Syriza llama a los pueblos de Europa a movilizarse por la democracia y la dignidad

domingo, 17 de mayo de 2015 · 0 comentarios

La dirección de Syriza publica un llamado a la movilización de los pueblos de Europa para la victoria de la democracia y la dignidad, y afirma que las demandas de los acreedores de Grecia son inaceptables y expresan una “austeridad obsesiva en desmantelar el Estado de bienestar, desde la dirección oligárquica de los asuntos europeos que está en circuito cerrado y lejos de la influencia de la voluntad social “.

La Secretaría de Política de Syriza emitió un comunicado sobre los acontecimientos y negociaciones políticas, y ha hecho  un llamamiento a los pueblos de Europa a movilizarse por la victoria de la democracia y la dignidad. “Es hora de que los ciudadanos y los pueblos participen en la lucha”, dijo el comunicado, señalando que los pueblos de Europa “también pueden ser una parte activa en las negociaciones con respecto a nuestro destino común en Europa y más allá.”

La dirección de Syriza, señala que las “líneas rojas” del gobierno de Atenas, los temas en los que el Gobierno heleno se niega a ceder a la presión de los acreedores, “son también las líneas rojas del pueblo griego”. El comunicado señala que “desde el momento de la formación del gobierno, se hizo evidente – tanto en el extranjero como en nuestro país – que el mandato dado por el pueblo griego era vinculante y constituía la brújula en las negociaciones”.

Y este mandato es el eje de “la justicia social y la redistribución de la riqueza”, no “la austeridad obsesiva en desmantelar el Estado de bienestar, que quieren desde la dirección oligárquica de los asuntos europeos en un circuito cerrado y lejos de la influencia de la voluntad social, y que allana el camino para el crecimiento de la extrema derecha en Europa”.

Así Syriza cree que las demandas de los acreedores son inaceptables. “Ellos son inaceptables para el pueblo griego, que lucharon todos estos años para poner fin a las políticas criminales de los memorandos. Ellos son inaceptables para los pueblos de Europa y  las fuerzas sociales y políticas progresistas que luchan por una Europa de la solidaridad y la democracia”.

Además de la movilización de la sociedad griega contra el chantaje de la Unión Europea, el BCE y el FMI, Syriza también pide “en todos los países de Europa, movilización por la victoria de la democracia y la dignidad”.

A continuación, el comunicado íntegro:

Declaración de la Secretaría Política de Syriza sobre los acontecimientos políticos y las negociaciones.

Desde el momento de la formación del gobierno, se hizo evidente -tanto en el extranjero como en nuestro país- que el mandato dado por el pueblo griego era vinculante y constituía la brújula en las negociaciones.

Las líneas rojas del gobierno son también las líneas rojas del pueblo griego, y expresan los intereses de los trabajadores, autónomos, jubilados, agricultores y jóvenes. Expresan la necesidad de que el país siga un nuevo camino de crecimiento, con el eje de la justicia social y la redistribución de la riqueza.

La insistencia de los prestamistas  que quieren aplicar el programa memorandário del Gobierno de Samaras, creando en el país un corsé asfixiante, bajo presiones políticas y asfixia financiera, entra en directa oposición a la idea de la democracia y la soberanía popular en Europa.

Expresa una austeridad obsesiva para desmantelar el Estado de bienestar, desde la dirección oligárquica de los asuntos europeos en un circuito cerrado y lejos de la influencia de la voluntad social, lo que allana el camino para el crecimiento de la extrema derecha en Europa.

Estas demandas son inaceptables. Ellos son inaceptables para el pueblo griego, que luchó todos estos años para poner fin a las políticas criminales de los memorandos. Ellos son inaceptables para los pueblos de Europa y para las fuerzas sociales y políticas progresistas que luchan por una Europa de la solidaridad y la democracia.

Los ciudadanos de Grecia y Europa no son consumidores pasivos de noticias 24 horas. Por el contrario, creemos que también pueden ser parte activa en las negociaciones con respecto a nuestro destino común en Europa y más allá.

Syriza tomará todas las iniciativas posibles, no sólo para informar a la sociedad griega, sino también a los pueblos de Europa. En cada ciudad, en cada barrio y en cada lugar de trabajo, y en todos los países de Europa, estarán los parlamentarios, eurodiputados, dirigentes y miembros de Syriza y fuerzas de solidaridad, realizando una gran llamada a la movilización para la victoria de la democracia y la dignidad.

