Sobre patriotismos y patrias, 1.

miércoles, 24 de febrero de 2016 · 0 comentarios

EH-Bildu y Podemos

Joxe Iriarte "Bikila” -  Alternatiba

Soy de la opinión que EH Bildu y Podemos deben entenderse, ser capaces de establecer acuerdos operativos de diferente nivel, tanto en el terreno institucional como, sobre todo, en el político, con el fin de propiciar un proceso constituyente rupturista respecto al régimen. Acuerdos de amplio contenido democrático, feminista, ecologista, nacional y social, que sean el campo fundamental de entendimiento.

Desde mi experiencia personal puedo afirmar que ello es posible[1].

Paralelamente, es necesario establecer un debate conceptual e ideológico sobre diferentes temas, con el fin de precisar y esclarecer aquello que nos une y nos diferencia (y a veces separa), sobre todo en lo relativo a la llamada problemática nacional y social que siguen marcando y afirmando  determinados espacios. Y ello no solo para esclarecer acuerdos y diferencias, sino también para establecer puentes que eviten compartimientos estancos y nos permitan enriquecernos en un debate que a día de hoy, está en pleno movimiento, con una intensidad sin precedentes desde la década de los 60, momento en que las izquierdas de ámbito estatal incorporan el derecho de autodeterminación (concepto que salvo en el POUM apenas tuvo peso durante la segunda república ya que el PCE, si bien lo asumió en su programa, cubrió un papel muy secundario en relación al patriotismo español republicano y antifascista que fue su elemento nacional determinante) y el nacionalismo vasco cuya componente nacionalista revolucionario, que entre otras cosas (estrategia, naturaleza de clase, etc.) reescribía los elementos definitorios de la nacionalidad vasca 2.

Nuevos debates
En lo referente la actual izquierda abertzale (entendido en tanto que fenómeno socio-político plural y diverso, y cuyos elementos no todos están ubicados en EH Bildu, aunque sí su parte fundamental) se están configurando corrientes de pensamiento que en algunos aspectos marchan en direcciones separadas, unos muy influenciados por el historicismo y la cohesión identitaria 3, y otros orientados en un sentido contrario, representados por una nueva generación de ideólogos universitarios 4, con diferentes enfoques o matices pero que coinciden en la necesidad de articular un independentismo cívico desetnizado y de fuerte contenido social. Corrientes ambas que están produciendo movimientos telúricos de distinto calado y que van penetrando en las propias formaciones políticas abertzales, si bien están evolucionando con ritmos y formas más pausados; entre otras cosas, porque no es fácil compaginar los retos electorales, la presión del día a día y la reflexión ideológica.

Está, además, Podemos, de reciente irrupción, pero que ya ha contribuido a propiciar cambios en el panorama político-social, el ideológico y el identitario (por más que digan que no es lo suyo).

Dicha organización en Euskal Herria, a diferencia de su centro irradiador que está en la capital del Reino, de momento está imbuida en un fase de consolidación organizativa propia, y no termina de despejar determinadas incógnitas programáticas relativas a su proyecto de País, viviendo sobre todo de las rentas del éxito a escala estatal, y de la atracción de sus líderes centrales. Esto dificulta hacerse una idea de sus presupuestos políticos y programáticos, pues dependen de la corriente a la que representen, aunque en teoría exista una dirección oficial.  Ello no significa que, poco a poco, no vayan haciendo camino, estableciendo pautas comunicativas y discursivas.

En estos momentos, su principal mensaje consiste en presentarse como la alternativa para  descabalgar al PNV de Ajuria Enea, (con lo cual ha dado un paso por delante de EH Bildu en la carrera electoral, si bien el arrancar primero no significa llegar en esa posición a la meta). El segundo mensaje se basa en afianzar sus diferencias con EH Bildu.

A pesar de que a escala estatal según Errejón, “la plurinacionalidad ha demostrado ser una apuesta ganadora: Una alianza fraternal y en pie de igualdad entre una fuerza nacional-popular española -ingrediente que ha faltado en otros intentos- y fuerzas nacionales o soberanistas en las periferias (…) Hemos demostrado que la fraternidad multiplica y puede construir una candidatura ganadora en Madrid, en Las Palmas de Gran Canaria, en Valencia, en Barcelona o en Donosti (sic!)”. En lo relativo a Euskal Herria, salvo en espacios muy concretos (ayuntamientos, JJGG y algunos movimientos sociales; y en Navarra, la excepción, el acuerdo de Gobierno) no se han esforzado en establecer lazos cooperativos, es más, ni entraron a discutir la posibilidad de una candidatura unitaria para las generales, tal como lo propusieron Ramón Zallo, Petto Idoiaga y otros (lo cual no significa que al final la cosa cuajase). En Euskal Herria, Podemos antepone su desmarcaje frente a EH Bildu a cualquier atisbo de alianzas “plurinacionales”.

Y a la frecuente pregunta: ¿qué os diferencia de EH Bildu? suelen responder con rotundidad: No somos abertzales y nuestra prioridad es la cuestión social. Este enfoque, sin embargo, choca con el que mantienen en España, tanto en un aspecto como en el otro.

Al respecto la profesora María Eugenia R. Palop responde al PSOE de forma contundente: “lo más preocupante es que buena parte del PSOE no haya entendido todavía que es imposible defender los derechos sociales, como pretende, obviando el elemento comunitario y democrático que los sustenta. Que una sociedad igualitaria, con derecho a la educación, la sanidad o la vivienda, es necesaria pero no es suficiente. Que no hay derechos sociales, sin derechos políticos, y no hay derechos políticos sin soberanía y sin autogobierno. Y que el autogobierno tiene mucho que ver con la identidad y el relato común. Vaya, que no se puede distribuir la riqueza sin hacer comunidad, y que para hacer comunidad es imprescindible conocer, en primer lugar, y respetar, después, lo que tal comunidad es, piensa y quiere (…) hay que tener un concepto muy extraño de la justicia social para defenderla obviando el sentido de pertenencia a una u otra comunidad, porque la justicia social no se ocupa únicamente de la distribución sino que también ha de considerar y valorar los vínculos que garantizan y cultivan dicha pertenencia (como bien señala Sandel, la justicia no solo trata de la manera debida de distribuir las cosas, sino también de la manera debida de valorarlas). En una sociedad realmente justa la gente no solo disfruta de un cierto bienestar, sino que puede razonar sobre el significado de lo que es y de lo que quiere ser, y, desde luego, puede tomar decisiones al respecto (creando, por supuesto, una cultura pública que acoja las discrepancias). De modo que garantizar la libertad de elección y los derechos sociales exige también estimular (y no impedir) una política de participación ciudadana y de cohesión social; fortalecer ese espacio en el que puedan discutirse nuestras ataduras, nuestros afectos, nuestras lealtades y nuestras convicciones, y en el que sea posible definir y redefinir nuestros bienes comunes. Y está claro que eso solo puede hacerse desde una comunidad “política” democráticamente organizada, en la que los factores endógenos, la identidad y el relato propio jueguen el papel que les corresponde (la cita es extensa, pero ilustrativa, JIB)”.

