamientos populares que se sucedieron en América Latina desde el Caracazo de 1989. Un estudio comparativo entre ambos momentos, debería dar cuenta de las enormes diferencias entre las insurrecciones obreras de las primeras décadas del siglo XX, dirigidas por partidos y sólidamente organizadas, y los levantamientos de los sectores populares de los últimos años de ese mismo siglo.

En todo caso, las derechas han sido capaces de crear un dispositivo «popular», como el que describe Rafael Poch, para desestabilizar gobiernos populares, dando la impresión de que estamos ante movilizaciones legítimas que terminan derribando gobiernos ilegítimos, aunque estos hayan sido elegidos y mantengan el apoyo de sectores importantes de la población. En este punto, la confusión es un arte tan decisivo como el arte de la insurrección que otrora dominaron los revolucionarios.

Es evidente que esos pequeños núcleos militantes, en ocasiones de carácter abiertamente fascistas, cuentan con el apoyo de poderosos grupos que los financian y entrenan. El Gobierno de los Estados Unidos, directa o indirectamente a través de fundaciones, parece estar jugando un papel decisivo en el despliegue de estos dispositivos como el que triunfó, en una primera instancia, en la plaza de Kiev.

Sin embargo, este modo de derribar gobiernos solo puede exitoso cuando se enfrenta a estados débiles o debilitados por gobiernos vacilantes, en sociedades divididas y enfrentadas. En junio de 2013 hubo enormes manifestaciones en más de 300 ciudades brasileñas, en las que hubo fuerte represión de la Policía militar y violencia puntual de pequeños grupos de manifestantes. Sin embargo, pese a los millones que ocuparon las calles la estabilidad y la gobernabilidad nunca estuvieron en juego. En el caso de Venezuela, el Estado muestra signos de debilidad pese al importante apoyo que tiene el Gobierno de Nicolás Maduro.

Encuentro tres razones para apoyar esa afirmación. La primera es que el país está dividido y que el apoyo al Gobierno ha ido menguando desde los primeros años del proceso bolivariano. En ciertos momentos esa división se traduce en polarización, sobre todo cuando se enfrentan dificultades económicas. La derecha trabaja cómoda fomentando la polarización, pero en no pocas ocasiones el propio Gobierno la ha potenciado con discursos que tienden a considerar como enemigos a todos los que presentan diferencias con el proceso.

La segunda cuestión es la compleja situación económica. En 2013 la inflación fue del 56%, algo que inevitablemente genera malestar y disconformidad. Escasean algunos productos básicos como harina, leche, azúcar, lo que tiende a convertir el malestar en indignación. Luego de quince años el proceso bolivariano no consiguió resolver algunas cuestiones importantes. La dependencia de las exportaciones de petróleo, que ya era enorme cuando Hugo Chávez llegó al Gobierno en 1999, siguió creciendo hasta un increíble 96% de las exportaciones totales.

Por lo tanto, casi todo se importa, la capacidad de producir alimentos sigue siendo muy baja y lo mismo sucede con el grueso de los productos no alimenticios. Una parte de las empresas estatizadas no funcionan y naufragan entre la ineficiencia y la corrupción. La importante reducción de la pobreza y de la desigualdad chocan con límites coyunturales porque los beneficiarios deben dedicar parte de su tiempo a conseguir alimentos cuyos precios crecen más aún que la inflación promedio. En la medida que no se han producido cambios estructurales, esos avances dependen de la reorientación de la renta petrolera hacia los sectores populares.

La dependencia de la renta petrolera es un factor decisivo a la hora de comprender la fragilidad de los estados que, inevitablemente, se vuelven rentistas con la consiguiente ausencia de una cultura del trabajo y la producción. En el largo plazo este es el talón de Aquiles del proceso bolivariano, aunque en el corto plazo la agresión externa apoyada en las clases medias sea la que está provocando los mayores problemas.

En tercer lugar, la dirigencia poschavista enfrenta mayores dificultades ya que aparecen fisuras dentro de un gobierno con menor capacidad de liderazgo y mayores problemas a resolver. La cohesión de las bases del proceso bolivariano está siendo puesta en cuestión por las dificultades internas como la inflación y la escasez, más aún que por la agresión de la derecha, que suele favorecer la unidad.

La cuarta dificultad es exterior al proceso bolivariano y se relaciona con el mal momento por el que pasa la integración regional. El Mercosur está paralizado. La reunión del Consejo se viene postergando desde diciembre, con serias dificultades en las relaciones entre Argentina y Brasil y cuestionamientos permanentes de los socios menores como Paraguay y Uruguay. También aquí tiene su peso la hegemonía de extractivismo. Los cuatro países fundadores del Mercosur exportan los mismos productos a los mismos mercados, en tanto el comercio intrazona es demasiado bajo como para convertirse en motor de la integración.