Llegó la hora de que los pueblos entren en la lucha.
¡Venceremos!

Si de verdad queremos la ruptura…

· 0 comentarios

Josep Ferrer Llop
Francesc Matas Salla
Delegación de Esquerra Unida i Alternativa en la mesa de partidos de la ANC

En nuestro país la vía griega parece haber sido frenada con Ciutadans. Nos queda la vía catalana. Si de verdad queremos la ruptura, hay que aceptar sus riesgos y contradicciones. Renunciar a ella sería aún peor.

Ciutadans apuntala el régimen de la transición
Hace no mucho tiempo, era ampliamente compartido el diagnóstico de que el régimen dinástico de la transición estaba tambaleándose: una monarquía desacreditada, una crisis descontrolada, escándalos de corrupción,… Podemos aparecía como el canalizador de la indignación y de las protestas, con un crecimiento vertiginoso que podía acabar desbancando primero al PSOE y después al PP, y finalmente liderando una ruptura democrática a la griega, incluyendo un proceso reconstituyente. Se llegaba hasta a especular con una coalición de emergencia entre los dos grandes partidos para salvar el régimen.

Pero había antídotos alternativos como, por ejemplo, sugería el presidente del Banco de Sabadell, Josep Oliu: “necesitamos un Podemos de derechas” (y a ser posible contrario a los nacionalismos periféricos, añadimos). Alguien debió atender tal sugerencia porque al poco tiempo  Ciutadans iniciaba su despegue, aún más vertiginoso. Coincidía con Podemos en una parte de su mensaje (anti-corrupción, renovación, participación,…), y por tanto de su base social de protesta, pero sin cuestionar el régimen.

En estos momentos ya puede aventurarse el escenario final: la suma PP+PSOE+C’s será quizá menor que la inicial de los dos grandes partidos dinásticos, pero suficiente para asegurar mayorías de gobierno a dos, sin necesidad de recurrir a otros. Si hace falta, C’s puede cubrir a la vez lo que Jordi Pujol hacía en las Cortes Generales y lo que IU en Andalucía, y encima sin exigencias competenciales o ideológicas.  Se habrá salvado así la gobernabilidad del régimen dinástico de la transición.

Al otro lado, la suma Podemos+IU probablemente suponga un aumento significativo de los votos contestatarios, pero lejos de los necesarios para una ruptura democrática reconstituyente. Además, la hegemonía dentro de este sector se habrá trasladado al nuevo partido, todavía en fase de consolidación.

La otra vía rupturista: la República Catalana
Desvanecida, pues, la vía griega, ¿debemos renunciar a la ruptura? Queda otra posibilidad, la que de hecho arrancó primero, pero que ha estado temporalmente en la reserva por las expectativas que la otra generó: el proceso soberanista hacia una República Catalana, que obligaría a abrir un proceso reconstituyente en el conjunto del estado español. La realidad es que la movilización soberanista catalana sigue siendo el más amplio y consistente factor rupturista, a pesar de haberse dado varias veces por desinflado. Actualicemos la situación, destacando los cambios habidos en su composición y en su caracterización.

En cuanto a lo primero, parecen configurarse dos bloques netamente independentistas, que suman probablemente una mayoría absoluta ajustada: uno alrededor de CDC y ERC (más quizá UDC, disidentes del PSC,…), y otro de izquierda radical liderado por CUP. Enfrente, tres partidos claramente unionistas (PSC, C’s, PP) cubriendo prácticamente todo el espectro de los restantes parámetros (izquierda/derecha, viejos/nuevos, con/sin contaminación por corrupción,…). En medio, genéricamente situados en la izquierda,  partidos indecisos y con diversas correlaciones internas (EUiA, ICV, Podemos,…), arguyendo una insuficiente presencia del eje social en el movimiento soberanista, junto con un claro rechazo de las políticas realizadas por CiU.  De su posicionamiento definitivo depende que la mayoría soberanista sea suficientemente amplia, así como que dentro de dicha mayoría haya una clara hegemonía de la izquierda con el factor social. Ambas cosas son posibles, pero están por decidir.