Hablando en plata, cuando hay un litigio sobre la pertenencia comunitaria, y el derecho a decidir, no se puede ir por las ramas afirmando que lo principal es lo social. Algo tan social, por ejemplo, como la gestión de la seguridad social, el marco de relaciones laborales y la capacidad para decidir sobre temas como el fracking, por poner unos ejemplos, que el Estado de forma pertinaz nos impide gestionar y que dependen de la capacidad de autogobierno de la comunidad. Desgraciadamente, Podemos Euskal Herria, con este argumentario hace frente común con el PSOE, que siempre sale con la misma cantinela, si bien en España la negativa a permitir un referéndum de Catalunya (que puede cuestionar la unidad de España) lo antepone a la posibilidad de un gobierno social. Felizmente, Podemos España da la impresión de no realizar tan arbitraria división entre lo social y lo nacional, lo prioritario y lo secundario y da la importancia que tiene a la reivindicación catalana. Y sería deseable que Podemos Euskal Herria presentase en el tiempo más breve posible su proyecto integral para Euskal Herria, yendo más allá de la proclama del derecho a decir (lo cual tiene su importancia y puede ser un nexo en común) esclareciéndonos el modelo nacional y social que propone así como su engarce con la España plurinacional, diferente a la Independencia y a la “una grande y libre”. Lo cual nos permitiría (EH Bildu Y Podemos) indagar en los que nos une y separa, y encontrar nexos en común para el cambio democrático y social (nacional, feminista, ecologista, etc.).

Por otra parte, en lo relativo a la preocupación en lo “social” y su importancia, más allá del márquetin, de momento Podemos no aporta ninguna prueba que demuestre que en ese terreno son más activos, contundentes e imaginativos que EH Bildu; por el momento, yo diría que es lo contrario (junteros de Podemos Gipuzkoa reconocieron en un articulo de opinión la sorpresa que experimentaron al comprobar que sus propuestas en materia social habían sido ya presentadas, y algunas puestas en marcha por EH-Bildu durante la anterior legislatura) . Simplemente se valen de su aceptación del plano estatal del cual no quieren desanexionarse, sino todo lo más, democratizarlo, por lo cual no necesitan dar la matraca con el proceso independentista limitándose a apostillar el derecho a decidir para todo (como si EH Bildu desconexionase el derecho a decidir en el modelo de estado con su naturaleza social).

 “Quien tenga patria que la honre y, quien no, que la conquiste” decía José Martí. Podemos tiene una patria a quien honrar, y en cierto modo conquistar (para su proyecto nacional-popular). EH Bildu la tiene que conquistar, ya que carece de ella, y a la vez darle el contenido socio-ecologista-feminista, etc. De ahí su dificultad para articular todo ello, sin que dé la impresión de que lo primero oculte lo segundo, o demostrar que ambos son o deberían ser lo mismo. En este terreno Podemos juega con ventaja, en relación a los sectores sociales vascos que se identifican o se sienten españoles, ante los cuales puede presentarse como “el partido de lo social” (lo nacional ya lo tienen resuelto) frente a los independentistas obligados a remarcar una y otra vez el conjunto de su proyecto, si bien ello no significa que los acentos varíen según la coyuntura. Ciertamente, lo que en la coyuntura vasca le favorece a Podemos, en la catalana se le vuelve en contra. El éxito de Podemos en Comú (con Ada Colau) en las estatales, no tapa el fracaso de Catalunya Si que es Pot en las autonómicas.  Además, han jugado a su favor los errores y las deficiencias de EH Bildu en las últimas elecciones al acompasar su doble mensaje.

Sin embargo, la cosa se le complica con el encaje del patriotismo plurinacional a escala estatal y su no patriotismo a escala vasca: “no somos abertzales, en realidad, no somos abertzales vascos” afirman con contundencia.

Y es que Errejón (al igual que Iglesias y otros líderes estatales) defiende el patriotismo español sin ningún tipo de ambages: “Podemos llegaba a las elecciones habiendo hecho una adaptación y refinamiento de la hipótesis nacional-popular que está en el corazón de su nacimiento como fuerza política(…) El descontento y la desconfianza generalizados y transversales pero desanclados -que no encontraban cauce o contención en las identidades disponibles- posibilitaban una identidad política nueva: un espacio para un discurso patriótico de nuevo tipo, refundacionalista5, que identificase los intereses nacionales con los de las mayorías golpeadas y maltratadas en los años del ajuste y la regresión democrática: la “gente” o un pueblo ya escasamente representado por un sistema político que da muestras de agotamiento. (…) La hipótesis nacional-popular, así, se ha enriquecido, diversificado y reforzado con lo plurinacional y lo ciudadano, ganando en capacidad de articular sectores culturalmente diversos (…) Las posibilidades de hacer de las razones de los de abajo el interés general de un nuevo país se veían, en España, lastradas por el bloqueo de la identidad nacional española para proyectos progresistas, hegemonizada y cautivada por los sectores más reaccionarios que se alimentan de la confrontación con las naciones periféricas”.

Pero lo que en España sería un valor, un acierto, unificador  y aglutinante de lo popular, en Euskal Herria según sus dirigentes, el patriotismo –el vasco claro- se identifica con lo identitario, es decir, la postergación de lo social en aras de lo nacional, por otra parte elemento de división.