Llama la atención que mientras la OEA (siempre orientada hacia los intereses de Washington) se mostró dispuesta a intervenir en la situación venezolana, la Unasur y el Mercosur no han tomado iniciativas hasta el momento. Las declaraciones y gestiones están siendo de carácter bilateral, con un llamativo silencio por parte de Brasil, que cuenta con la más experimentada diplomacia de la región. En tanto, las apaciguadas relaciones entre Venezuela y Colombia volvieron a deteriorarse al denunciar el gobierno de Maduro la injerencia del expresidente Alvaro Uribe en la situación interna venezolana.


Sobre este escenario actúan pequeños grupos de la oposición que cuentan con el activismo de los estudiantes universitarios para crear un clima de caos. Todo indica que en el corto plazo el gobierno está siendo capaz de frenar la escalada desestabilizadora con convocatorias como la Conferencia Nacional por la Paz. Pero si no se resuelven los tres problemas de fondo mencionados (la polarización interna, la extrema dependencia del petróleo junto a la pobre gestión económica, y el debilitamiento del liderazgo bolivariano), situaciones como las que se desencadenaron desde el 12 de febrero volverán a repetirse. Y cada vez serán más amenazadoras.

Crimea: ni “nuestro” ni “suyo”

martes, 4 de marzo de 2014 · 0 comentarios

Izquierda Abierta de Rusia…

Los eventos en Ucrania ocurren a una velocidad aterradora. Esta declaración fue preparada por los editores de la página web rusa  OpenLeft en la mañana del 1 demarzo de 2014. Hoy, 2 de marzo, a las 2 pm, los rusos en diferentes ciudades celebran concentraciones contra una posible intervención rusa en Ucrania.
La península ucraniana ha tenido la mala suerte de encontrarse en la intersección de las ambiciones imperialistas de Rusia y las políticas nacionalistas irracionales de la "nueva" Ucrania. Izquierda Abierta declara: el movimiento de auto-determinación de Crimea precede tanto a los juegos imperialistas rusos como al frenesí nacionalista ucraniano.
Hoy más que nunca es necesario llamar a las cosas por su nombre: lo que está pasando en Crimea en estos días es un acto clásico de intervención imperialista por parte del Estado ruso. Es una estúpida, cobarde e inconsecuente intervención, - que es también como el régimen de Vladimir Putin puede ser descrito. El plan para presionar a Ucrania se está escribiendo sobre la marcha: hace dos semanas, el Kremlin, sin pensar en las consecuencias, presionaba a Yanukovich para que dispersase por la fuerza más brutal a los concentrados en Maidan, hace una semana que esta apoyando el fallido Parlamento "separatista" en Kharkiv de unos funcionarios del estado ucraniano desorientados, y en estos momentos está jugando la "carta Crimea", aparentemente olvidada durante la última década.
Los dos primeros planes fallaron: el primero de forma rápida y sangrienta, el segundo casi de inmediato y vergonzosamente. Es difícil decir cuánto tardará en fracasar el relativo a Crimea, pero sin duda lo hará. El Estado ruso ha demostrado en repetidas ocasiones lo rápido que puede abandonar a sus aliados. Y desde el mismo comienzo de la dramática evolución de la situación en Crimea, el Kremlin también ha estado enviando señales distintivas de una retirada potencial. A pesar de que las tropas rusas se han apoderado de una serie de instalaciones estratégicas y ostentan prácticamente el control del espacio aéreo sobre la península, la postura oficial sigue siendo que lo que está sucediendo no es más que un "conflicto interno" y unas maniobras militares previstas desde hace tiempo. Viktor Yanukovich no puede contar con el apoyo sólido de Rusia. Con su doble condición, al mismo tiempo, de presidente legítimo y criminal internacional, Yanukovich ha dado aparentemente una conferencia de prensa en Rostov a la búsqueda de un tercer central. La nueva dirección de Crimea, elegida con la participación directa de Moscú, también sigue siendo un rehén de la situación.
La cuestión puesta a referéndum el próximo 25 de mayo abre una gran variedad de posibilidades para su posterior chalaneo en la sombra - tanto con los principales agentes imperialistas, los EE.UU. y la UE, como con el nuevo gobierno de Ucrania, controlado por los antiguos socios oligárquicos del Kremlin del círculo de Yulia Tymoshenko. Responder "sí" a esta pregunta (que la abrumadora mayoría de la población de habla rusa de Crimea están obviamente dispuestos a hacer) puede, en su versión más radical, conducir a la reinstalación de la autonomía de Crimea que existía en 1992, que en las circunstancias actuales convertirá a la región en una fuente permanente de tensiones internas en Ucrania y garantizará que no pueda unirse a la OTAN en un futuro previsible. Esta Crimea autónoma se encontrará en una dependencia económica y política constante de Rusia, mientras que sus habitantes se verán privados incluso de esos derechos formales que los ciudadanos rusos poseen. En el caso en el que, mediante el uso de la "carta Crimea" se consiga chantajear eficazmente a los socios occidentales, Moscú podrá imponer sus condiciones en la redistribución del poder en el nuevo orden político en Ucrania, pero, en general, nada cambiará en Crimea (con la excepción, tal vez, de que Serguei Aksyonov y sus colegas de "Unidad Rusa", posiblemente tengan que desplazarse a Rostov o Barviha).