También subsiste aún la posibilidad de un “efecto Lleida” (ERC ha forzado al gobierno catalán a congelar sus intenciones sobre el Consorcio de la Salud) trasladado al liderazgo nacional: que ERC reafirmase el eje de soberanía constituyente de legalidad catalana, social y republicana, obligando a CDC a mover ficha, de manera que la hegemonía política se situase en el terreno de la izquierda soberanista por la independencia y social, en alianza con la izquierda federalista que postula el derecho a la libre decisión de la ciudadanía.

En cuanto a la caracterización del movimiento, se detecta un significativo desplazamiento hacia poner calificativos al nuevo estado reivindicado. Así, el comunicado del 13 de marzo de la Mesa de partidos sitúa claramente los tres parámetros de soberanía constituyente, república catalana y libre elección ciudadana. Incluso en la “hoja de ruta” suscrita a finales de marzo por CDC y ERC, se insiste en atender no sólo al eje nacional, sino también al eje social y al de regeneración democrática. Igualmente, en  su reciente asamblea anual, la ANC ha pasado a reclamar  una “República Catalana”, soberana e independiente, más allá de simplemente un nuevo estado. En el mismo sentido, mientras la “V” de la diada del 2014 era la de victoria, voluntad y votaremos, la manifestación en la Meridiana del 2015 será por “la calle mayor de la República Catalana”, con 10 ejes que incluyen la regeneración democrática, la justicia social, la solidaridad, la diversidad… En paralelo este mismo mes echa a andar “Reinicia Catalunya” con dos grandes proyectos: la nueva constitución y los debates temáticos sobre “El Pais que Volem” (El País que Queremos). Por su parte, “Esquerres per la Independencia” ha presentado su primer “libro de los colores por la República Catalana independiente: todo un país por decidir”, que desarrolla sus 16 puntos programáticos.

En definitiva, el argumentario soberanista ha superado el “queremos una Catalunya independiente y después ya veremos” para enfatizar el  “queremos mejorar Catalunya en tal y cual aspecto, y para lograrlo necesitamos una República Catalana” de los derechos sociales y laborales, plenamente soberana (como en la pegatina de la ANC para el 1 de Mayo). Dicho de otro modo, a la visión de la independencia como un objetivo por sí mismo, se suma cada vez más la de verla como un ejercicio de soberanía para alcanzar determinados objetivos sociales. Tendencia que confluye con las reclamaciones antes referidas de ciertos sectores recelosos de la izquierda.

¿De verdad queremos la ruptura?
Nos encontramos, por tanto, con la posibilidad de constituir una mayoría política amplia en favor de un soberanismo cada vez más impregnado de valores democráticos y sociales. Consolidar esa mayoría y esa tendencia está, en buena medida, en manos de la izquierda catalana en general y de la indecisa en particular. Está en juego la hegemonía política en Catalunya y la posibilidad de ruptura constituyente en todo el país.

Bien entendido que ese paso incluye compartir el frente soberanista con sectores de las clases medias y de la pequeña burguesía que en buena parte se sienten representados por Artur Mas. Sólo así cabe albergar expectativas reales de avance hacia una República Catalana. Ello es compatible con seguir porfiando por desplazar hacia la izquierda la hegemonía dentro de dicho frente.

Por su parte, a la izquierda democrática rupturista española le correspondería aceptar dicha República Catalana y liderar la constitución de una nueva República Española, que le ofreciera un pacto de federación o confederación bilateral. En particular debería arrinconar los partidos hegemónicos hasta ahora, que están deslegitimados como responsables de la confrontación (el PP por acción y el PSOE por omisión).

El camino no es fácil, pero parece el único posible. Así llegamos al título de este artículo, dirigido a la izquierda trasformadora española y catalana: si de verdad queremos la ruptura, hay que dar esos pasos, con todos sus riesgos, incertidumbres y concesiones.

La alternativa es quedarnos como estamos, habiendo cambiado lo justo para que nada cambie, esto es, para que perviva el régimen dinástico de la transición con otro rey y con tres partidos en vez de dos. Mejor dicho, la alternativa es retroceder, ya que cuando se lanza una ofensiva y no se alcanza el objetivo final, el adversario no acostumbra a conformarse con sus posiciones iniciales, sino que probablemente aproveche la frustración y el desánimo para una contraofensiva que le haga ganar posiciones. Si renace el régimen que tuvimos contra las cuerdas, preparémonos para la contraruptura.