En realidad, son conscientes de que además de diferentes patriotismos en cuanto su contenido democrático y social (el popular republicano y el de derechas) se da el de la diferente opción nacional (vascos y o españoles) cosa harto difícil de explicitar y/o compaginar al mismo nivel. Hasta el presente, hemos conocido dos tipos de patriotismo vasco y español (también apátridas y/o cosmopolitas varios), pero no una síntesis de ambos a patriotismos a compaginar en cada espacio cambiando de camiseta, hoy del Real Madrid mañana del Athletic. Y aunque líderes estatales como Errejón afirmen que “Podemos está logrando un encaje inédito: es al mismo tiempo la fuerza que más abiertamente reivindica un patriotismo español identificado con las condiciones de vida de la gente, con la defensa del pueblo olvidado por los de arriba, y la fuerza estatal de relevancia más firmemente defensora y comprometida con la plurinacionalidad –dado que en España convivimos diferentes naciones- y el derecho a decidir como pegamento para decidir qué encaje para un futuro compartido entre ellas. Ante el choque de trenes del unilateralismo y el inmovilismo, esta aparece como la única receta sensata en el actual escenario político, la única llamada a reconstruir entendimiento y, además, a multiplicar fuerzas por el cambio político y la transformación constitucional desde la igualdad y el respeto a la diferencia”.

A ver cómo se explica eso Euskal Herria. De momento, Podemos Euskal Herria no ha encontrado algo que concilie tal formulación con el patio vasco, prefiriendo salirse por la tangente, catalogarse como “no abertzales, esto es, no patriotas”. En realidad no patriotas vascos, porque españoles si lo son (con toda legitimidad) en la medida que, mientras no se demuestre lo contrario, comparten el proyecto estatal.

Mi opinión es que Podemos Euskal Herria es consciente de la dificultad de compaginar un patriotismo de doble rostro, cuando hasta el presente los dos patriotismos (el vasco y el español) han sido refractarios y no dos caras de la misma moneda, pues tendrían (esperemos que al final lo logren) que esclarecer en qué términos ideológicos y programáticos tal propuesta de patriotismo plurinacional es compatible como proyecto estatal (por ejemplo, ¿una Confederación entre las diversas naciones, donde cada nación tiene su propio patriotismo cultual y el de Estado, que se compagina con otro de carácter ciudadano y  constitucional correspondiente al de la Confederación, que a su vez complementa otro de carácter supranacional de ámbito europeo?).

Otra salida, seria la declaración de un cosmopolitismo o internacionalismo supranacional que huye de cualquier patriotismo (vasco o español) como gato escaldado del agua, y que se limite a defender el derecho a la autodeterminación, sea en un sentido independentista (cosa difícil de contemplar según sus actuales presupuestos) o de libre unión o libre federación, o confederación. Enfoque este que de seguro se ajusta a alguna de las corrientes internas de Podemos, pero desde luego no a las del centro irradiador que desprecia ese “infantilismo izquierdista”, y es por ahora quien escribe la música, también para Euskal Herria.

Febrero de 2016-02-22

Notas
1. Concretamente, independientes y libertarios, gentes de EH-Bildu y Podemos, trabajamos conjuntamente desde hace varios años en el Grupo Oarso Taldea, que opera sobre todo en Orereta- Errenteria (Gipuzkoa). El hecho de que con el transcurso del tiempo partes nos hayamos ido integrando en EH-BILDU y PODEMOS no ha alterado el ambiente de compañerismo y en todo caso nos ha dotado de mayor capacidad e incidencia en la localidad al poder incidir también en el interior de ambas formaciones políticas.

2. Según el fundador Sabino Arana, los fundamentos del pueblo vasco son: por un lado religión y la tradición: Jangoikoa eta Lege Zaharra-Dios y fueros) y la raza. Este segundo factor de entrada excluía da quien no formaba parte de ella. Los nuevos ideólogos fundadores de ETA (como Txilardegi y cía.) ponen en la recuperación del idioma, el euskara, lo determinante de la nacionalidad,  lo cual de entrada abre las puertas a todo el que quien formar parte de la comunidad lingüística; para al poco dar un salto copernicano en la Quinta Asamblea de ETA, definiendo al Pueblo Trabajador Vasco, compuesto por quienes “viven y trabajan en Euskadi”, si bien esto se podía entenderse de diferentes maneras. En todo caso el sentido de pertenencia pasaba a ser cuestión sobre todo de la voluntariedad, de la adhesión a un proyecto nacional de base ciudadana abierto y democrático.

3. Identificadas sobre todo en colectivos como Naparralde y Orreaga.

4. Andoni Olariaga, Imanol Galfarsoro, Unaia Apaolaza y Jule Goikoetxea, autores del libro Independentzia helburu.

5. Loable tarea pero difícil, ya que a diferencia de los patriotismos de las naciones sin estado, para  lograr un patriotismo español diferente al mayoritario e imperante en el Estado Español, que es “el que preside las casas cuarteles de la benemérita, hay que expurgar muchos elementos adheridos a un patriotismo de rancio abolengo colonialista, imperialista y opresor de las nacionalidades internas. Y es que los patriotismos existente en países de larga tradición imperialista, de uso y abuso del término para defender los intereses de las clases dirigentes, no es fácil de ser suplantado por otro de signo izquierdista, popular emancipatorio. La II Republica a pesar de su carácter democrático no superó ese déficit, tanto en relación a las colonias como en lo relativo a las naciones interiores. El imaginario nacional español está impregnado de un pasado colonial, de la España una y unida, de Ceuta Y Melilla como tierras españolas, y de Gibraltar también; de la “marca España”, de indiferencia, cuando no desprecio, a lo que aunque se consideran lenguas españolas no castellanas, ya que en la realidad se piensa lo contrario, sino no habría tanta resistencia en aprenderlas, etc. España, no es Venezuela, ni Cuba, donde hay un patriotismo antiimperialista, España se asemeja más a la Francia de la Grandeur, a la Gran Bretaña (salvo en la tradición democrática), aunque no jueguen en la Champions.

El cambio y los titiriteros

viernes, 12 de febrero de 2016 · 0 comentarios

Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria *

El pasado viernes ocurrieron dos cosas, una desagradable y la otra muy grave. La primera ocurrió en Madrid, donde un error o una torpeza de los responsables del Ayuntamiento programó en una convocatoria infantil una obra satírica para adultos. La segunda ocurrió en España, en el corazón mismo de nuestra democracia y nuestro Estado de Derecho: Alfonso y Raúl, los dos titiriteros que representaban la pieza, fueron detenidos en escena y están hoy en la cárcel sin fianza por un delito de ‘enaltecimiento y apología del terrorismo’, penado en nuestro código penal con hasta dos años de cárcel.