En cualquier caso, el resultado del referéndum, así como, en general, el destino de la población de Crimea (no sólo rusa sino también tártara y ucraniana), se decidirá a puerta cerrada. El derecho de la población a la autodeterminación será pisoteado en tanto Crimea, y Ucrania en su conjunto, siguan siendo una zona de conflicto entre fuerzas externas de Occidente y de Oriente. La consigna de "federalizar" el país, con la que los políticos del Partido de las Regiones están acostumbrados a especular de manera irresponsable, sería en circunstancias normales la solución más justa para Ucrania, con una población que es heterogénea en la vida cultural, nacional y lingüística. El concepto de federación en un estado multi-nacional ha sido un medio democrático de reducir conflictos cuando a cada uno de sus componentes se le garantiza la igualdad de derechos y la libertad de adoptar medidas en el plano local. Sin embargo, la historia moderna de Ucrania testimonia el hecho de que, en un Estado débil esta consigna significa nada más que la delimitación de las esferas de influencia entre sus vecinos más poderosos, cada uno de los cuales está interesado en la continua escalada de los conflictos y la polarización, y no en su neutralización. Para que pueda desarrollarse un federalismo democrático real se requiere el desarrollo de la revolución ucraniana y un verdadero poder popular, y no la usurpación permanente del poder por las élites nacionalistas oligárquicas de nuevo cuño.
El problema de Crimea no fue inventado por las autoridades rusas hace una semana. Las decenas de miles de personas que salieron a las calles de Sebastopol perciben claramente una señal hostil por parte de Kiev, donde la mayoría de los vencedores en la Rada Suprema votó a favor de cambiar la ley sobre las lenguas regionales. A pesar de los argumentos poco convincentes con respecto a sus imperfecciones legales, esta resolución tiene importancia simbólica. En un país al borde del colapso económico, las nuevas autoridades decidieron camuflar la próxima ola de "reformas impopulares" con una porción completa de especulación nacionalista. Para los ultraderechistas del Partido Libertad (Svoboda) que redactaron la resolución, la cuestión de la lengua es parte de un programa reaccionario a gran escala para un Estado étnico, que tiene el potencial de destruir a Ucrania tal y como es hoy. Esta resolución, con el trasfondo del ascenso del "Bloque de derechas" (cuyo principal socio sigue siendo la televisión rusa), se ha convertido en un factor importante en el empeoramiento de la situación.
Este “escenario Crimea" no durará mucho tiempo. Las elites del Kremlin rápidamente lo manipularán en su propio intereses. Las vuvuzelas patrióticas, que los equipos de propagandistas hicieron sonar a sus ordenes, pronto callarán. Los "halcones de oficina" que llaman frenéticamente en sus páginas de los medios sociales a recuperar "nuestra Crimea", callarán y recurrirán a otros temas, más frescos y más interesantes (como ocurrió, por ejemplo durante la guerra de Georgia en 2008). Sólo los residentes de la península de Crimea - los rusos, los tártaros, y los ucranianos - se quedarán solos con sus problemas. Los habitantes de esta región deprimida, independientemente de los flujos de turistas y la presencia de bases militares, seguirán atrapados entre los políticos de derecha de Kiev, los "defensores de los rusos", apoyados por los oligarcas locales, y las maniobras cínicas del Estado ruso, que escupe sobre los derechos y las libertades de sus propios 143 millones de ciudadanos.
Hoy es muy difícil evaluar y predecir las consecuencias reales de Maidan en Kiev. Ha dado lugar tanto a la reaparición de los clanes oligárquicos marginados por Yanukovich, como a la victoria de movimientos populares de base que eran impensables para el espacio post-soviético. Maidan ha abierto las compuertas a la actividad de los matones de extrema derecha - y al mismo tiempo ha estimulado la vida política de grandes masas de gente, que tal vez por primera vez perciben que ellos mismos son capaces de determinar su destino. Este abanico de posibilidades tiene el potencial de evolucionar tanto hacia cambios sociales progresistas como a la victoria de la reacción extrema. Pero la decisión final debe, sin duda, dejarse en manos de la gente de Ucrania: ya sea en Kiev o Lvov, como en Crimea o Donetsk.
Izquierda Abierta de Rusia es un colectivo de la izquierda alternativa rusa, particularmente interesante en su perspectiva político-analítica.

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