Ellos también son nosotros

viernes, 24 de abril de 2015 · 2 comentarios

Iosu Perales

Miles de mujeres y hombres africanos, de todas las edades, yacen en el fondo del Mar Mediterráneo, el mismo que canta Serrat y que ha perdido toda su mitología melancólica para convertirse en una fosa común que inspira horror y huele a muerte. Los últimos 850 ahogados el día 18 de abril han impactado en las conciencias de media Europa, pero nada comparable a si los muertos hubieran sido europeos. Hay muertos y muertos. De  entre las varias categorías las muertes de africanas y africanos pertenecen a la última de todas. Después no hay más.

La respuesta europea no puede ser más decepcionante. Los jefes de gobierno reunidos en Bruselas han centrado sus decisiones en un esquema de seguridad que poco o nada ayuda a resolver el problema. Aumentar los esfuerzos en controles policiales de las costas mediterráneas, la posibilidad de bombardear  barcos piratas atracados en Libia y acentuar la devolución de migrantes ilegales a sus países de origen, son los grandes acuerdos, más de lo mismo. Al menos también han decidido ser más eficaces en el rescate de migrantes náufragos y de barcos a la deriva. Pobre política que lejos de abordar el fondo del drama africano lo agudiza al negar lo evidente: las migraciones africanas proseguirán imparables.

La realidad es que en África se juntan 34 de los 48 países con menor nivel de vida del planeta. Más de 300 millones de personas sobreviven milagrosamente con menos de un dólar al día. Treinta millones de niñas y niños menores de cinco años sufren desnutrición y el 43% no tiene acceso al agua potable. En Etiopía y Burundi la renta per cápita es de menos de 90 dólares. La pobreza ha empeorado en los últimos 25 años según reconoce el Banco Mundial.  La esperanza de vida se ha rebajado de 49 a 46 años. Las sequías, las hambrunas y las enfermedades representan un drama crónico, al que se suman las guerras en Siria, Eritrea, Libia, Sudán, Yemen, Irak, Chad, de las que huyen cientos de miles buscando asilo y refugio. Hoy día la mayor parte de migrantes provienen de países en guerra. Buscan salvar la vida y piden asilo.

Es tal el estado de desesperación de millones de seres humanos azotados por la pobreza o por las guerras que no hay ni habrá muros, alambradas o despliegues militares que impidan la continuidad de movimientos migratorios hacia Europa. Frente a ello la reacción de Europa, de sus instituciones es insolidaria, cicatera, excluyente, represiva. En realidad África retrata a Europa y desmonta ese discurso tan gastado que publicita valores morales muchos de ellos ya perdidos. La UE ni siquiera cumple el mandato internacional en materia de acogida de refugiados. Es más que evidente que las actuales políticas europeas han fracasado, no sirven para impedir la llegada de migrantes y producen miles de muertos. ¿Por qué mantenerlas?

Lo que hace falta es una política integral que combine al menos tres elementos: a) una política de apertura a la entrada legal y escalonada de migrantes, que son verdaderos refugiados políticos unos, económicos otros;  en particular los gobiernos europeos deben cumplir la legislación internacional y las nacionales dando acogida a quienes provienen de países en conflicto y solicitan asilo; b) una política decidida de co-responsabilidad en políticas reales de desarrollo a fin de que los países africanos combatan eficazmente la pobreza, alcancen los Objetivos del Milenio e impulsen procesos productivos y económicos endógenos; c) la puesta en marcha de todos los medios necesarios para rescatar a quienes corren peligro en la mar. Hasta el momento la operación de rescate Triton de Frontex para salvar vidas ha resultado ser un fracaso, pudiéndose calificar de operación maquillaje de la Unión Europea con resultados criminales.

La otra medida que debe activarse de manera inflexible es la prohibición de venta y tráfico de armas al continente africano. El 95% de las armas y municiones que se utilizan en conflictos africanos no provienen de África. ¿Qué países son los grandes mercaderes d la muerte? Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, India, también España. Como es sabido no hay guerra sin armas, y hoy puede decirse que los conflictos armados africanos son un gran mercado para los fabricantes que constituyen lobbies poderosos que venden guerras. Los peces gordos de la exportación de armas procuran infiltrarse en las instituciones políticas para asegurar mejor el futuro de su negocio: la paz no lo es. Así por ejemplo el ministro de defensa del gobierno español Pedro Morenés fue consejero de la empresa Instalaza S.A. fabricante de bombas de racimo, cargo que dejó temporalmente para ser investido de ministro. Ha sido asimismo director ejecutivo en España de la empresa MBDA que diseña, fabrica y vende misiles.

Escapando de la muerte casi 50.000 inmigrantes tratan cada año de cruzar el desierto de Teneré –un desierto dentro del desierto, perteneciente a Níger- para acceder a Marruecos, Argelia o Libia. Salen de Agadez, pasando por Dirkou, bajo un calor insoportable, que supone una dura prueba de supervivencia en la que muchas personas pierden la vida. Los que llegan a las alambradas de Ceuta y Melilla, o a las costas de Argelia y Libia, son los afortunados a los que les espera el rechazo europeo. ¿Podemos dejarlos morir? ¿En nombre acaso de preservar nuestro estatus de vida? Entre el año 2000 y el año 2013, fueron 23.000 los migrantes muertos en el intento de llegar a Europa. Sé perfectamente cuál es la respuesta recurrente de mucha gente, incluso de la buena gente: “Pero, es que todos no cabemos”. Pero sí cabemos, y para empezar se debe abordar el drama humanitario de las bolsas de migrantes que permanecen en las fronteras mediterráneas del continente africano a la espera de una oportunidad. La elección es: o abrirles las puertas legalmente, o dejarles morir.

Por otra parte en la Unión Europea somos 510 millones de personas repartidas en 28 países. Una política coordinada y gradual en el tiempo que redistribuya la migración puede canalizar el ingreso de manera ordenada y legal a cientos de miles de africanos sin desestabilizar significativamente el equilibrio demográfico (España lleva dos años de saldo migratorio negativo). En realidad, según expertos en el conjunto de la UE podríamos llegar a un 2% más de la población que ya somos sin mayores trastornos. No sé si ese porcentaje es adecuado pero es el caso que todas las proyecciones estadísticas indican que la UE va a necesitar millones de migrantes en los próximos años (Alemania en primer lugar) Una política de apertura combinada en el tiempo con esfuerzos de desarrollo en países de origen y de pacificación de conflictos podría dar lugar a un escenario presidido por la aplicación de los Derechos Humanos.

Lo que no cabe en ningún caso es focalizar este enorme desafío humanitario, cada vez más imparable, como si fuera básicamente un problema de seguridad. Al contrario, debemos tratar a los migrantes como seres humanos con dignidad y derechos: ellos también son nosotros.

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