Hace poco contábamos la historia de San Ginés, un actor romano del siglo IV al que se le apareció un ángel mientras representaba una sátira anticristiana y que siguió recitando el guión en el escenario, ahora con convicción, sin conseguir que ninguno de los espectadores lo creyera. Estaban en el teatro, Ginés era un actor y todo lo que decía movía a risa; y tanto más movía a risa cuanta más pasión y sinceridad ponía el cómico en sus proclamas religiosas. Eso es la ficción: un acuerdo en virtud del cual actores y espectadores −o autores y lectores− sustituyen durante un rato y en un determinado espacio la creencia por la credulidad.

Para que lo entienda un mal juez y un mal periodista: en el teatro hacemos como si creyéramos que han matado al comendador de Fuenteovejuna, como si creyéramos que han violado a Lucrecia, como si creyéramos que Superman puede volar; y como si no creyéramos en nuestros valores morales, nuestra ideología y nuestra nacionalidad. Tan anómalo es que un actor se crea las palabras de su personaje como que se las crea un espectador −o un juez o un periodista−. A Alfonso y Raúl, ahora en la cárcel, les pasó lo contrario que a San Ginés: unos padres insanos y un juez literalista, al borrar desde fuera las fronteras entre la ficción y la realidad, los convirtieron en su discurso, sin ninguna distancia, declarando así imposible y penalizable la ficción misma. Tan imposible y penalizable que de hecho la intervención policial hizo realidad la denuncia representada en la pieza teatral, en una situación performativa pero inversa a la de Ginés. El actor Ginés quería que se reconociese la verdad de su ficción, ficción protegida por los sensatos y crédulos espectadores; en Madrid han sido los insensatos y creyentes espectadores -junto a la policía y el juez- los que han impuesto a los actores su ficción como verdad.

La incapacidad para distinguir la ficción de la realidad -la literatura de la literalidad- es lo propio de las dictaduras. En uno de los libros de Svetlana Aleksievich, una víctima del gulag cuenta que, entre los condenados, algunos lo estaban por haber contado un chiste sobre Stalin, otros por haber pronunciado el nombre de Stalin e incluso uno por ‘parecerse’ a Stalin. Una persona que se parece a Stalin está usurpando el lugar de Stalin, que es la realidad misma, pero además está convirtiendo en una ficción su poder, en el sentido de que hay por ahí, suelto en el mundo, un personaje Stalin que la voluntad del único y verdadero Stalin no puede dominar. Si el derecho, que es una maravillosa ficción, no es capaz de distinguir entre cosas ‘parecidas’, y considerar su hechura independiente, se estaliniza. Cuando un poder y una sociedad castigan ciertas palabras y se toman literalmente el lenguaje, ocurre que el derecho se suprime a sí mismo como garante de la libertad de expresión y de la libertad de ficción; es decir, como derecho. Esta lógica insana del espectador que no reconoce la autonomía y la distancia de la ficción, que abstrae de todo contexto las acciones y las frases, no puede ser trasladada a la práctica jurídica sin que ésta deje de tener legitimidad y significado. Lo que queremos decir es que, con arreglo a este precipicio de la literalidad, tan delito es exhibir un letrero con un ‘Gora ALKA-ETA’ en el curso de una representación teatral como escribir ‘Gora ALKA-ETA’ en un auto procesal. Si las mismas palabras significan siempre lo mismo, en un teatro y en un parlamento, el propio juez Moreno, mientras redactaba el auto de encarcelamiento de Alfonso y de Raúl, incurría, al igual que ellos, en un delito de enaltecimiento y apología del terrorismo (y no menos, mucho me temo, los que firmamos este artículo).

Tan grave y sin precedentes es este atentado contra la ficción -contra esa diferencia en la que se basa la democracia misma y la supervivencia cultural- que sorprende, escandaliza e inquieta el silencio, salvo valientes excepciones, de nuestros artistas e intelectuales. ¿Nada tienen que decir nuestro escritores liberales? ¿Vargas Llosa, Savater,  Felix de Azúa? ¿Nada nuestros dramaturgos, nuestros actores y actrices, nuestros directores de cine? Nos guste o no, ha sido siempre la autoridad de los intelectuales la que ha hecho aceptables o intolerables los atentados contra las libertades; y su denuncia o su silencio también en este caso marcarán un camino en el que las posiciones pivotan en torno a Podemos y el temor a las fuerzas del cambio. Todos defendieron con razón el derecho a la libertad de expresión del Charlie-Hebdo, aunque a veces sus viñetas hayan sido realmente feas y ofensivas (pensemos en la que bromeaba con el asesinato de 700 manifestantes en El Cairo o la reciente que convertía a Aylan, el niño muerto, en un potencial acosador sexual). ¿Es que sólo saben defenderla contra alguien? ¿Cuando favorece a sus alineamientos políticos? ¿Son los mismos que se golpean el pecho escandalizados por Irán, Venezuela o ‘los crímenes del estalinismo’?

Y es que hay que abordar con realismo la cuestión. ¿Por qué están los dos titiriteros en la cárcel? Porque hay un ayuntamiento del cambio en Madrid al que se quiere derribar por cualquier medio, como lo demuestra el hecho, por ejemplo, de que la misma compañía actuara en Granada o en el Madrid del PP sin que ocurriera nada. Pero también porque hay una ley que permite a un mal juez encarcelarlos. Esta ley, en concreto el artículo 578 del Código Penal, ha sido profusa y selectivamente utilizada en el País Vasco para criminalizar toda clase de disidencias y, si sirve para eso y además autoriza ahora a borrar la diferencia entre ficción y realidad y penalizar precisamente a quienes la denuncian desde el teatro, es porque esa ley no funge sólo como arma política contra la voluntad de cambio: es que debe convertirse en uno de los objetos prioritarios del cambio mismo. Tenemos que protestar contra esa ley como protestamos contra los desahucios o contra la corrupción y, si esa ley ha metido injustamente a dos titiriteros en la cárcel, luchar por el cambio obliga a exigir que los pongan inmediatamente en libertad.

Digamos con amargura que hay tres cosas que descorazonan mucho sobre las posibilidades reales de cambio en nuestro país: la complicidad de los medios, la baja formación democrática de los ciudadanos formados por esos medios y la reacción poco valiente del propio Ayuntamiento y de Ahora Madrid.