Soberanismo con plus: más allá del derecho a decidir

lunes, 11 de mayo de 2015 · 2 comentarios

Ramón. Zallo

NO son temas contrapuestos puesto que responden a distintas preocupaciones. La cuestión nacional responde a la problemática de una nación sin Estado en confrontación con el modelo de Estado unitario y que remite al principio de libertad y al sujeto político como demos (ámbito y sujeto del ejercicio de la democracia). Ahí aparecen como opciones la nación española y como respuestas la reforma o la revolución democrática de construcción nacional alternativa. La cuestión social responde a la desigualdad entre clases y remite a la defensa del status quo, a la reforma o a la revolución social como modos de salida.

Sin embargo, siempre han sido temas muy relacionados. Hay protagonismo y beneficio social para la clase o grupo social que hegemonice la alternativa nacional mayoritaria o triunfante y no cabe proyecto nacional sin proyecto social (explícito o implícito) y viceversa. Combínense las respuestas anteriores y aparecerán las distintas variantes de derechas, centro e izquierdas de referencia nacional vasca o española.

CAMBIOS La temática sigue siendo actual, pero adquiere una nueva luz con los cambios ocurridos desde los años 80. Cabe apuntar algunos:

-La experiencia desde la Transición tiene la doble cualidad de desmitificar una democracia esclerotizada y de ofrecer una mirada nueva y bastante compartida sobre lo que sería calidad democrática y los modos participativos ciudadanos. En Euskal Herria, la desaparición de la lucha armada elimina un tapón objetivo y mental para encarar esa calidad, puesto que una de las vías es la construcción política de las comunidades nacionales.

-La estructura de clases en el posfordismo es más estratificada y difusa que en el pasado (va más allá del lugar de producción en economías con peso mayoritario de los servicios) y viene acompañada por el deterioro de las condiciones de vida populares. La representación social y política tiene dificultades para canalizar su diversa composición y nos remite a proyectos políticos o ideológicos estructuradores, siendo uno de ellos el soberanismo con vocación integral.

-Otros sujetos y temáticas (feminismo, ecologismo..) aunque no pueden ejercer de eje centralizador político.

-Los Estados ceden competencias por arriba (ámbito supranacional) y por abajo (comunidades), pero encaran su recentralización a costa de estas últimas y no quieren saber nada de la puesta en cuestión del modelo de Estado unitario.

INSISTENTES NACIONES SIN ESTADO Las naciones sin Estado se han hecho un hueco fijo en el marco de esos cambios a través de la continuidad de sus proyectos durante décadas y, sobre todo, por sus apoyos persistentes por vía democrática. Se trata así de sujetos nada coyunturales, respaldados por mayorías, lo que les da pie a reclamar procesos constituyentes por la doble vía de legitimación: su reconocimiento en tanto sujeto político continuado y su disposición a reclamar y a aceptar -como ciudadanía- el veredicto de unas mayorías mediante las urnas. La ciudadanía real, como sociedad política contabilizada, es el referente constituyente del sujeto nacional o, dicho de otro modo, es la comunidad como ciudadanía la que constituye al sujeto nacional por mayorías.

Pero para lograr base social han tenido que trascender el discurso identitario o épico mediante alternativas en todos los órdenes; expresando proyectos económicos y sociales integrales para hoy -y no solo para mañana- y explicando que, sea la independencia o el máximo de competencias, se formulan para vivir mejor y no a costa del bienestar o para un cielo diferido. O sea, en el punto de mira no está solo el objetivo, sino que el proceso y el hoy son tanto o más importantes.

OBJETIVOS Y PROCESOS Respecto al objetivo, dado el enroque de los Estados anfitrión que intentan, en un bucle cerrado, imponer su demos (todos los españoles o franceses deciden), el elemento de definición y de legitimación de partida de los derechos nacionales sería cada vez menos la ideología -nacionalista/no nacionalista de un tipo u otro- o el proyecto -independencia, confederación, federación, autonomía- y, cada vez más, el concepto democrático mismo sobre el demos decisorio. El sujeto comunitario -tejido por la historia- como sujeto social convertido en sujeto político es lo que da pie al soberanismo, o sea a la disposición a que decida el futuro no una minoría que hegemonice procesos sino una mayoría social de forma democrática, ya lo haga en una dirección o en otra y aceptando los resultados, como en Quèbec o Escocia. Esa remisión al principio democrático es la gran fortaleza del soberanismo ante propios y extraños (la comunidad internacional hoy tan decisiva en un mundo global).