Los medios hegemónicos tratan a Ahora Madrid como si fuese corresponsable de un delito de ‘apología del terrorismo’. Ahora Madrid se defiende insistiendo en la idea del error y en las características “inadmisibles” de la representación. Unos y otros abundan en la percepción social peligrosísima de que lo que está mal está en la obra y no en el tratamiento que unos y otros le están dando. La pieza era probablemente mala y probablemente inadecuada, pero de su programación sólo es responsable el propio Ayuntamiento. La obra era probablemente mala e inadecuada, pero lo que constituye un gravísimo perjuicio para todos, y no sólo para sus víctimas directas, es que se encarcele a dos titiriteros ‘en el ejercicio de su ficción’ y que unos utilicen el auto contra el proyecto de cambio y otros no sepan valorar la gravedad de lo ocurrido. Ningún país democrático puede permitirse tener en prisión a un titiritero; ningún país democrático se puede permitir tener jueces, políticos y medios que meten en la cárcel a un titiritero, o justifican su encarcelamiento, a fin de criminalizar una opción política apoyada por millones de madrileños y españoles. Frente a esto, Ahora Madrid no debería flaquear. ¿Cómo vamos a transformar las condiciones económicas y sociales y enfrentarnos al Ibex35 si somos incapaces de defender los derechos civiles y las libertades culturales? Ahora Madrid se ha equivocado sin duda programando una obra muy autorreferencial en un momento de máxima vulnerabilidad, pero asumir su responsabilidad en este terreno significa no sólo eximir de toda responsabilidad a los titiriteros sino concentrar todas las fuerzas y todos los discursos públicos en exigir su inmediata liberación. Un verdadero proyecto de cambio, decíamos, no consiste sólo en combatir la corrupción, las privatizaciones o los desahucios; si pasa por alto la defensa de la democracia y sus derechos civiles -y más cuando ese proyecto es el verdadero objetivo de los que los amenazan- se ha perdido ya la batalla. Se nos dice que la discusión sobre la obra sirve para ocultar la buena labor del ayuntamiento en materia de gasto publico, sanidad o deuda. Es cierto. Pero la polémica sobre la obra está ocultando algo igualmente importante y en estos momentos más urgente: está ocultando el hecho de que hay dos inocentes en la cárcel. También hemos votado a Ahora Madrid para que defienda nuestras libertades.

Resumamos. Una obra de títeres que denuncia la criminalización política interesada es objeto inmediato de una criminalización política interesada cuyo destinatario real es el Ayuntamiento de Carmena, el cual, en lugar de solidarizarse con los mensajeros injustamente criminalizados, ahora en la cárcel, intenta descriminalizarse criticando la obra y a los actores, con lo que sólo consigue parecerse a los criminalizadores, y ello de una manera tal que, sin rehabilitarse a los ojos de los que no pararán hasta restablecer el antiguo régimen en el Ayuntamiento, se deslegitiman a los ojos de quienes tenemos que sostenerlos allí. Lo hemos dicho: puede que la obra fuera mala y demagógica (no la hemos visto) y además inadecuada para niños; y si este es el caso habrá que reprochar a los responsables municipales que, en una situación tan delicada, con tantas cosas en juego, hayan sido tan poco cuidadosos y previsores. No había por qué contratarlos y, desde luego, una vez contratados, habría sido bueno advertir que se trataba de una pieza para adultos. Ahora bien, cometido el error y tras ponerse en marcha la operación mediático-judicial, Ahora Madrid tenía que dejar a un lado lo desagradable para centrarse en lo grave: dejar el contenido de la obra a los críticos y tertulianos y afrontar la campaña de desprestigio defendiendo la democracia. O somos también una fuerza de cambio frente a este intolerable atropello contra la libertad de ficción o nos declaramos derrotados en el único espacio real -el de los derechos civiles y culturales- donde somos más fuertes que ellos. Hay dos personas en prisión incondicional (¡prisión incondicional!) por haber exhibido, en el contexto de una ficción teatral, una pancarta tan absurda que, en su misma explicitud, se autodestruye como cuerpo de delito. En los años 80 los autores de este artículo escribimos los guiones de La Bola de Cristal, un programa infantil de la 1ª cadena de TVE en el que la Bruja Avería no dejaba de reivindicar la dinamita, la nitroglicerina y las explosiones nucleares. Al parecer empezamos la segunda transición con menos libertades y menos coraje. No conocemos a los titiriteros encarcelados y no sentimos ninguna admiración por ellos; ni siquiera estoy seguro de que su pieza teatral nos gustara. Pero como autores de los guiones de La Bola, críticos severos de la primera transición y votantes por el cambio, no podemos dejar de expresar nuestra solidaridad con los encarcelados, exigir su inmediata liberación y manifestar nuestra preocupación por esta campaña criminalizadora (y por nuestra escasa capacidad de reacción), campaña de la que la víctima final y verdadera es la sociedad española y sus deseos y oportunidades de transformación.

(*) Santiago Alba Rico es filósofo y columnista y Carlos Fernández Liria es profesor de Filosofía en la UCM.

La política ciega, o sobre el Ayuntamiento de Madrid

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Joxe Iriarte "Bikila"

No hace mucho, un casi todopoderoso Jiménez Losantos, artista, periodista, antiguo Mao, y por ello conocedor de todos los vicios y flaquezas de la extrema izquierda, podía torcer la dirección del principal partido del país, el PP. Lo hacía con ocurrencias como la de “maricomplejines”. Casi a diario, el periodista azotaba a Mariano Rajoy, por su manifiesta incapacidad de defender “sin complejos” la política de una nueva derecha. Por fortuna para Losantos, en lugar de Rajoy, Esperanza Aguirre le cogió el testigo. Y efectivamente durante más de una década, los neocon aguirristas fueron los verdaderos artífices de la política madrileña.

Ese tiempo pasó. Lo quebró el 15M inaugurando una época en la que la consigna se escribía con las letras D-E-M-O-C-R-A-C-I-A. No obstante, aquellos días “oscuros” nos dejaron algunas lecciones que no debiéramos olvidar. La primera es que lo que llamamos derecha en Madrid (el bloque oligárquico político-empresarial) es un conglomerado complejo e inteligente de componentes diversos, que pueden funcionar con completa autonomía: neocatólicos conservadores, tardofranquistas, pero también antiguos extremoizquierdistas y ultraliberales republicanos, una panoplia social que comprende desde grandes empresarios hasta sectores populares convenientemente movilizados por el resentimiento. La segunda reside en saber que la nueva derecha se mueve en un terreno que no es sólo el del gobierno, sino el de los medios de comunicación convencionales, pero también de los nuevos media (blogs, redes sociales) e incluso de los movimientos sociales. De hecho, es precisamente esa red de “contrapoderes” la que otorgó autonomía y capacidad de iniciativa a un gobierno que, como el de Esperanza, mostró una notable predilección por la desobediencia institucional. Y la tercera es que en Madrid, toda forma de gobierno a través de lo “progre” –o si se quiere de los sutratos culturales de la izquierda de clase media– que probó el último zapaterismo, ha sido destruida por la máquina neocon. Que el 15M se representara como “ni de izquierdas ni de derechas” tiene mucho que ver con esta ruina de la izquierda, y principalmente del “culturalismo progre”.

Ninguna de estas lecciones parece haber sido asimilada por los actuales estrategas de la nueva política madrileña. Se trata de una afirmación que vale tanto para Ahora Madrid como para Podemos. La crisis de este fin de semana (crisis enésima) nos ha vuelto a recordar la capacidad de maniobra neocon con toda su radical crudeza. Un breve resumen:

El viernes se “echa” una obra de títeres de cachiporra dentro del marco de los Carnavales del barrio de Tetúan patrocinados por el Ayuntamiento. En el espectáculo se siguen una serie de escenas que muchos consideran de mal gusto y que finalmente terminan con la entrada de unos peluches con una pancarta con el rótulo “Gora Alka ETA”. A muchos padres les resulta indignante. Y al menos uno decide llamar a la policía. Ésta interviene deteniendo a los actores de la compañía. Hasta aquí lo que sólo podría ser un escándalo en una población inferior a los 5.000 habitantes, o todo lo más una nota en la gaceta del barrio.

Pero sin embargo es en paralelo a la detención cuando comienza el estrambote. El mismo bloque mediático neocon huele a sangre y decide aprovechar el caso. El Mundo, El Español y toda la recua (OKDiario, Libertad Digital, etc.), con la inestimable ayuda de El País, sueltan los perros. La acusación de enaltecimiento del terrorismo se eleva a fundamento de un ataque contra el gobierno de Ahora Madrid y, según un guión ya probado, con la exigencia de dimisión de la concejala de cultura. La reacción del Consistorio: susto, susto, parálisis, pánico, pánico.

La alcaldesa ha sido incapaz de ponerse al lado de la defensa de las libertades civiles. El error es estratégico, de bulto

Los errores del Ayuntamiento se suceden uno tras otro. Un nota de retractación por el espectáculo. El anuncio de una querella que luego resulta ser una rescisión de contrato. El cese de los comisarios artísticos –en estas crisis, ya se sabe, siempre “tienen que rodar algunas cabezas”–. Y finalmente un comunicado insustancial sobre el valor de la sátira política y la libertad de expresión. En ese momento, las seis de la tarde del sábado, ya había dos chicos camino de Soto del Real; la prensa y las redes ardían contra el abuso judicial. Durante ese mismo día, tampoco faltaron los comentarios de algunos estrategas de Podemos que hacían equiparaciones entre los dos daños y las dos (ir)responsabilidades: la de los titiriteros y el ayuntamiento. Por su parte nuestra alcaldesa (¡bien!) se dejó querer en la gala de los Goya, obviamente sin decir ni mú.

Pero ¿qué se ha dirimido en esta crisis? A diferencia de lo que algunos piensan, en estos días no nos hemos enfrentado a la disyuntiva entre libertad de expresión (principismo) y la necesidad de salvar el Ayuntamiento (estrategia). Lo ocurrido este fin de semana muestra sencillamente la incapacidad de los actual gobierno, empezando por la alcaldesa, ya no de emplear el gobierno municipal como palanca de transformación, sino simplemente de conservarlo. Vayamos por partes.

1. El episodio que llegaremos a conocer como la “crisis de los titriteros” no se ha salvado por los grandes ajedrecistas en nómina del Ayuntamiento, como tampoco por los de Podemos en la Comunidad de Madrid. Fue el sistema-red 15M (centenares de cuentas, colectivos, grupos) el que activó una lectura inteligente del caso, señalando la desmesura respuesta policial-judicial y construyendo un relato de los hechos radicalmente distinto al que ofrecieron los medios. Fue también ese mismo sistema-red el que empujó a buena parte del periodismo a escribir en contra del “escándalo”. Y fue, en definitiva, ese sistema-red el que creo la “atmósfera” que ha conseguido dar la vuelta a una situación que era de acoso y derribo del gobierno de Ahora Madrid en una campaña por la las libertades civiles. Como era de esperar aquellos con más olfato político (primero los críticos de Podemos, luego Pisarello, Colau, Echenique, Mayoral y el propio Iglesias) acabaron posicionándose durante la tarde del sábado a favor de esta ola.

No obstante, la prueba del retardo político del Consistorio es que –salvo las declaraciones de los seis concejales tradicionalmente díscolos y una breve nota de la concejala de cultura–, todavía no ha habido una declaración oficial clara en contra de la prisión de los titiriteros. Hoy lunes por la mañana, en rueda de prensa, la alcaldesa Manuela Carmena se ha limitado a hablar de severidad judicial, de que existe un grande debate social y, en definitiva, de que no corresponde al Ayuntamiento valorar el trabajo de la justicia. En otras palabras, la alcaldesa ha sido incapaz de ponerse al lado de la defensa de las libertades civiles. El error es estratégico, de bulto.

Si durante el fin de semana el gobierno municipal no hubiera aceptado el marco cultural de la ofensiva neocon, y no se hubiera dejado vencer por el pánico, aterido a la única prioridad de mantener la cabeza de su concejala de cultura. Si el gobierno municipal hubiera aprendido de anteriores crisis (principalmente la del caso Zapata) que mostrar debilidad ante el lobby neocon es abrirle una brecha que siempre van a aprovechar. Si el gobierno municipal hubiera sumado 2 + 2, para entender que el objetivo de la ofensiva no era una presa tan ridícula como un concejal, sino desviar el fuego mediático que recibe estos días con más de cincuenta concejales imputados en Valencia, la posibilidad de que sea “prohibido” en esa comunidad y la declaración de Aguirre por la Gürtel. Si todo ello hubiera estado al alcance de la inteligencia del Consistorio, hoy estaría encabezando una campaña con notable fuerza y capacidad de éxito contra un Partido Popular que se siente acorralado y reacciona a la deseparada. Basta decir que el PP está siendo abandonado por buena parte de los poderes reales del país debido a su incapacidad para actuar como el “partido de la reforma necesaria”, de ahí su agresividad, más propia de una bestia herida y desesperada que de la vieja inteligencia neocon. Pero el Ayuntamiento no sólo ha sido incapaz de entender la situación, sino que además se ha enajenado el apoyo de un buen número de colectivos que, cada vez más y con buenas razones, desconfían del mismo.