Respecto al proceso, el tema va más allá de lo democrático. Las personas en las sociedades avanzadas somos más que una identidad nacional y una ciudadanía; tenemos una identidad cultural, estamos muy tocados por nuestro lugar social y el modelo económico, tenemos derechos sociales, queremos una buena gestión participada, pertenecemos a algún género y a alguna generación y vemos con preocupación el futuro. Ello invita al soberanismo, como punto de encuentro racional y emocional para una nación justa y solidaria, a tomar las riendas de la vida toda, por lo que no es de extrañar que haya soberanismos de distintos colores.

SOBERANISMO AVANZADO ¿De qué fuentes puede beber el soberanismo y, especialmente, el progresista? Se suele entender el derecho a decidir como forma adaptada del derecho de autodeterminación en un Estado democrático o como pura formulación democrática ad hoc para canalizar una división ciudadana nacional. Pero puede ganar en valor añadido cualitativo con principios consagrados internacionalmente que combinen los derechos humanos de primera generación (derechos políticos), de segunda generación (derechos sociales y económicos) y de tercera generación, con su fuerte componente colectivo (paz, medio ambiente, identidades y diversidad, interculturalidad, autogobierno, sostenibilidad, derechos alimentarios, bioética, movilidad, cooperación, desarrollo con vida digna). E incluso conecta con los derechos nacientes de cuarta generación, vinculados a la revolución digital y a la sociedad del conocimiento (privacidad, seguridad, derecho de acceso, commons, software y cultura libres o neutralidad de las redes).

Es así que puede hacer suyos principios como los de diversidad (consagrado por la Unesco), de democracia participativa (para la regeneración democrática de las democracias de delegación mediante redes de participación, gobernanza y fiscalización ciudadana), de autogestión (propia de la economía solidaria o del bien común), de igualdad y de capacidades (Amartya Sen/Nussbaum), de economía integral (como respuesta de una colectividad en un mundo global), de subsidiaridad (lo hace mejor el más cercano con más medios), de sociedad-red (somos interdependientes) y de visibilidad (diplomacia, paradiplomacia y nodo de red).

O sea, el soberanismo, además de una apuesta por el sujeto comunitario en claves de democracia radical, que diría Ernesto Laclau, puede ser un proyecto de desarrollo integral que, además de la soberanía política, apueste por la soberanía económica -un modelo autocentrado y equitativo en economía abierta-, por las soberanías ecológica y alimentaria, por la soberanía mediática -una opinión pública propia desde un fuerte sistema comunicativo-, por una soberanía cultural, sociolingüística y educativa y por una soberanía en sus relaciones laborales.

Aunque nadie nos ahorrará los inevitables conflictos clasistas, ese planteamiento puede ayudar a unas alianzas sociales que catalicen las preocupaciones de grandes colectivos, yendo más allá de los viveros tradicionales del nacionalismo y del que retomaría algo sustancial: el impulso solidario de las comunidades hacia su emancipación.

emeek emana

Soberanía y emancipación

Soberanía y emancipación
Bikila

Mosaiko. Gure esju dago

Mosaiko. Gure esju dago
VIDEO. Pincha la imagen

Gorripidearen Aurkezpena

Lehenengo Konferentzia

Lehenengo Konferentzia
1ª Conferencia de Gorripidea

Eztabaida - Debate

Dekalogoa

Gure esku dago

Giza eskubideak / DDHH

Gernikako akordioa

Garoña Itxi Orain!

VIDEO. German gogoan

Etxe kaleratze gehiagorik ez!

Etxe kaleratze gehiagorik ez!
VIDEO: Pásalo

EUSKAL PRESOAK EUSKAL HERRIRA

EUSKAL PRESOAK EUSKAL HERRIRA
Joxe Iriarte "Bikila" Cumbre del Akonkagua 6.959 m

Artxiboa

Etiketak