2. La política es siempre conflicto. Y el conflicto requiere de estrategas, contrapoderes, movimientos sociales y una amplia red de procesos situados más allá del gobierno. En este frente deben existir “comunicólogos”, pero su papel nunca podrá asimilarse al de una “dirección política”. Me explico: ninguna competencia política ha sido más premiada en este año de “cambio institucional” que la de community manager, experto en comunicación política o simplemente “comunicologo”. La razón reside en que buena parte del éxito del 15M estuvo en el uso virtuoso de las redes sociales. Posteriormente, desde la emergencia de Podemos, y con el añadido de algún picante intelectual (desde Laclau a Lakoff), se ha ido asentando la idea (mágica) de que la política consiste hoy en una suerte de comunicación directa con la masa / espectador / votante medio, o en otras palabras con la “gente” / “ciudadanía”.

La política de los comunicólogos, propensa a gratificar la moderación social, los conduce a un terreno en el que son presa fácil de los “comunicadores neocon”

El resultado es paradójico. De una parte, esta forma política tiende a estar pendiente únicamente de los “gestos” y de la “construcción mediática”, de “argumentario” y “discurso”, y esto de una forma más obsesiva y banal que lo que era corriente en los viejos partidos. De otra, la atención de esta política parece incapaz de volcarse en otra cosa que no sea la representación mediática, lo que produce sobreestimulación, sobreexposición y entre los “nuevos liderazgos” una posición oscilante entre el delirio narcisista y la paranoia. A falta de imágenes complejas de la sociedad sobre la que se quiere intervenir, de organizaciones políticas fuertes –una renuncia clara y decida por parte de Podemos y AM– y de elementos complejos de análisis de economía política, la dirección política de los comunicólogos acaba en esperpentos como los de este fin de semana. Por resumir: la búsqueda de la “gente” construye imágenes sociales moderadas y planas (el centro político) y esto lleva a rehuir el conflicto en los lugares en los que hay que darlo.
Así la cosas, la política de los comunicólogos, centrada en los gestos y propensa a gratificar la moderación social, los conduce a un terreno en el que inevitablemente son presa fácil de los “comunicadores neocon”: las guerras culturales. Si tu única defensa descansa en cierta identidad cultural y de discurso, te puedes encontrar que esta no supone defensa alguna. En el caso de Ahora Madrid, esta afirmación es doblemente cierta, por un lado por el descrédito merecido de la “ideología progre” –sencillamente irrecuperable–; por otro, por la especialización de los medios neocon en este tipo de batallas. Desde Irving Kristol en EEUU, y tras la experiencia de Jiménez Losantos en Madrid, resulta imposible gobernar sobre la base de batallitas discursivas.

Dicho de otro de modo, si no se emprende una política de cambio real que genere adhesiones reales, si no se construyen organizaciones fuertes capaces de soportar los embates políticos, si no se cuenta con una amplia red de contrapodres autónomos y aliados, el gobierno acabará por ser un títere, un barquito de papel al capricho de los poderes reales. Esta es cada vez más la situación del gobierno municipal de Madrid.

3. Jamás se puede gobernar para todos (y todas). Se puede y se debe “administrar” una serie de servicios con criterios de equidad, solidaridad y garantía jurídica, pero gobernar es sencillamente otra cosa. Gobernar es una actividad que consiste en poner los medios de gobierno a favor de un determinado proyecto o idea política. Y esto supone siempre asumir que se está “de parte”, asumir que se está sumergido en un conflicto entre intereses contrarios.

Por volver al acaso del Ayuntamiento de Madrid, el gobierno municipal tiene que asumir que para realizar una política social y de democratización auténtica, debe derruir los pilares que han cimentado el poder del bloque oligárquico y que siguen enquistados en los presupuestos municipales, como muestran las deudas contraídas por veinte años de políticas neoliberales. Y no sólo. El gobierno debe saber reconocer dentro de la propia arquitectura institucional que elementos trabajan en su contra. Un ejemplo evidente en esta crisis: difícilmente se explica la velocidad de la respuesta de los media neocon y también de la denuncia por “enaltecimiento del terrorismo”, sin conexiones periodístico-políticas con elementos de la policía municipal. Enfrentarse a lo que normalmente suele ser un “poder corporativo autónomo” requiere de perseverancia e inteligencia, pero resulta inevitable si se quiere hacer política. Como en tantas otras cosas, se ha preferido la “paz interna”, una situación en la que inevitablemente se pierde por incapacidad de asumir un conflicto necesario.

Muchos hemos actuado estos días todavía con el objeto de salvar el papelón de un Ayuntamiento en permanente crisis

De igual modo, gobernar es favorecer los contrapoderes autónomos que tienen que llevar la iniciativa cuando el gobierno no puede, y en los que definitivamente descansa toda democracia real. Si estos días no se hubieran activado esos contrapoderes –en este caso el sistema-red 15M– seguramente estaríamos asistiendo a una serie de dimisiones municipales ¡por un espectáculo de peluches y bolas de trapo! Sin un política que facilite la multiplicación y autonomía de estos contrapoderes, estaremos tarde o temprano en una situación política que enfrentará a gobierno y movimientos.

Muchos hemos actuado estos días todavía con el objeto de salvar el papelón de un Ayuntamiento en permanente crisis, con una dirección inoperante y que se muestra de forma recurrente muy por debajo de la altura de los retos para los que se construyó la candidatura. Muchos pensamos que, caso de que no se produzca un giro de 180 grados, esta vez también será la última. 

Puntos de referencia para no perderse

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Pierre Vandevoorde

 “Zahran Alush, dirigente del más importante grupo rebelde de la región de Damasco, fue muerto el viernes (25/12/2015) por ataques aéreos rusos al este de la capital. Apoyado por Arabia Saudita, Jaichal-Islam controla la mayor parte de los suburbios este de la capital, regularmente bombardeada por las fuerzas gubernamentales. Como consecuencia, se cuestiona la transferencia para Rakaa de 4 000 combatientes con sus familias”. Estas son en general las últimas noticias.

¿Cómo no perderse en este follón?
Primero hay que remontarse en el tiempo. Lo que puede ser cierto hoy no lo era hace un año y, aún menos, en la dinámica de la revolución popular hace cinco años. Un reloj parado tiene razón dos veces al día, pero no da por ello ninguna indicación útil. Puede ser muy práctico amalgamar situaciones del comienzo de la revolución con hechos de hoy por las necesidades de la argumentación, pero eso solo produce mentiras confusionistas. Así, es precisa una buena dosis de mala fe para osar pretender -como se hace en muchas páginas web o páginas FB pretendidamente “progresistas”- que “en principio, ELS, Al Nusra o Daech es exactamente lo mismo”, y otro tipo de tonterías.

Los prorrégimen que se empecinan en ver en Assad-Putin-Nasralá una “opción progresista frente a la barbarie” (como si se tuviera que elegir entre la peste ayatolo-putiniana y el cólera US-saudita), que exultan con esta noticia, echan un velo púdico sobre una circunstancia curiosa: detenido en 2009, este triste personaje fue liberado en junio de 2011, por una amnistía, tres meses después del comienzo del levantamiento popular de masas. Assad, en efecto, liberó a más de un millar de yihadistas para crear un contrafuego a la revolución pacífica, autoorganizada y anticonfesional que exigía la marcha del odiado dictador. Dicho de otra forma, la aviación de Assad-Putin no ha hecho sino liquidar un instrumento que se había vuelto demasiado molesto.

Los comienzos de la revolución
A partir de marzo de 2011 y durante dos años, hubo manifestaciones por todas partes, hasta 200 al día y varios centenares el viernes, día de fiesta. Esto quiere decir que, por millones, la gente se levantó y juzgó indispensable, a pesar del miedo, a pesar de las brutalidades de los hampones al servicio del régimen, a pesar de las desapariciones y las torturas, reclamar conjuntamente la democracia, el final de los servicios de seguridad, una Siria respetuosa de todas las confesiones y comunidades y la salida de Assad. Nadie se atreve a afirmar que hubiera una presencia algo significativa de consignas antialauitas o anticristianas. Tales fenómenos solo han aparecido tardíamente, tras los actos de terror de masas del régimen y de sus apoyos mafiosos. Todo el juego del régimen ha sido llevar al enfrentamiento confesional, mediante puestas en escena, atizando el miedo entre las comunidades minoritarias. Y esto ha requerido su tiempo. Hoy la “limpieza” va tan lejos que asistimos, en particular entre los alauitas, a desaparición de personas inactivas en la oposición, simplemente conocidas por su oposición al clan Assad.

El Ejército Sirio Libre
Aquí también, el ESL a finales de 2011, en 2012 y durante los seis primeros meses de 2013, fue la fuerza armada más importante. No fue jamás, por otra parte, una institución u organización militar centralizada, sino nada más que gente ordinaria (antiguos manifestantes que buscaban protegerse y proteger el movimiento) y soldados desertores que tomaron las armas para defender sus barrios, pueblos y ciudades. A partir de la segunda mitad del año 2013, las fuerzas reaccionarias-yihadistas superaron al ESL, en particular gracias a la liberación por el régimen de yihadistas de vuelta de Irak o de Afganistán. Mientras que el ESL no recibía más que poco o nada de ayuda (en particular de parte de los políticos lamentables que clamaban que la utilización demostrada de gas de combate constituiría la “línea roja” y que se esfumaron lamentablemente a continuación) las petromonarquías del Golfo les abrían, a dichas fuerzas reaccionarias-yihadistas, las compuertas de la ayuda financiera y militar (también el bonaparte de Turquía, mientras intentaba yugular la resistencia kurda). No habría que perder de vista que el ESL, con su armamento rudimentario y sus débiles medios, fue la primera víctima de estas fuerzas reaccionarias como al-Nusra que logró incluso confiscarle el armamento. El ESL no ha desaparecido, existe aún aunque debilitado: con sus insuficiencias, es la resistencia popular laica y democrática. Es al que habría que equipar con armas modernas anticarro y antiaéreas. ¡Ni Daech, ni Assad, basta ya de bombardeos, la liberación de los pueblos de siria no puede ser obra más que de esos mismos pueblos!

En fin, sobre el personal político de unos y otros
Los bandidos corruptos salidos de las sucesivas purgas y de la descomposición del régimen, los Fifaat al-Assad, Tras o Khaddam, han sido todos mimados por Occidente y/o las monarquías petroleras que juegan con ellas el juego descorazonador de los “derechos humanos” a geometría variable. No son ni mejores ni peores que Assad, salidos del mismo molde infernal y criminal. Las otras “cartas” (Haytham Manna por ejemplo, que ha cuidado siempre presentarse como un “opositor respetable” tomando claras distancias respecto al movimiento revolucionario) son políticos que están persuadidos de que tienen una cita con la historia y que les espera un gran destino. No merecen la menor confianza. Pero, ¿por qué habría que elegir uno u otro? La única brújula es apostar por el movimiento popular, por su increíble dinamismo a pesar de su debilitamiento (incluso en la zona bajo la bota de Daech, con el ejemplo del comando del ESL “Sudario Blanco” que multiplica allí sus ataques de guerrilla), y ciertamente no por alguna opción impuesta desde arriba a sangre y fuego. No hay dos campos, sino tres. Que el último esté debilitado y cogido en pinza no cambia nada, es en ese lado donde se encuentra la única posibilidad de evitar aún la balkanización y/o el caos. La salida de Assad es la opción mínima para que sea factible un compromiso de paz.

La balkanización
El armisticio para desplazar 4 000 combatientes del barrio palestino de Damasco Yarmuk asediado, hambreado y reducido a ruinas desde hace 4 años (muchos han ido a buscar, desgraciadamente, las armas a donde se les ofrecían: ¿es tan difícil de entender?), no es el primero. Es una indicación más de la voluntad cínica del régimen de concentrarse sobre lo que considera como el “país útil”. (Damasco y la montaña alauita), tras haber empujado al exilio a millones de personas a las que suponía hostiles. El régimen ha comenzado, por otra parte, por retirarse de las zonas kurdas, intentando obtener así su neutralidad, con la intención de molestar a Erdogan con el desarrollo del movimiento nacional kurdo. Pero el hecho de que, a la vez que prosiguen sus propios objetivos, los y las combatientes de las YPG se revelan como los y las mejores combatientes contra Daech se le ha vuelto como un boomerang.

¿Qué podemos hacer aquí?

Ante todo, defender la detención de los bombardeos franceses, criminales contra la población civil, ineficaces contra la estructura militar de los fascistas de Daech. Exigir armas eficaces para los y las combatientes kurdos, yezidís, laicos árabes. Militar por el levantamiento de estado de urgencia que no intenta más que criminalizar e intimidar al movimiento social. ¡Dinero para los refugiados y armamento, no para los bombardeos!

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